' 5 t m k^< #í L'«fJ ^H%' ^\. v, ñ 7 Vi? M-AÍ33 ANALES DEL MUSEO NACIONAL DE HISTORIA NATURAL BUENOS AIRES FUNDADOS POR EL DOCTOR GERMÁN BDRMEISTER EL AÑO 1864 TOMO XXVITI (CON 1G LÁMINAS Y 118 FIGURAS EN EL TEXTO. 1 RETRATO Y 3 MATAS) BUENOS AIRES IMPRENTA Y' CASA EDITORA DE CONI HERMANOS 684 — CALLE PERÚ — 684 1916 ANALES MUSEO NACIONAL ÜE HISTORIA NATURAL DE BUENOS AIRES ANALES DEL MUSEO NACIONAL DE HISTORIA NATURAL BUENOS AIRES FUNDADOS POR EL DOCTOR GERMÁN BURMEISTEK EL AÑO 1864 TOMO XXVIII (CON 16 LÁMINAS Y 118 FIGURAS EN EL TEXTO, 1 RETRATO Y 3 MAPAS BUENOS AIRES IMPRENTA Y CASA EDITORA DE CONI HERMANOS S84 — CALLE PERÚ — 684 191« y J33 MUSEO NACIONAL DE HISTORIA NATURAL Director de. d. Ángel gallardo. Secretario y Bibliotecario D. AGUSTÍN J. PÉNDOLA. Prosecretario 1). AGUSTÍN PÉNDOLA. Jefe de la Sección de Zoología Dr. D. ROBERTO DABBENE. .1. Ir di- l;i Sri'i'Hin t\v Palfíiutnlri^ui D. CARLOS AMEGHINO. Conservador de Las colecciones entomológicas D. JUAN BRÉTHES. Conservador de las colecciones botánicas Ing. Agr. D. LUCIANO HAUMAN. Naturalista viajero D. ENRIQUE DE CARLES. Naturalista viajero D. MARTÍN DOELLO-JURADO. Encargado de la Sección de Numismática D. ANÍBAL CARDOSO. Primer Preparador y Jefe de Talleres D. SANTIAGO POZZI. NDICE Gallardo. Ángel. Las hormigas de la República Argentina. Subfamilia Doliooderinas. Con 2 mapas y 49 figuras. (18 de mayo de 1916) 1 Spegazzini, Carlos. Algunas Orquidáceas argentinas. Con 2 figuras. (17 de junio de 1916) 131 Bréthes. Juan. Descripción de una nueva mosca langosticida. (17 de ju- nio de 1916) 111 Curt Hosseus. C, Observaciones arqueológicas en el Río Blanco (San Juan). Con 7 figuras. ( 19 ib' julio de l!ll(i) 145 Cardoso, Anibal. Breves noticias y tradiciones sobre el origen de la «bo- leadora» y del caballo en la República Argentina. (19 de julio de 1916). 153 Dabbene, Roberto. Notas biológicas sobre gallaretas y macas. Con ."> lá- minas. (19 de julio de 1916) 183 Bréthes. Juan. Algunas notas sobre mosquitos argentinos. Con 9 figuras. I 19 de julio .le 1916) 19:: Manganaro. Ana, Xota sobre el género Mirropsis DC. Con 1! figuras (19 de julio de 191IÍ) 219 Ambrosetti, Juan B.. Prof. Pedro Scalabrini (1849-1916). Con 1 retrato. I I s de agosto de 1916) 227 Gallardo. Ángel, Notas acerca de la hormiga Trachymyrmex pruinosvs Emery. Con 4 láminas. (4 de septiembre de 1916) - 1 1 Lehmánn-Nitsche, K.. Dos cráneos matacos. (1 de septiembre de 1916). 253 Gallardo, Ángel, Notas complementarias sobre las Dolicoderinas argen- tinas. Con 6 figuras. ( 4 de septiembre de 1916) 257 Hauman, Lucien, Note prelhninairc sur les Hordeum spontanés de la llore argentine. Con J laminas y 1 figura. (22 de septiembre de 1916).. 263 Gallardo, Ángel, Notes systéniatiques et éthologiques sus les fourmis Attiues de la République Argeutine, Con 3 figuras. (25 de septiembre 1916i 317 Marelli. Carlos A.. Las diferentes larvas de langostas que acompañan a las grandes mangas de la saltona de' Schwiooerca paranensis l'.uim. (25 de septiembre ib* 1916) 345 -». 1 1 1 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES Kühn. Franz. El «Arco de las Antillas australes» \ mis relaciones. Con 1 mapa y :_' figuras, i I de noviembre de 1916) 391 Lehmaun-Nitsche. R.. Nuevas nachas para ceremonias, procedentes de Patagonia. Con 17 figuras. < I de noviembre de 1916) 109 Jórgensen, Pedro, Las mariposas argentinas (Lep.). Familia Pieridae. ( '(■ii 11 figuras. (10 de noviembre de 1916) 127 Boman, Eric, Las ruinas de Tinti en el valle de Lerma (provincia de Salta). Con 5 figuras y 3 láminas. (11 diciembre de 1916) 521 Holmberg, Eduardo L., Las especies argentinas de Ccclioxys. Con 1 li- gura. (18 de- enero de 1917) 541 LA>S HORMIGAS DE LA REPÚBLICA ARGENTINA SUBFAMILIA IH)U COMÉIS ISAS ÁNGEL GALLARDO Según he dicho en otra oportunidad, desde que ocupe la dirección del Museo Nacional he procurado aumentarla colección de hormigas, grupo de insectos que siempre me ha interesado, la cual era muy in- completa en el establecimiento. Hoy día la colección es bastante numerosa y está en gran parte clasificada por mi y algunas subfamilias revisadas ademas por el con- servador de las colecciones entomológicas, señor .luán Bréthes. Una de las subfamilias más completas por ahora es la de las Doli- coderinas, gracias a la amabilidad del doctor Carlos Brucb,jefe déla sección de zoología del Museo de La Plata, quien lia obsequiado las especies que no poseíamos y oy, pues, por bien empleadas las largas horas de labor que repre- senta la confección de esta me ria, que facilitará tal vez a algunos cst mliosos el completar el reconocimiento de nuestra launa mirmeco- Iógica, realizado hasta hoy casi exclusivamente en el extranjero. Subfamilia DOLICHODERINAE Etimología : derivado del nombre
  • GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODERINAS 5 Pecíolo y segmento postpeciolar como en la obrera y la hembra; espolones también. La nervadura de las alas es muy variable. En algunos géneros hay una diferencia considerable entre las alas de los dos sexos, pues los machos tienen una nervadura reducida (Dqrymyrmex, Forelius, Tri domyrmex). Los machos de las Dolicoderinas que tienen dos celdas cubitales ce- rradas, se distinguen de aquellos de las Euponerinae que uo tienen el postpecíolo separado del gáster por una estrangulación, gracias a sus mandíbulas bien desarrolladas. Aquellos que tienen el escapo largo y las alas de tipo de Camponotinae se distinguen de los machos de éstas por el clípeo prolongado entre las aristas frontales. Esquema del ala anterior de Azteca Al/aroi argentina Q Ninfas constantemente desprovistas de capullo. Coloración. — Algunos Iridomyrmex y Forelius presentan irisacio- nes y reflejos metálicos, colores de interferencia que constituyen una adaptación xerotérmica según ha mostrado recientemente Wheeler '. Morfología ¿leíala anterior de las Dolieoderinas. — El plan funda- mental de la distribución de las nervaduras en el ala anterior de las DolicJioderinae es el de la generalidad de las l'onrriimr y de las Myr- micinae primitivas, es decir, (pie comprende dos celdas cubil ales ce- rradas y una o dos celdas discoidales (fig. 1). Puede ser modificado, de manera que no tenga mas que una celda cubital o ninguna celda cubital cerrada. listo puede ser de t res maneras : 1" Desaparecí' la porción déla nervadura cubital comprendida en- tre la primera y segunda nervadura transversa, llamando con Kinery primero nervadura transversa a la base de la rama externa de la ner- ' Ann. Eiii. Soe. America, tomo VIII, número I. páginas 339-40. Diciembre, 1915. 6 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIEES vadura cubital en el esquema de Mayr del ala con «los celdas cubita- les cerradas y segunda nervadura transversa a la base de esta misma nervadura en las alas de tipo Fórmica. Esto deja una sola celda cubi- tal cerrada como en Azteca (fig. 2 y 49) y la mayor parte de los ma- chos de Iridomyrmex (flg. :¡. I. lo. II. 12, 43 y 4<¡). Algunos machos Fig. '•'■■ — Esquema del ala anterior de Tridomyrmex detectus rf (según Emery) de este género iiniesi ran la transición por atrofia incompleta de dicha nervadura (fig. 3) ; 2" Desaparecen la porción basa! de la nervadura cubital y la pri- mera nervadura transversa, lo que trae per consecuencia la abertura de la primera y de la segunda celda cubital, asi como de la celda dis- Fig. 4. — Esquema del ala anterior menos la misma es- tructura que en las Dorylinae, Ponerinae y Myrmicinae, pero son más Fig. 6 — Esquema del ala anterior de Dorymyrmex tener rf (segÚD Emery) o menos rudimentarios: el género exótico Aneuretus hace excepción y tiene un aguijón bien desarrollado. Por el contrario, en las Camponotinae la estructura de estos órga- nos es completamente diferente, como lo ha demostrado Forel. Además, las obreras y las hembras de la subfamilia délas Dolico- derinas poseen un par de vesículas anales, en las cuales derraman su secreción glándulas anales unicelulares. La mayor parte de las hor- migas de esta subfamilia, cuando son irritadas, por ejemplo en los 8 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES combates, hacen salir por la aberl ara de la cloaca el contenido de las vesículas anales que, al contacto del aire, se vuelve resinoso y adhie- re al tegumento del enemigo. Cuando las hormigas expulsan la secre- ción de sus vesículas, el observador percibe un olor particular, como de manteca rancia, o de coco fermentado, «pie ha recibido el nombre Fig. 7. — Esquema del ala anterior de Dorymyrmex planidens Q de «olor de Tapinoma», porque es muy notable en este género. Por mi parte, no he tomado nunca este olor, pero lie visto levantar el gáster a Forelius nigriventris (cuyo olor há de ser bastante sensible, a juzgar por el nombre vulgar de hormiga hedionda). Dorymyrmex pyramicus e Iridomyrmex humilis, cuando se alarman, y he podido juz- c discoidal Fig. 8. — Esquema del ala anterior de Azteca coeruleipennis r? gar del efecto que esta secreción produce sobre otras hormigas más tuertes y vigorosas que ellas, que huyen ante la simple amenaza y tratan después por todos los medios de limpiarse de dicha secreción cpie debe ser para ellas irritante o repugnante. Esto explica lo fácil- mente que domina 1. humilis a las otras hormigas. Proventrículo o molleja. — Kl intestino de las hormigas compren- de : primero el esófago «pie se e\t iende desde la faringe, a lo largo del GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODEEINAS 9 corselete y del pecíolo hasta el gáster, dónele se dilata en un hucheo inghevio espacioso, <'ii el cual se almacenan los líquidos que traga La hormiga y que lia sido llamado por Forel estómago social, pues de allí regurgita los alimentos líquidos a sus compañeras o a las larvas que están en el nido. En su extremidad posterior, el buche se estrecha bruscamente en una parte de estructura más o menos complicada y muy musculosa, que cierra o permite el pasaje de los líquidos al estómago propiamen- te dicho o ventrículo quilífico, donde tiene lugar la digestión. válvula sépalo Fig. 9. — Esquema de la molleja de una hormigo de la tribu de las Tapinomini (según Emery). A la izquierda arriba Ueja vista de frente; ala izquierda abajo : vista de costado 'ai corte óptico según el plano diagonal a la- hendeduras. A la derecha arriba: corte según Al'.. A la derecha abajo: corte según en. Esta pon-ion estrechada ha recibido el nombre demolleja o proven- trienio. En las Ponerinae y la mayor parte de las Myrmicinae la molleja es sencilla y no presenta mas que vestigios de las diferenciaciones que ofrece en la generalidad de las Dolichoderinae y en las Camponotinae. En el género Bolichoderus la molleja está poco diferenciada, pero en la mayor parte de los otros géneros se distingue, yendo del linche hacia el estómago cuatro partes : 1" el cáliz: 2° el bulbo o bola: :¡° el cilindro, y 4" el botón, escondido este último en el estómago (fig. 9). El cilindro o porción intermediaria es una prolongación tubular que únela bola con el botón ; es corto en las Dolicoderinas. 10 MUSEO NACIONAL I>E BUENOS AIRES El cilindro y «'1 botón no ofrecen nada notabledel punto de vista de la clasificación. El cáliz constituye la superficie anterior de la molleja, que sobre sale en la cavidad del buche; en su circunferencia la pared del bu- che se continúa con el cáliz. Cuando se mira el cáliz de frente se ve que tiene una simetría de i radios; se distinguen, pues, cuatro sépa- los, a veces fusionados en un disco, y cuatro hendeduras situadas en el medio de cada sépalo. Estas hendeduras están guarnecidas de pelos en su interior, que son ordinariamente la continuación del revesti- miento de pelos que cubre los sépalos. Se distinguen aun en el cáliz cuatro válvulas que están constituidas cada una por la reunión de dos mitades de sépalos, que están comprendidas entre dos hendeduras consecutivas y se encuentran en ángulo recto. Las cuatro válvulas, por sus caras densamente revestidas de pidos, cierran las hendeduras y solo se separan atrás para dar lugar a la cavidad del bulbo o bola. La bola esta, pues, intimamente ligada al cáliz por las válvulas. La bola tiene una pared quitinosa espesa y elástica, está rodeada de músculos transversales que se insertan en cuatro costillas que corren en dirección meridiana a lo largo de los costados de la lióla. El cáliz ofrece los caracteres más importantes para la definición de los géneros y, por consiguiente, para su determinación rigurosa ; las otras partes presentan mucha más uniformidad. La estructura de la molleja es la misma en id macho, la hembra y la obrera de la misma especie, formas que difieren tanto una de otra por sus caracteres externos. En cuanto a su papel fisiológico, según lia sido demostrado por Emery. la molleja funciona como un cierre o válvula del buche y tam- bién como una bomba destinada a inyectar por pequeñas porciones en el estómago quilífico, lo (pie la hormiga destina a su nutrición propia, de los alimentos líquidos acumulados en el buche o estomago social. Para esto la bola hace las veces de la perilla elástica de una jeringa de goma; comprimida por sus músculos transversales hace penetrar su contenido en id estomago, pero cuando los músculos se relajan, la cavidad interna de la luda vuelve a su volumen primitivo y aspira el contenido del buche al través délas hendeduras del cáliz, (pie. a causa de los judos de que están guarnecidas, funcionan como filtro; por otra parte, el botón funciona como válvula automática, ipie permite atluir id líquido al estomago, pero se opone al reflujo. La subfamilia DOLIOHODERINAJE ha sido dividida por Emery en cuatro tribus : Aneubetini, Dolichoderini, Leptomvkmk 1M y Tapinomini, GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODERIXAS 11 de las cuales sólo la última se halla representada en la República Argentina. Tribus T.U'INOmini (Eim-iyi CARACTERES Tegumento flexible: escultura fina. Fosa antenal más o menos confundida con la fosa clipeal. Aguijón más o menos rudimentario. Bola ligada al cáliz por una porción intermedia si- guiente : «Finalmente las hormigas son muy escasas en Mendoza, encontréaqui un pequeño Dorylui y dos Formicinos de coloración clara, pero no la gran Atta ce- phalotes que en los territorios argentinos orientales es casi tan frecuente como en el Brasil. » Los dos Formicinos (es decir hormigas de pecíolo uniarticulado) claros deben ser precisamente las formas sexuales descriptas por Mayr bajo el nombre de Do- rym\jrine.r tlavvsccnx. - Ann. Neto Yorl Aead. Se., tomo XXI. página 162, 1911. Forel, Formicides niotropiqv.es. Man. Sur. Ent. Belgique, tomo XX, página 36, 1912. Emery, Formióhe raecolte dal Prof. F. Silvestri neW Argentina, etc. Boíl. Sur. Ent. Ital., tomo XXXVII. página 17o (en nota). 1905. M MUSEO NACIONAL DE BDENOS AIRES las formas sexuales de planidens, sinonimia que mantiene en su re cíente trabajo del Genera insectorum. Pero el hallazgo por la expedición Boman en La Bioja de las ver- daderas turnias sexuales de l>. planidens, descriptas por Bréthes en estos Anales . demuestra que la opinión de Emery uo es exacta. Por mi jiarte creo, sin poder afirmarlo, que />. flavescens son las for- mas sexuales de I>. mueronatus Emery o l>. ensiferForél. Las ubreras correspondientes a, flavescens deben ser parecidas a las obreras de planidens, pero más pequeñas, condiciones que llenan mu- eronatus y ensifer. La relación de las dimensiones áeflavescens comparadas con muero natus son las mismas de las dimensiones de las formas sexuales de planidens comparadas con sus correspondientes obreras. Asi el largo de la hembra de planidens es 2,2 de el del macho y 1,6 de el de la obrera. La obrera tiene un largo L,25 del largo del macho correspondiente. La hembra áeflavescens es el doble de su correspondiente macho j 1,6 del largo de la obrera de mueronatus, la cual tiene un largo 1,25 del macho áeflavescens. Además, la coloración, brillo, escultura y pi- Iosidad de la hembra áeflavescens, según la breve descripción de Mayr, son muy análogos a los de mueronatus. También coincide su distribu- ción geográfica, pues l>. mueronatus ha sido encontrado últimamente por Carette en Mendoza, de donde procede flavescens. Todo ello me inclina a aceptar la identidad específica de I). flaves- cens Mayr y 1>. mueronatus Emery. Escrito lo que precede he tenido oportunidad de estudiare 1 macho de 1>. mueronatus, encontrado por Rovereto en el Chubut, conjunta- mente con las niñeras. Sus caracteres coinciden con los indicados en la breve descripción de Mayr, de manera que esto robustece mi creen- cia de que Z>. flavescens y /'. mueronatus son sinónimos. Los caracteres genéricos 'le las obreras de Dorymyrmex fueron da- dos por Mayr en el año 1868 ' para planidens y tener. Dos años después incluye Mayr cu este -enero la Prenolepis py- rumien descripta por Eoger en 1863, que viene así a ser la más anti- gua especie del género, al misino tiempo que la mas difundida. 1 Bréthes, Sur les formes sexuelles deux Dolichodérines, en .1». Mus. Hist. Xut. Buenos Aires, tomo XXVI, página 231, L914. J .1»». Soc. Xül. ilodena, año III. página 165, página 7 de la tirada aparte. Mayr, Neue Formiciden, Perh. der K. K. zool. '»>/. Ges. Wien, tomo XX. pa- jina 947, 1870. GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODERIIÍAS 15 El reconocimiento de las especies de este género progresa lenta- mente basta 1911, a partir de cuyo año y especialmente en 1912 se agregan por Porel y otros autores una docena de formas nuevas, sólo para la República Argentina, es decir, que el número de especies re- conocidas en los últimos cinco años es mayor que el de las conocidas antes. El doctor Berg en su enumeración de 1890 daba 4 Dorymyrmex (Jlavescens, planidens, tener y pyramicus), mientras en el Catálogo de Brucli de 1!I14 figuran 11 especies y .". subespecies <> variedades. En el presente trabajo se mencionan 17 especies y !> subespecies o variedades. CARACTERES Obrera. — Monomorfa, de talla poco variable. Cabeza moderadamente grande, provista por debajo de una franja (psammoforo) de cerdas muy largas (ammoquetas), insertadas en la pro- ximidad del foramen occipital o sólo algunos pelos ralos en la parte inferior de la cabeza. Clípeo ordinariamente no carenado, entero, con ammoquetas cli- 1 leales. Mandíbulas fuertemente encorvadas en su borde lateral, armadas de un diente terminal muy largo y de dientes marginales fuertes. Palpos maxilares muy largos, de seis artículos, el primero y el se- gundo cortos, el tercero muy alargado, tan largo aproximadamente como el conjunto del cuarto, quinto y sexto. Corselete alargado, el dorso hace una inflexión delante delepinoto, el cual es más o menos prolongado en pirámide o en cono, que se ter mina en los casos extremos en una espina impar (I>. mucronatus Eme ry. 1>. ensifer Forel, 1). Bruchi Forel) (tig. 14, L6 y 17). Pecíolo nodiforme o con una escama ¡indinada. Segmento basal del gáster frecuentemente más o menos prolonga do Lacia adelante, recubriendo parte del pecíolo (ñg. 10, 14, 16, 17. 18, 20, 21, 22. 2:;. 2(1. 27. 29, 31, 32. 33 y 34). Molleja de cáliz bombeado, continuo, que no deja percibir cuando se le mira de frente la soldadura de los sépalos. Hembra. — Mucho más grande que la obrera. En la hembra de D. pyramicus los espolones de las patas medias y posteriores tienen la apariencia de ser simples a causa de la soldadura de los dientes que forman el peine entre sí; en D. tener son evidentemente pectinados. 16 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIR] S Ala anterior con la celda radial estrecha y abierta, con una o dos celdas cubitales cerradas y sin celda
  • i« l;i I (fig. 7, 11, 12, 24 y 30). Mucho. — .Mucho más pequeño que la hembra \ aún menor que la obrera en ciertos casos. Cabeza ordinariamente mas estrecha que el corselete, ojos conve- xos, situados en la porción anterior de los costados de la cabeza. Mandíbulas mas estrechas que en la hembra, armadas de un núme- ro mas o menos grande de dientes. Palpos como en la obrera. Antenas filiformes, escapo tan largo por lo menos como la suma de los tres primeros artículos del funículo. Corselete alto: mesonoto sobresaliente arriba del pronoto y la ca- beza. Peciolo provisto de una escama espesa. Armadura genital grande en proporción del gas ter; escarnida volu- minosa y ancha, parte libre de las estipas muy cortas en pyramieusi tener, mas larga en planidens; volsela delgada. En el ala anterior a consecuencia de una reducción de la base (li- la nervadura cubital, las primeras celdas cubitales son mas o menos incompletas; sin embargo, se perciben vestigios de la nervadura alar ile la hembra, en forma de pliegues del ala mas o menos distintos (fig. :.. (i. 13, 15, lí». -'o \ 28). ETOL.OGÍA Hormigueros en tierra generalmente dura, pedregosa o arenosa en ciertos casos, en sitios secos y bien asoleados. I>. pyramicus, exsanguis, thoracicus y probablemente otras especies no anidan bajo piedras. He alimentado durante un mes una colonia de I>. pyramiCUS en nido artificial con azúcar, que comen gustosas. Wheeler ' les atribuye costumbres cleptobióticas, entendiéndose por cleptobiosis, según Forel, id hecho de establecerse pequeñas hor- migas en la proximidad de los nidos de grandes especies para alimen- tarse de sus desperdicios o arrebatando el botín que traen las obreras al nido grande. Asi Mac ( ¡ooli y Wheeler han observado que I», pyramicus a menu- do levanta sus pequeños cráteres cerca o sobre los nidos de Pogono- ' Ante., página 1 26. GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODERINAS 17 myrmex molefaciens y occidentalis y no es molestado por estas hormi- gas cosechadoras. Wheeler supone que pueden alimentarse de los restos de insectos que traen los Pogonomyrmex o también que elijan esos sitios por su preferencia por los terrenos desnudos y asoleados. que es lo mas probable. La lie observado en la vecindad de los de Pogonomyrmex (Ephcbo- myrmex) Naegelii Forel, también en sitios desnudados de vegetación, en tierra dura y compacta, fuertemente asoleada. Resiste los ataques de Iridomyrmex humilis Mayr. En el nido artificial observé que la reina se ocupaba del cuidado y transporte de la cría a hipar de las obreras, lo que dependía, tal vez, de la pequenez de la colonia. Los Dorymyrmex que he visto vivos tienen una marcha agitada y en zigzag, principalmente cuando caminan al sol. En general, no forman caminos regulares, pero D.exsanguisj thoraeicus siguen ciertas direc- ciones, formando un camino ralo con las hormigas muy espaciadas. Tipo del género: Dorymyrmex flavescens Mayr (nec Fabricius), de Mendoza, conocido sólo por sus formas sexuales. Las obreras son probablemente 1>. mucronatus Emery. DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA Es un género esencialmente sudamericano y especialmente argen- tino, aunque una de sus especies, 1). pyramicus (Rogerl Mayr se ex- tiende por la América del Sur y Central hasta la del Norte, alcanzan- do el Illinois. Son pocas las formas que no se lian encontrado en la República Argentina, lo que no significa que falten, pues nuestra fauna mirme- cológica no es aun conocida en detalle. Mencionaremos entre estas: D. Goeldi Forel, de Para: />. Ooeldi Forel subes]), fumigatus Forel, San Palilo: J>. Iheringi Forel, San Pablo; D. pyramicus (Roger) var. nigra Pergande, Méjico, Antillas; subes]), brunneus var. antillana Forel, isla de San Vicente: var. spuria Forel, Paraguay: subesp.^a- vus Forel var. paranensis Paraguay; /'. tener .Mayr var. chilensis Fo- rel, Valparaíso. Doy en seguida por orden alfabético de los nomines específicos las localidades en que se han hallado las formas argentinas ; 1). alboniger Forel, San Luis. D. antarcticm Forel, Santa Cruz. ANAL. MUS. NAC. — T. XXVIII (MAYO 3, 1916) 1* MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES l>. Baeri André, Tucumán. I>. breviscapis Forel, Catamarca. var. Carettoides Forel, San Luis. Córdoba, La Etioja. 1>. Bruchi Forel, < ¡atarnarca. var. ebenina Forel, San Luis. La Rioja. I». Carettei Forel, Mendoza, San Luis. I>. ensifer Forel, Catamarca, San Luis. var. laevigata Gallardo, Caclieuta (Mendoza). I), exsanguis Forel, Mendoza, Catamarca, La Rioja, San Luis. var. carbonaria Forel, Mendoza, San Luis. Córdoba, Cbubut. T>. flavescens Mayr, Mendoza. />. mi niit as Emery. Chubut, Santa Cruz. I>. mucronatus Emery, Chubut, Mendoza. D. planidens Mayr, San Luis, Mendoza, Catamarca, La Rioja. I>. pyramicus (Rog.), Buenos Aires. Corrientes, Chaco, Córdoba, San Luis. La Rioja. var. bicolor Wheeler, Buenos Aires. subesp. brunneus Forel, Misiones, Jujuy, San Luis, subesp. Oarbei Forel, isla de Martín García, El Carmelo (Uruguay). I). Steigeri Santschi, Buenos Aires. Entre Ríos. />. tener Mayr, Santa Cruz. Chubut, Mendoza. subesp. Richteri Forel, Buenos Aires. Santa Cruz, Catamarca, La Rioja, Mendoza, subesp. Richteri Forel. var. depilitibia Forel, Santa Cruz. ¡>. thoniviriis (Santscliii. Sania Fe. Córdoba. Tueunian. Jujuy. D. Wolffhügeli Forel, Mendoza, Catamarca, Córdoba. La Rioja, Mira- mar (Buenos Aires). Se puede ver. en la lista siguiente por orden alfabético de localida- des, que las regiones secas son las «pie presentan la mayor variedad de formas de Dorymyrmex, que es un género xerófilo, como lo demues tran las ammoquetas que poseen muchas de sus especies, órganos que constituyen una adaptación desertícola. Buenos Aires. 1>. pyramicus, pyramicus bicolor, Steigeri, tener Rich- teri, Wolffhügeli. Cinco formas. Catamarca. I), breviscapis, Bruchi, ensifer, exsanguis, planidens, t< un- Richteri, Wolffhügeli. Siete formas. Chaco. 1>. pyramicus. Chubut. />. exsanguis carbonaria, minutas, mucronatus, toar. Cua- tro formas. GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODEEINAS 19 Mapa I. Distribución geográfica ile Doiymyrmex en la República Argentina _'ii MI SEO NACIONAL DE BUENOS AIRES Córdoba. />. breviscapis Carettoides, exsanguis carbonaria, pyrami- cus, thoracicus, Wolffhügeli. Cinco formas. ( Jorrientes. I>. pyramicus. En1 re Ríos. I>. Steigeri. Isla de Martín García. D. pyramicus <¡«rli. 'pyramicus brunneus, thoracicus. La Rioja. i>. breviscapis Carettoides, Bruchi, ebenina, exsanguis, planidens, pyramicus, tener Riehteri, Wolffhügeli. Siete formas. Mendoza. I>. Carettei, ensifer laevigata, exsa-nguis, exsanguis carbona- ria, flavescens, muer onatus, planidens, tener, tener Riehteri, Wolffhügeli. Diez formas. Pampa Central. 1>. tener Riehteri. Santa Cruz. I>. antarcticus, minutus, tener, tener Riehteri, tener Riehteri depilitibia. Cinco formas. Santa Pe. />. thoracicus. San Luis. />. alboniger, breviscapis Carettoides, Bruchi ebenina, Ca- rettei, ensifer, exsanguis, exsanguis carbonaria, planidens, pyramicus, thoracicus. Diez formas. Tucumán. />. Baeri, thoracicus. Abundan los representantes de Dorymyrmex en San Luis, Men- doza. < 'a tama rea. La I Moja. Córdoba, Santa Cruz y Clnilnit. Escasean en Entre Ríos, Santa Fe. Corrientes, Misiones. Tucumán y el Chaco. Faltan datos de Salta. Santiago del Estero y San Juan, debiendo ser abundantes en esta última provincia. Las cifras referentes a Santa Fe, Pampa Central y Jujuy son evi- dentemente incompletas. Según puede verse comparando los datos del Servicio Meteorológico Argenl ¡no con el mapa 1. D. planidens, ocupa la región de precipitación acuosa anual inferior a 200 mm.: I>. tener, de 200 a 600 nim.; J). thora- cicus, de i¡oo a 800 mm., en las regiones al Norte del paralelo 35 y J>. pyramicus, la región «le precipitación superior a 500 mm. anuales. CLASIFICACIÓN Forel lia propuesto la división del género en dos subgéneros: Psammomyrma y Gonomyrma, caracterizado el primero por su pecíolo nodiforme y sus largas ammoquetas y el segundo por su pecíolo con escama cuneiforme. Para facilitar la clasificación doy una clave dicotómica para las obreras de las formas argentinas. Como los individuos sexuales son GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODERINAS 21 conocidos en pocas especies y algunos (D. flavescens, l>. alboniger) no se sabe a qué obreras corresponden, no lie confeccionado clave para las formas sexuales, pues ella sería, pronto modificada por el progreso de los conocimientos. Me limito a dar una lista de los sexos conocidos, con indicación de sus dimensiones y coloración a fin de facilitar su reconocimiento. Las descripciones de las especies, son tomadas de las de sus auto- res, ampliadas con la observación de los ejemplares de la colección del Museo y con dibujos originales, tomados con la cámara clara de Zeiss, paralas especies que conozco de visti, con un aumento unifor- me de 20 dediámetros aproximadamente para facilitar la compara- ción. CLAVE PARA LA DETERMINACIÓN DE LAS OBRERAS DE DORYMYRMEX I > í : LA REPÚBLICA ARGENTINA 1. Peciolo largo con nudo o con escama baja nodiforme, largas ainmo- quetas bajo la cabeza (Psammomyrma Forel). 2. — Pecíolo con escama cuneiforme, con o sin ammoquetas (Gonomyr- ma Forel). ('.. 2. Pecíolo con nudo. .'!. — Pecíolo con escama baja nodiforme, espina epinotal acerada, agu- da, larga, dirigida hacia arriba y encorvada hacia atrás. ."> 3. Largo 0-0,5 milímetros, amarillo, 5 o artículo del palpo maxilar in- sertado poco antes del extremo del 1". diente epinotal peque- ño, dirigido hacia arriba y algo hacia atrás (tig. 10). ¡>. planidens Mayr. — Largo a lo mas 5 muí., amarillo rojizo o claro, 5 o artículo del pal- po maxilar insertado mucho antes del extremo del -4°, espina epinotal fuerte, dirigida hacia atrás. 1. -ía. L. 5 min., amarillo rojizo con las antenas y patas más claras, gás- ter algo castaño, mesonoto estrechado en el medio, formando cintura, cabeza casi cuadrada (tig. 14). ]>. mucronatu8 Emery. 16. L. 3,5-4,8 mm.. amarillo pálido, casi incoloro, con nebulosidades parduzcas, mesonoto estrecho y casi cilindrico, cabeza un poco mas larga que ancha en las formas pequeñas (tig. 16). 1>. ensifer Forel. ác. L. 3,5 mm. pardo claro amarillento, mas obscuro en la parte dor- sal, patas claras, translúcidas. Más lisa y lustrosa que la es- pecie típica. I), ensifer Forel var laevigctta n. var. MUSEO NACIONAL DE BUENOS VIRES 5. L. 2,5 muí. Rojo i» ferrugíneo, algo castaño. Mandíbulas, mejillas. tarsos y articulaciones amarillo algo rojizo. Gáster castaño negro. Pronoto, cabeza, patas y una mancha en las mandíbu las castaño. /'• Bruchi Forel. — L. 2-2,6. Negro ébano, con las mandíbulas y los miembros castaño obscuro, i-ara declive del epinoto, según muestra La ñgura 17. 1>. Bruchi vai. ebenina Forel. i¡. Ammoquetas largas debajo de la cabeza. 7. — Sin ammoquetas largas debajo de la cabeza. 13. 7. Pequeño (2-2,5 mi,), cono saliente y agudo en el epinoto, pardo obscuro, pardo rojizo <> castaño claro con los miembros siem- pre mas claros. /'■ minutus Emery. — Mayores (2,5-4,5 i .) epinoto inerme o con un tubérculo redon- deado. 8. 8. ( 'oloración clara. '•'■ — Coloración más o menos obscura. 10. 9. L. 3,5 mm. Amarillo pálido y débil con nebulosidades parduzcas, gáster pardo. Promesonoto débilmente convexo. Cono epino- tal pequeño, obtuso (fig. L8). D.exsanguis Forel. — L. -. •")-■'!. t muí. Pardo, miembros mas clavos. Machos obscuros. I). exsanguis var. carbonaria Porel. LO. Ojos grandes algo adelante de la mitad de los costados de la ca- beza. Ll. — ojos medianos en la mitad de los costados de la cabeza. L2. 11. L. 3,5-4 mm. Enteramente negro o «le un negro castaño con las mandíbulas amarillo rojizo. < labeza mas larga que ancha. Per- fil del promesonoto poco arqueado; epinoto inerme o con tu- bérculo redondeado apenas sensible. El escapo sobrepasad borde occipital de ! , de su longitud. I>. Baeri André. — L. 2,8-3,2 mm. Castaño rojizo o amarillento. Cabeza tan larga como ancha, ligeramente escotada en el borde occipital, mas ancha afras que adelante. El escapo sobrepasa el borde Occi- pital de : a ¡ de su largo. Epinoto provisto de un cono, con la cara declive apenas mas larga que la basal. /'. antarcticus Forel. 12. L. .">,s-4 min. Rojo, gáster negro, miembros castaños. Perfil pro- mesonotal moderadamente com exo. < 'abeza mas larga que an- cha. El escapo sobrepasa el borde occipital de ' de su largo. ('ono epinotal pequeñísimo, obtuso (fig. 20). I>. tener Mayr. — L. 2,5-4,2 muí. Negro castaño, miembros castaños. Perfil del pro GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODERIX AS 23 mesonoto poco arqueado. Cono epinotal obtuso, pero bien mar- cado (fig. 21). 1). tener Mayr subesp. Eiehteri Forel. 13. Surco mesoepinotal en forma de canaleta profunda, de sección redondeada. Cono epinotal obtuso. L. 3,2-3,5 min. Tórax, parte anterior de la cabeza, escama y tar- sos rojo amarillento o amarillo ocre, liesto de la cabeza (a ve- ces toda) y gáster castaño negruzco. Antenas y resto de las pa- tas castaño. Cabeza más larga que ancha, mas ancha atrás que adelante y clípeo algo carenado. Escupos sobrepasan de '/, el borde occipital débilmente escotado. Pequeño escalón en la cara declive del epinoto (fig. 22). I). thoracicus (Santschi). — El surco mesoepinotal no forma canaleta. < !ono epinotala gudo. 1 1. 14. Cara declive del epinoto escalonada con escalón marcado y angu- loso de perfil. 15. — Xo escalonada o con escalón redondeado de perfil. l.S. 15. Ojos medianos o grandes (' /., de los costados de la cabeza mas o menos). 1 G. — Ojos chicos ('/ k de los costados déla cabeza másomenos). 17. 10. L. 3,5-4 mili. Amarillo rojizo hasta rojo obscuro con el gáster ne- gro castaño. Antenas y patas pardo claro, el escapo y las pa- tas posteriores ordinariamente mas obscuros. Cono epinotal fuerte. Inserciones antenales equidistantes entre si ya los bor- des exteriores del cllpeo. Los escapos sobrepasan '/¡ el borde occipital recto (fig. 23). D. pyramicus (Roger) Mayr. — L. 3,5-3,7 mm. Pardo obscuro, tórax amarillo castaño, tarsos y par- te anterior déla cabeza parduzca. Muchas veces pardirrojo con cabeza parda. Clípeo alto, algo carenado, [nserci ¡s antena- les más próximas entre sí que al borde exterior del clípeo. Ojos grandes poco convexos. Los escapos sobrepasan '/ r , el borde oc- cipital recto (fig. 20). D. pyramicus subesp. brunneus Forel. 17. L. 3,5-4 mm. Cabeza, tórax y pecíolo rojos o amarillo rojizo, gás- ter negro con el borde distal de los segmentos ferrugíneo. Antenas y patas ferrugíneas. Cabeza más larga que ancha con los costados poco convexos. Cono epinotal fuerte. Los escapos sobrepasan de '/„ el borde occipital convexo (fig. 29). />. pyramicus var. bicolor Wheeler. — L. 3,5-4,2 mm. Amarillo claro rojizo, gáster castaño. Tarsos y es- capos pardo amarillo. Cabeza más larga que ancha con los costados convexos. Clípeo bajo. Cono epinotal muy pequeño. Los esca[ios sobrepasan de ' „ el borde occipital algo escola- do (fig. 27). D. pyramicus subesp. Garbei Forel. 2J MUSEO NACIONAL DE BUENOS VIRES L8. Escalón de la cara declive del epinoto poco marcado, redondeado de perfil. L. 3 íimi. Negro, antenas y paras castaño, mandíbulas, costados del clípeo, tarsos, articulaciones y borde posterior de 1. Steigeri Santschi. — L. 1,9-2 nini. Castaño obscuro, casi negro, con los miembros casta- ños y las mandíbulas amarillentas. < 'abeza rectangular con los costados casi paralelos. Los ojos grandes ocupan más del cuar- to de los costados de la cabeza y están situados atrás del ter ció anterior. Los escapos no alcanzan el borde occipital. Epino- to estrecho con cono elevado desde el borde anterior (fig. ■ '<:>>. 1>. Garettei Forel. 21. L. 2,4-2,6 mm. Cabeza y gáster de un negro castaño: mandíbu- las, clípeo, mejillas, escapos, tarsos y articulaciones rojizas : id resto di' un castaño bastante obscuro. Clípeo avanzado en id medio con id borde anterior arqueado. Alistas frontales muy cortas y bastante distantes. ( 'abeza cuadrada, con el borde pos terior casi recto ligeramente escotado, ojos medianos sima (los casi a la mitad de los costados de la cabeza. Los escapos apenas sobrepasan el borde occipital. I>. Iin risc4). I>. breviscapis var. Garettoides Forel. GALLAKIio : SUBFAMILIA DOLICODERINAS LISTA DÉLAS HEMBRAS CONOCIDAS I>E LAS ESPECIES DE DORYMYRMEX DE LA REPÚBLICA ARGENTINA Dorymyrmex flavescens Mayr L. 8 muí. Amarillo testáceo, margen masticatorio de las mandíbu- las y parte dorsal del gáster castaño, dorso del tórax un poco obscu- recido. Alas hialinas. Dorymyrmex planidens Mayr L. 11 mm. Rojo testáceo, el niesonoto lleva una banda mediana an- terior (a veces desdoblada) y dos bandas laterales más o menos obscu- ras, a veces poco notables. Alas hialinas con las nervaduras princi- pales castañas (flg. 11 y 12). Dorymyrmex alboniger Forel L. 5 mm. Cabeza, tórax, escama (salvo en la base) y dorso de los segmentos abdominales, salvo una ancha banda en su extremidad, de un negro apenas parduzco. Todo el resto, miembros, parte de aba- jo y costados del gáster de un amarillo pálido, casi blanquizco. Dien- tes de las mandíbulas pardos. Alas subhialinas. Dorymyrmex exsanguis Forel L. 8,6-8,8 mm. Amarillo pálido, a veces una banda parda se ex- tiende de un ojo a otro comprendiendo los ocelos. Dorso del tórax un poco parduzco. Dorso del gáster castaño con un borde amarillo mas o menos grande por detrás. Alas hialinas, con nervaduras amarillen- tas y pterostigma pálido. Dorymyrmex antárcticas Forel L. 7,5 mm. Castaño obscuro negruzco, antenas y mandíbulas casta ño, mitad exterior de las mandíbulas, patas y borde exterior de los segmentos abdominales amarillentos. 26 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES Dorymyrmex pyramicus | Roger) L. 4,8-5 nuil. Castaño obscuro, gáster castaño negruzco con el bor- de posterior de los segmentos blanquizco pelúcido, nía mili >u las, clípeo y antenas rojo ferrugíneo, tibias, tarsos y parte interior del pecíolo rojo ferrugíneo amarillento. Alas hialinas. Bnísimamente pubescen- tes, nervaduras y pterostigma pardo claro (fig. 24). Dorymyrmex pyramicus (Roger) var. bicolor Wheeler L. G mm. Cabeza, tórax y patas amarillo testáceo, con el clípeo, la frente, el epinoto y los esternitos mesotorácicos mas obscuros: escama amarillo testáceo ; gáster casi año obscuro, casi negro, con el borde dis- tal ilelos segmentos mas claro: funículos amarillo parduzco, más obscuros distalmente hasta los extremos pardo obscuro. Alas hialinas, nervaduras y pterostigma castaño amarillo (ñg. •">()). Dorymyrmex ■pyratnicus (Roger) subesp. brunneus Forel L. I> muí. Pardo, mandíbulas y costados del clípeo amarillo rojizo. Dorymyrmex pyramicus (Roger) subesp. Garbei Forel ]j, (¡.ó muí. Rojizo, gáster castaño obscuro con los bordes de los seg ínclitos amarillos. Alas teñidas de amarillento con las nervaduras ama- rillentas. Dorymyrmex Wolffliügéli Forel L. 5,5 mm. Pardo negruzco con una pubescencia bastante tuerte que la hace grisácea. Miembros, mejillas y mandíbulas de un amari lio parduzco. < ioxas pardas. Alas siibhialinas con las nervaduras pardas. LISTA DE LOS MACHOS CONOCIDOS DE LAS ESPECIESDE DORYMYRMEX DE l.A REP1 BLIC \ ARGENTINA Dorymyrmex Jlaveseens Mayr L. I mm. Amarillo testáceo. ojos negros. GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODERINAS 27 Dorymyrmex planidens Mayr L. 5 muí. Negro, excepto la boca, mandíbulas y borde anterior del clípeo amarillo castaño sucio y las antenas, tibias, tarsos y órganos genitales ferrugíneos. Alas hialinas, con nervaduras testáceas y pterosl igma obscurecido (fig. 13). Dorymyrmex mucronatus Einery (=flavescens Mayr) L. 4 mm. Amarillo test uceo sucio, con nebulosidades castaño cla- ro. Ojos castaño obscuro (fig. 15). Dorymyrmex exsanguis Forel L. 3,5-3,9 i Amarillo apenas un poco rojizo, con los miembros y las mandíbulas pálidas. Alas hialinas, con nervaduras amarillentas y pterostigma muy palillo. Dorymyrmex exsanguis Forel var. carbonaria Forel L. 3-3,1 nuil. Pardo con las patas más pálidas y las mandíbulas amarillo pálido o bien castaño rojizo muy obscuro, con los miembros ferrugíneos y las mandíbulas amarillas con el borde castaño (fig. 19). Dorymyrmex pyramicus (Roger) L. 2-2,5 niin. Negro (furnia descripta por Einery de Norte Ame- rica). L. 8 mm. Castaño obscuro, casi negro, antenas pardas, oferrugíneo obscuro, mandíbulas y borde del clípeo castaño, escudete pardo, tibias y tarsos ¡lardo claro hasta ferrugíneo obscuro. Alas hialinas pubescen- tes, nervaduras y pterostigma pardo claro o amarillento (fig. 25). Dorymyrmex pyramicus (Eoger) var. Garbei Ford L. 2 mm. Negro, tibias castaño obscuro, articulaciones y tarsos amarillo sucio, mandíbulas, antenas y genitales pardo amarillento. Alas hialinas pubescentes, con las nervaduras y pterostigma par- do claro (fig. 28). 28 MUSEO NACIONAL l>K BUENOS VIRES DESCRIPCIONES DE LAS FORMAS ARGENTINAS DEL GÉNERO DORYMYRMEX Subgénero Psammomyrma Forel 1912 DORYMYRMEX FLAVESCENS Mayr 1866 Mayr, Hyrmecologi&che Beitrage, en Sitzber. Alead. Wiss. fVien., tomo Lili, páginas 495-96. L866. Berg, Enumeración sistemática de los formícidos argentinos, etc., página 23. Embry, Formiche rae. del Pro/. /■'. Silvestri nell'Arg., etc., en : Boíl. Soe. Etii. ¡tul., tomo XXXVII, página 175 un nota). 1905. Forel, Formicides néotropiques, en Mém. Soc. ¡'ni. Belgique, tomo XX. página 36. 1912. Brl'CH, Catálogo sist. i/> los formícidos un/., página 225. 1914. 9 L. 8 mm. Amarillo testáceo, lustroso, sutilísimamente coriáceo- rugosa, margen masticatorio de las mandíbulas y parte dorsal del gáster castaño, dorso del tórax un poco obscurecido, ojos negros, alas hialinas. Las mandíbulas con puntos gruesos esparcidos. El mesono- to con pelos rectos, cortos, amarillos, el gáster con pilosidad escasa arriba y rica debajo, asi como las tibias. O* L. 4 mm. Amarillo testáceo, ojos negros, lustroso, poco piloso, casi liso. Tipo de Mendoza (Museo zoológico de Halle). La obrera es aun desconocida, ver páginas L3 y 14 las razones que me hacen creer sea l>. mucronatus Emery. DORYMYRMEX PLANIDENS Mayí 1868 (Fig. .">, 7. li). 11. 12 y 13) Mayr, Aun. Soc. y,,/. Modena., año 111. página 166; 7-8 de la tirada aparte. 1868. Berg, Enumeración sist. de los formícidos arg., etc. página 24. Emery, Genera inseotorum. Fase. 137. Doliehoderinae, página :¡7. 1912. Forel, Formicides néotropiques. Mém. Soc. Ent. Belg., i. XX. página lo. 1912. BrucH, Cat., página 225. <¡> L. (¡-IÍ.4 mm. Amarillo ocráceo, brillantísimo, palpos coi ■ chos pelos largos ralos en las mandíbulas y el clípeo ; el tórax con pelos erectos breves ralos, abundantes en el epinoto; el gáster con GALLANDO : SL1SKAM I LIA DOLN'ODKIÜXAS '.".i pelos breves ralos; patas con pelos ralos moderadamente largos que nacen de puntos negros; mandíbulas lisas con pelos dispersos ; palpos maxilares con el 5 o articulo insertado antes del extremo del 4 o . Ca- beza, pronoto, pecíolo, abdomen y patas muy lisos, mesonoto y epi- noto coriáceo-rugosos ; mesonoto alargado, epinoto fuertemente ele- mandíbula Y cara declive Fig. lo. — Perfil de Dorymyrmex planidens tf y cabeza vista de frente Aumento : + 'Jo diámetros vado y con un diente erecto y comprimido arriba; pecíolo con nudo redondo arriba, comprimido (flg. 10). Tipo capturado por Strobel durante los meses de verano en las provincias de San Luis y Mendoza, 18G5 y 1860, Chumbicha y Alto Pencoso (Bruch), Chile (Berg). ^Numerosos ejemplares en la colección del Museo números 11.096 10 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES y 11.127, procedentes de La Rioja, coleccionados por Gemignani y Boman; número L1.328, por Rovereto. Ejemplares antiguos de Cafayate, coleccionados por Wolffhügel. Bríüthes, Sur les formes sexuelles de deux Doliehodárinea, en .1». Mus. Nac, tomo XXVI, páginas 231-232, 191 I : Hguras 1 y 2. Bri i ii. Supl. Cat.¡ página 533. 9 L. 11 muí. Coloración general como la obrera, rojo testáceo, el inesonoto lleva una banda mediana anterior y dos bandas laterales mas O menos obscuras, a veces poco notables. La banda mediana suele bi i le o( cipilal reo fr- ; i ndib' La cerrada roseta amena! - . V ' . clipeo ammoqueías capéales- mandíbula abierlt. ■ -- diente apical Fig. 11. — Cabeza vista de frente tle Dorymyrmex planidens Q Aumento : ± 20 diámetros desdoblarse, de manera que se ven cuatro bandas longitudinales obs- curas en el ni: sonóte. Cabeza casi cuadrada, muy ligeramente estrechada Inicia adelante (fig. 11). El diámetro mayor del ojo es igual a la distancia (pie lo se- para del borde anterior de la cabeza y a la mitad de la distancia al borde posterior. El clípeo y el borde lateral interior afilado de la ca- beza con aniinoquetas. Mandíbulas amarillo rojizo algo obscuro, con 7-8 dientes castaño obscuro, casi negro ; el diente apical fuerte y agudo, el :'>" y el 5 o a contar del apical, mas pequeños. Groseramente estriadas, con puntos pilíferos marcados y pilosidad larga oblicua. Plintos pilíferos esparcidos por toda la cabeza. El escapo sobrepa- (ÍALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODERINAS 31 s;i el borde occipital de '/'* ( ^ e su l^rgo próximamente. El tórax en general es liso con puntos pilíferos esparcidos. Su silueta vista de costado es convexa. La escama del pecíolo es más ancha que larga y más alta que an- ammociueías palpo maxilar i -. pronoto coxa anterior epimero mesotoracico - episternuo » - - - - esiermto w «puñera melatoracico estermto ni mdi bulas _. tegula pa rapte ron meso torácico escudete parapteron metal i metanoto _ ala anterior '- rara basal .[- cara declive ala posterior .Fig. 12. — Perfil de Dorymyrmex planidens Q. Aumento : ± 20 diámetros cha, terminando en una punta redondeada; en su borde anterior lle- va pelos oblicuos dirigidos hacia arriba y adelante. Cabeza, pronoto y mesonoto lisos, lustrosos; mesonoto y epinoto, punteado-coriáceo, muy tino, submate; epinoto más groseramente punteado coriáceo; gáster finamente punteado coriáceo, lustroso. 32 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES Pubescencia muy fina y rala en el gáster, más abundante en el borde distal de los anillos, donde turnia fleco. Pilosidad larga, oblicua, rala: pelos más largos en la extremidad clipeo mandíbula - - ammoquetas esupas ala anterior ala posl Fig. 13. — Perfil de Dorymyrmac planidens Q* y cabeza vista de frente AmiH'iiin : 20 diámetros y debajo del -áster y en los largos palpos maxilares que llevan pelos enrulados (fig. 12). Alas hialinas, con las nervaduras principales castañas (fig. 17). Número 11.096, coleccionado en La Eioja por Boman. GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODEEINAS 33 Biíííthks, loe. vil., páginas 232-233. Bucen, Supl. Cu/., página 533. (j< L. 5 muí. Negro, lustroso, excepto la boca, mandíbulas y borde anterior del clípeo amarillo castaño sucio y las antenas, tibias, tarsos y órganos genitales ferrugíneos. Cabeza casi cuadrada, ojos salientes, mandíbulas con borde masti- catorio armado de unos ocho dientes castaños, siendo el apical ace- rado como en la hembra y la obrera. Clípeo separado de la frente por una impresión ondulosa, surco frontal que va basta el ocelo anterior; ammoquetas en el clípeo y el borde lateral afilado de la ca- beza. Tórax de perfil abovedado ; dos impresiones vecinas (surcos de Mayr) que se unen hacia el medio del mesonoto ; las líneas parapsidales ape- nas distintas sobre los bordes laterosuperiores del mesonoto. El escu- dete visto de arriba en forma de trapecio, ligeramente más ancho ade- lante, con algunas impresiones oblicuas a cada lado de la línea media, dirigidas hacia atrás en V. El segmento medio finamente cliayriné, de perfil lateral progresivamente arqueado Lacia atrás, con dos im- presiones medias longitudinales. El pecíolo abdominal es de la forma del de la obrera, pero no comprimido, regularmente redondeado hacia arriba y hacia los costados (flg. 13). El gáster finamente chagri- né transversalinente. Pelos cortos y grisáceos ralamente esparcidos por todo el cuerpo. Alas hialinas, con las nervaduras testáceas y el pterostigma obscurecido (fig. 5). Estas formas sexuales fueron recogidas en el Fuerte del Pantano (provincia de La Eioja) por la expedición Bonian el 14 de abril de 1914, conjuntamente con obreras y crías. Número 11.096 de la co- lección del Museo. Se ve por la descripción que difieren bastante «le J>. flavescens Mayr que Emery creía que fuesen las formas sexuales de l>. ¡iluni- dens por haberle enviado Jensen de Mendoza obreras de 1>. planidens mezcladas con formas sexuales que corresponden a la descripción di' flavescens (Emery. 1905, p. 175, en nota). ANAL. MUS. NAC. — T. XXV11I (MAYO 4, 1916) :: I MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES DORYMYRMEX MUCRONATUS Emery 1905 (Fig. 14 y 15) Emery, FormAehe rae. dall Prof. /•'. Silveetri nelVArg., etc., en : /.Vi/. Soe. £»f. //«/.. tumo XXXVII, páginas 174-175 (fig. 34), 1905. Forel, Formicides neotropigv.es, en: Mém. Soe. Ent. Belgique, tomo XX. página 42. 1912. Emery, Genera Insectorum, fase. 137. Doliehoderinae, página 37. 1912. Eorel, Fourmis d'Argentine, ete. en /.'»//. Soe. Yinul. Se. Nat., tumo XLIX, N° 181, página 245. 1913. Bruch, Catálogo, página 225. 1914. La descripción original de Emery es muy breve e incompleta, sobre un solo ejemplar (tipo) recogido por Silvestri en Puerto Madryn (Chubut). Doy una más detallada sobre dos ejemplares de la misma proce- dencia (n° 1 1.244) recogidos por Doel lo- Jurado. L. 4,5-."> muí. Amarillo rojizo sucio, gáster amarillo parduzco, (tatas amarillas pálidas, transparentes, antenas amarillo-castaño; mandíbulas amarillo sucio, con dientes castaños. Mandíbulas lisas, con gruesos puntos esparcidos, armadas de cua- tro fuertes dientes, con dentículos intercalados. Borde anterior del clípeo convexo hacia adelante. Cabeza casi cuadrada con los costados convexos y escotados de- trás. Los ojos muy grandes, situados muy de frente, entre el borde de la cabeza y la linca mediana, casi tan largos como el espacio que los separa del borde anterior y posterior de la cabeza. Aristas fron- tales rectas, ligeramente divergentes. El escapo sobrepasa el occipu- cio de un tercio de su longitud. Funículo delgado, el primer articulo es el más largo y decrece progresivamente hasta el penúltimo. Ca- beza plana y bordeada debajo. Palpos maxilares largos, el cuarto arti- culo se prolonga más de un tercio después de la inserción del quinto. Pronoto muy ancho, con los costados dilatados y muy convexos. Mesotórax en forma de cuello, adelgazado al medio, especialmente visto de arriba, dos veces tan largo como ancho. El metanoto largo y estrecho lleva los estigmas muy próximos formando una cresta roma en el lomo. La hendedura torácica bien marcada, detras de los estig- mas metanotales una hendedura secundaria. Epinoto tan alto como largo; su cara basal tieue una parte ante- rior primero subvertical, después redondeada, luego subhorizontal y mediocremente convexa hacia arriba: finalmente termina en una pun- GALLARDO : Sl'ISFAMIUA l>< »U< '< >I>EKIXAS 35 ta fuerte aguda de perfil, dirigida hacia afras y un poco Lacia arriba, un poco mas corta o casitanlarga como la cara declive. Vista de ade- lante esta punta es ligera mente aplastada y obtusa en la extremidad. Cara declive subvertical, un poco cóncava de perfil, más corta (pie la basal. El pecíolo muy alargado, lleva un nudo redondeado bajo. Gráster corto, con la cara anterior plana y verticalmente cortada. Patas lar- gas con las coxas translúcidas. Largas ammoquetas debajo de la ca- beza; un rango en el clípeo y dispersas en las mandíbulas. Lustroso y débilmente chagriné ; epinoto, mesonoto y metanoto subopacos, unamente pero fuertemente reticulado punteados; mitad anterior de la cabeza y del pronoto lisos. Pilosidad erecta rala en el cuerpo, 'mas abundante y oblicua sobre las patas, nula en las ante- Fiu. 14. — Perfil de Dorymyrmex mucronatas 5 y cabeza de frente Aumento : 4- 20 diámetros ñas (pie son pubescentes. La pubescencia del cuerpo es casi nula. Los palpos maxilares llevan largos pelos enrulados (fig. 14). Tipo de Puerto Madryn (CLubut) recogido por Silvestri. Mendoza (Carette). Colección del Museo, dos ejemplares (n° 11.244) coleccionados por Doello-Jurado. Cuatro ejemplares (10. (¡72) algo más claros, recogidos por Rovereto en el Chubut como bis anteriores. En las paginas 13 y 14 indico por qué considero esta forma como la obrera de D. flavescens Mayr. C? (aun no descripto). L. 4 nim. (extendido). Amarillo testáceo sucio, completamente desvaido: vértice de la cabeza, parte dorsal del tórax y del gáster con nebulosidades casta- ño claro. 36 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES Antenas y patas pardo blanquizco muy claro, casi transparentes. ojos castaño obscuro, casi negro, ocelos poco pigmentados. Cabeza un poco mas lar.ua que ancha, borde occipital ligeramente convexo, con los ángulos occipitales romos, de gran curvatura. Cos- tados de la cabeza en su mayor parle ocupados por los ojos, fuerte- mente convexos, que abarcan desde el clípeo hasta donde comienza Fig. 1". — Perfil de Dorymyrmex mucronatus r*f y cabeza <\r frente Aumento : 4- 20 diámetros la curvatura de los ángulos occipitales. Mandíbulas blanquizcas, lina- mente estriadas a lo largo, con tres o cuatro dentículos castaño roji- zo. Clípeo convexo hacia afuera, borde anterior recto. Los escupos delgados no alcanzan el borde occipital, sobrepasando algo el ocelo anterior. La longitud del primer articulo del funículo es dos y medio veces su espesor, la del segundo artículo, tres veces su espesor y decrece GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODEEINAS 37 paulatinamente hasta el penúltimo que es algo más largo que espeso. Tórax visto de arriba, del ancho de la cabeza. De perfil muy con- vexo con el mayor saliente en el escudete. Epinoto poco convexo de perfil, con la cara basal algo mas corta que la declive. Peciolo con nudo bajo. Cara anterior del nudo convexo, la poste- rior casi plana subvertical. Detras de la escama hay un pequeño es- calón. La cara inferior del peciolo es algo convexa hacia abajo. Gáster corto, algo encorvado hacia abajo en su extremidad. Esti- pas largas estiliformes. Lustroso, casi liso, salvo las pleuras torácicas y el epinoto finamen- te coriáceo ruguloso. Pilosidad erecta blanquizca rala, más abundante en el gáster. Ammoquetas clipeales pálidas asi como las cerdas de las mandíbu- las. Pilosidad oblicua corta en las patas. Pubescencia invisible con •">(• diámetros de aumento en el cuerpo y las patas, finísima en las antenas. Alas hialinas irisadas, finísimamente pubescentes, nervaduras amarillento clarísimo, pterostigma hialino casi incoloro. Iigerísima- mente teñido de amarillento. L. del ala anterior 3,75 inm. (fig. 15). Dos ejemplares (n° IO.i.Tl') coleccionados por Rovereto, conjunta- mente con las obreras en abril de lili."». Tal vez las formas completa- mente maduras sean algo mas pigmentadas. Estos son tan incoloros como las obreras de />. ensifer. Probablemente este es el macho descripto por Mayr bajo el nom- bre de D. flavescem, cuestión que puede resolverse estudiando el tipo conservado en el Museo zoológico de Halle. DORYMYRMEX ENSIFER Forel 1912 (Fig. lü) Forel, Formicidea néotroxriques, en Mém. Soc. Ent. Belgiqw, tomo XX, pá- ginas 40-42, 1912. l'.ia i n. ' 'ni., página 225. Forel, Formicidea d' Afrique et d'Amérique, JBull. Soc. Vaud. ¡Vat. Se, tomo L., número 184. página 282, 1914. Muy parecido a I), mucronatus Emery, difiere en la coloración que es más clara y desvaída y en el mesotórax mas estrecho y subcilín- drico. La punta epinotal es proporcional mente más larga y ayuda. Me inclinaría a considerarlo una subespecie de mucronatus a no 38 MUSEO NACIONAL 1>K BUENOS AIRES ser la alta autoridad de Forel, que ha tenido ambas formas a la vista y considera que sus diferencias merecen tener rango específico. Doy una traducción de la descripción de Forel. ^ L. 3,8-4,s mm. Amarillo completamente desvaído y pálido, casi incoloro, pero con nebulosidades parduzcas en el vértice, el tórax y el gásl er. Mandíbulas lisas, con gruesos puntos esparcidos, armadas de 4 tuertes dientes y de L! o ."> dentículos intercalados. Borde anterior del clípeo con\ T exo en el medio. Cabeza rectangular un poco mas larga que ancha, débilmente es- cotada detrás, de costados convexos en la pequeña obrera. En la grande es tan ancha como larga, fuertemente escotada de- trás. Los ojos son muy grandes, situados en el medio y muy de lien te, entre el borde de la cabeza y la ¡mea mediana: en la obrera grande son casi tan largos como el espacio que los separa del borde anterior o del borde posterior de la cabeza. Aristas frontales rectas paralelas. El escapo sobrepasa el occipucio de ' de su longitud. Funículo tan delgado como en el exsanguis. Cabeza absolutamente chata, como truncada y bordeada por abajo, pero no cóncava como en planidens y Bruchi. Palpos exactamente como mucronatus y de las mismas dimen- siones, el cuarto articulo de los maxilares por lómenos tan prolonga- do como en aquel, después de la articulación del quinto. Pronoto muy ancho, con los costados dilatados y muy convexos. Mesotóras en for- ma de cuello, estrechado y cilindrico, mucho más que en mucronatus, dos veces mas largo que ancho, sin contar el mefanoto. que es también alargado y estrechado, el nietanoto lleva sus dos estigmas semisohla- dos el uno al otro como una pequeña cresta roma en el dorso. La de- presión torácica es muy grande y profunda: detras de los estigmas niel anótales, una hendedura secundaria estrecha y profunda. Epinoto abultado; su cava basa! tiene una superficie anterior primero subver- tical, después redondeada: luego es subhorizontal y mediocremente convexa hacia arriba: por fin se termina en una punta como de es- pada, aguda, dirigida hacia, atrás y hacia arriba, un poco mas larga que en mucronatus y casi tan larga como la cara declive. Vista de adelante esta punta es ligeramente aplastada y obtusa en la extre- midad. Cara declive subvcrlical. un poco cóncava de perfil, mas corta que la basal. El epinotoes tan alto como largo. 101 pecíolo muy alar- gado, casi tan largo como el epinoto (sin alcanzarlo) lleva un nudo subcuneiforme bastante bajo, inclinado hacia adelante, oblicuamente truncado en su larga cara posterior, convexo en su cara anterior mas corta, más largo que ancho (cu el mucronatus es redondeado), (¡áster GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODEEINAS 3íl corto, de cara anterior verticalmente cortada. Patas largas, caderas translúcidas. Un rango de largas ammoquetas bajo la cabeza, detrás, licuando hasta la boca; otra en el clípeoyen las mandíbulas. Lustro- so y débilmente chagriné; epinoto, mesonoto y metanoto snbopacos, bastante finamente pero fuertemente reticnlados, mitad anterior de la cabeza lisa. Pilosidad erecta muy rala en el cuerpo, más abundan- te y oblicua sobre las patas, nula en los escapos que son sólo pubes- centes. Sobre el cuerpo la pubescencia es casi nula (fig. 16). Fig. 16. — Perfil de Dorymyrmex ensifer ft y cabeza vista (le irruir Amurillo : 4; 20 diámetros A simple vista esta especie tiene un parecido notable con 1>. ex- sanguis Forel, que habita los mismos sitios, pero por su estructura se acerca mucho, como hemos dicho a mueronatits Kinery. Tipo recogido por Bruch en Iluasán (Oatamarca) a 1300 metros de altura en un terreno arenoso. Alto Pencoso (San Luis) (Bruch). Un ejemplar obsequiado por Bruch en la colección del Museo, nú- mero 11.467. DORYMYRMEX ENSIFER Forel var. LAEVIGATA n. var. L. 3,5 mm. Pardo claro amarillento, algo más obscuro en la parte dor- sal, patas claras, translúcidas, especialmente las coxas transparentes. La escultura, menos profunda que en ensifer, lo hace lustroso, aún en el epinoto, mesonoto y metanoto que son snbopacos en ensifer. Por lo demás como ensifer. Un ejemplar, número 11.552, recogido en Cacheuta (Mendoza) por mi hija Beatriz. Iii MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES DORYMYRMEX BRUCHI Forel 1912 Forkl, Formioides ndotropiqu.es, parte 5 a , Mém. Soc. Ent. Belg., tomo XX. página 4-2. Fokel, Fourmia d'Argentine, etc., Bull. Sur. Vaui. Se. A»/, tomo XLIX, número 181, página 245. Brtjch, ('al., página 225. $ L. 2,5 muí. Rojo <> ferruginoso un poco castaño. Mandíbulas, mejillas, tarsos y articulaciones de un amarillo un poco rojizo. Gás- ter de un castaño negro. Pronoto, cabeza, patas y una mancha sobre las mandíbulas castaño. Mandíbulas de borde muy convexo, armadas de cual ro fuertes dien- tes y de «los ilent ículos intermediarios, débilmente esl riadas con algu- nos i ii i n rus. Borde anterior del clípeo, muy débilmente convexo. Cabe- za aplastada, aún ligeramente cóncava y bordeada hacia abajo, como en el planidens, cuadrada, tan ancha como larga, con el borde poste rior derecho o apenas convexo, con los costados débilmente convexos. Ojos medianos, atrás del tercio anterior. El escapo alcanza justamente el borde posterior de la cabeza. Los dos penúltimos artículos del ruínenlo tan espesos como largos, los precedentes un poco mas largos. Pronoto muy convexo, de costados dilatados y muy convexos. Mesonoto débilmente convexo, por lo menos tan largo como ancho sin el mptanoto, pero sin formar cuello, aunque es estrecho con rela- ción al pronoto. Metanoto corto con dos estigmas prominentes en el dorso. La hendedura torácica es simple, grande, bastante abierta, no muy profunda. Cara basal del epinoto netamente mas corta que la declive, de perfil rectilíneo horizontal, sin conbtituir una protuberan- cia elevada sobre la hendedura como en mucronatus y ensifer, termina- da ai ras por una larga punta aguda, cu espina perfectamente acerada y aguda en todos sentidos, tan lar.ua co la caía basal, dirigida hacia atrás y hacia arriba, apenas un poco encorvada hacia abajo. Cara de- clive plana, bordeada, oblicua, peni bastante abrupta. Pecíolo casi tan largo como el epinoto, provisto de un nudo o escama baja muy espesa y muy inclinada hacia adelante, un poco más ancha que es- pesa y i riangular en la cima. Parte anterior del gáster subvertical, pero mucho menos alto que en nvucronatus y ensifer. Palpos maxilares extremadamente largos, como en dichas especies, pero el quinto artículo está normalmente in- sertado en la extremidad del cuarto. GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODERINAS 41 Lustroso, débilmente reticulado. Bpinoto, metanoto y costados del mesonoto subopacos y fuerte- mente reticulados, así como la espina. Gráster liso; mitad anterior de la cabeza casi lisa. Largas ammoque- tas insertadas atias y lateralmente debajo de la cabeza y que alcan- zan casi hasta la boca, otro rango en el clípeo. Püosidad erecta muy esparcida sobre el cuerpo, nula sobre los es- capos que no tienen masque pelos adyacentes, muy oblicua y sub- yacente en las patas. Pubescencia extremadamente diluida <> casi nula: algunos peque- ños pelos subyacentes sobre el epinoto. Tipo de Huasán, 1300 metros (Catamarca), recogida porBruch. Un ejemplar en la colección del Museo, coleccionado en La Rioja por Eovereto (n" 1 L.327), hace transición en la coloración a la varie- dad ebenina Forel. DORYMYRMEX BRUCHI Forel, var. EBENINA Forel Fig. 17) Fokel, Fiirm. d' A frique et d' Amérique. /.'»/'. Soe. Yaud. Se. Nat., tomo L, número 184, páginas 282-3, 1H14. Biíuch, Supl. caí., página 533. $ L. 2-2, (i. Se distingue del tipo de la especie por ser a veces algo más grande y por su color negro ébano, con las mandíbulas y los miembros cas- taño obscuro. El borde posterior de la cabeza un poco más distinto y más recto. Los es- capos ligeramente más cortos (fig. 17). Alto Pencoso, coleccionada por Brucli. Un ejemplar en la colección del Mu- seo, obsequiado por Bruch (n" 11.465). Es un Dorymyrmex muy notable por su punta, epinotal larga y arqueada y Fig. i-. — Perfil de Dorymyrmei su largo pecíolo con escama baja con a™»**»^ 5 y «J— «« fren- 1 u te. A la izquierda arriba : epinoto la extremidad triangular que hace tran- y pecíolo ™tos de atrás. Aumer sición a un nudo, estableciendo asi el '" : ± ao (liámeteos - pasaje entre el subgénero Psammomyrma y el subgénero Conomyrma. Ij MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIKES DORYMYRMEX ALBONIGER Forel mil Forel, Formicidea d'Afrique ei d'Amérique nouveaux »« /" » connus. linU. s,,r. V, nul. Se. Xiii.. tomo I.. X" 184. página 283. L9] I Bruch, Supl. ('ni., página 533. 9 L. 5 min. Cabeza, tórax, escama (salvo en la base) y dorso de los segmentos abdominales, salvo una ancha banda en su extremi- dad, ilc un negro apenas parduzco. Todo el resto: miembros, parte de abajo y costados del gáster, de un amarillo pálido, casi blanquizco. Dientes de las mandíbulas par- dos. Mandíbulas bastante chatas, armadas de siete dientes próxima- mente, dos de los cuales son muy pequeños y el terminal muy largo. Las mandíbulas son lustrosas con algunos puntos alargados. Cabeza tan ancha como larga, casi de mitad mas estrecha adelante que en su cuarto posterior, con los costados muy convexos, el borde poste- rior débilmente convexo y los ángulos posteriores muy redondeados. Su cara inferior es casi chata. Clípeo convexo pero sin escama, con el borde anterior casi recto y sin escotadura. Área frontal triangular. Aristas frontales divergentes y rectas. Ocelos pequeños. Una impresión longitudinal sobre latiente. Los ojos poco conve- xos, están situados próximamente en el tercio anterior. El escapo uo alcanza completamente el borde posterior: le falta tanto como su débil espesor. Todos los artículos del funículo, salvo el antepenúltimo, mas largos que espesos. Tórax corto, un poco más estrecho que la cabeza. < 'ara declive del epinoto oblicua, apenas con- vexa, cuatro veces mas larga (pie la basal. Escama muy convexa por delante, casi plana por detrás, inclinada hacia adelante, cortante y bastante puntiaguda en el vértice. Parte de abajo del peciolo con- vexo. Gáster largo, sobrecubriendo un poco la escama adelante. Patas del- gadas. Palpos maxilares muy largos, sobre todo su segundo artículo. Extendido sobrepasa mucho la parte de atrás de la cabeza (como en planidens y mucronatus). Enteramente lisa y muy lustrosa, salvo el epinoto que está muy finamente arrugado transversalmente, por lo menos en parte. Pilosidad erecta, corta (muy corta en la cabeza y el tórax), amarillenta y muy rala, más abundante, pero oblicua sobre los miembros. I'h rango de largas cilias psamóforas o ammoquetas bajo la cabeza, del ras y de costado : un segundo rango mas ralo de- lante del clípeo. Alas subhialinas. GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODERINAS Í3 Alto Pencoso, recogido por Brueh bajo estiércol. Forel no está seguro si es una Psammomyrma o una Gonomyrma. Si las patas no fueran tan pálidas (-recría, que fuese la hembra del Dorymyrmex Brtichi var. elimina. La forma de los palpos hace creer en una Psammomyrma y la es- tatura en J>. Bruchi Fon-I que tiene la mitad de longitud de alboni ger, proporción habitual en este grupo. Subgénero Conomyrma Forel L912 DORYMYRMEX MINUTUS Emery 1895 Emery, Art. Soe. Se. i'hiH. tomo V. página 15. André, Zeitsch, Hym. Dipt., página 365. 1903. Emery, Genera insectorum, fase. 1^7. página '■'•'. Biu'cii. Cat., página 225. L. 2-2,5 nim. Pardo obscuro o pardo rojizo, con las mandíbulas, patas y antenas rojizas o castaño claro, con los miembros más claros. Con ammoqiietas. Pecíolo con escama cuneiforme, espesa en la base, muy adelgaza- da hacia arriba. Epinoto con un cono saliente y agudo. Chubut. Santa Cruz. Parece a primera vista un pequeño />. pyramicus Eog. por la for- ma del corselete pero se acerca mas a />. tener por las ammoquetas y la forma de los palpos. La cabeza es muy lustrosa. Tipo de la Cordillera de Chillan, recolectado por Germain. No existe en la colección del Museo y solo lo conozco por esta bre- ve descripción. DORYMYRMEX EXSANGUIS Forel 1912 Forel, Formicides aéotropiques. Mém. Soe. Ent. Belg., XX. páginas 38-39. 1912. Forel, Formicides d'Afrique et d' Améi'ique, páginas 28r. 359. Bruch, Cat., página 225. L. 3,5. Amarillo pálido y débil: gáster pardo, nubes parduzcas en el vértice, de cada lado del tórax y en su cara declive. Cabeza de un tercio mas larga que ancha, rectangular, ligeramen- te estrechada adelante y atrás, con los costados débilmente conve- II MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES xos; borde posterior bastante nítido, débilmente convexo. Los ojos grandes, situados algo de frente y adelante del medio de los costa- dos de la cabeza, son tan largos como su distancia al borde anterior de la cabeza. El escapo sobrepasa el occipucio de un buen tercio de su longitud. El primer artículo del funículo tres veces y el artículo LO casi dos veces más largo que espeso. Borde anterior del clípeo débilmente convexo hacia adelante. Tórax alargado; promesonoto muy débil- mente convexo de perfil; de arriba muestra costados bien convexos; cara basa! del epinoto débilmente convexa, apenas ascendente, tan larga como la declive, terminado por un cono pequeño parecido al de pyramicus pero mas obtuso. La hendedura mesoepinotal débil; el cono epinotal sobresale solo, pues el perfil dorsal del tórax es subhorizontal. Escama delgada, cor- tante, bastante poco inclinada. Tatas largas y delgadas. Palpos maxilares muy largos, pero de forma ordinaria, alcanzan hasta el pronoto, su cuarto articulo es lar- go y cuino, provisto de pelos curvos. Densamente y finamente punteado y pubescente; tórax más bien refciculado, mediocremente lustroso, la cabeza algo mas lustrosa. Pi- losidad erecta nula en los miembros, casi nula en el cuerpo (uno que otro pelo). Largas ammoquetas bajo la cabeza y en el clípeo; cerdas en las mandíbulas estriadas, con cuatro dientes castaños. Tipo de Iluasán (Bruch). Col. Museo, número L1.062, de La Rioja (Boman). Alto Pencoso, Sierra del Gigante (Bruch). Forkl, Fourmis d' Argentine, etc. flttll. Soo. Vaud. Se. A'»/., tomo SLIX, N" 181, página 242. 1913. Bruch, Supl. Cat., página 533. 9 L. S.Ce.S.S mm. Mandíbulas armadas de seis dientes, el apical muy grande y el tercero y el quinto muy pequeños. En un ejemplar un poco mas obscuro hay una banda parda, convexa hacia atrás y cóncava hacia adelante que se extiende de un ojo hasta el otro, com- prendiendo los ocelos. Dorso del tórax un poco parduzco. Sin cono en el epinoto. Escama alta y cortante. Largas ammoquetas bajóla cabeza y en el epinoto. i torso del gáster castaño con un borde ama- rillo mas o menos grande por detras. Las alas hialinas tienen dos celdas cubitales, las nervaduras amarillentas y el pterostigma pardo. El borde externo de las mandíbulas es muy Inertemente encorvado y GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODERINAS 15 la cabeza subrectangular, casi tan larga como ancha. Los escapos so- brepasan de un tercio el borde posterior. Coleccionado por Carette en Mendoza, conjuntamente con obreras y machos. So la poseemos en el Museo. 1'oKF.L, Fourmis d'Argentine, etc. /»'»//. Sóc. Faud. Se. Wat., X" 181, tomo XLIX, página 243, 1913. limen, Supl. Cat., página 533. C? L. 3,5-3,9 muí. Amarillo apenas un poco rojizo con los miembros y las mandíbulas pálidas. Mandíbulas triangulares bastante anchas, fuertemente convexas, con el borde terminal cortante y un tuerte diente agudo en su extremidad. Cabeza un poco mas larga (pie an- cha, con los costados muy convexos, estrechada adelante y atrás, con el borde posterior recto. Los escapos están lejos de alcanzar el borde posterior, alcanzan el ocelo lateral. Los dos primeros ar- tículos del funículo son muy largos y subiguales, los siguientes de la mitad mas cortos, son apenas dos veces mas largos que espe- sos. Tórax casi tan ancho como la cabeza. Escama muy espesa, un poco redondeada en el vértice, en forma de cono muy bajo y mas larga (pie el ancho de su base. Válvulas genitales externas (estipas) en triángulo alargado. Alas como la hembra, con el pterostigma muy pálido. DORYMYRMEX EXSANGUIS Forel var. CARBONARIA Forel L913 (Fig. 1* y 19) Forjel, Fonrmia d'Argentine, etc. Bull. Sur. Faud. Se. Nat., tomo XLIX. N° 181, página 243. Forel, Formicides A'Afrique il d'Amérique, página 285. filtren, Cat., página 225, 1913. $ L. 2,5-3,4 muí, Notablemente más pequeña que la especie típica de la cual se distingue ademas por su color enteramente pardo (par- do rojizo en mis ejemplares) con las patas y las antenas de un casta- ño más claro. Las mandíbulas y el borde anterior de la cabeza que- dan pálidos. Las patas y las antenas son un poco mas cortas y el borde posterior de la cabeza ligeramente menos convexo. En mis ejemplares los ojos son más grandes que en la especie típi- ca y todos ellos tienen aspecto más robusto (fig. 18). 16 MUSEO NACIONAL I»K BUENOS AIRES Mendoza, coleccionado por Carette. Numerosos ejemplares en la colección . mucronatas. Cacheuta (n° 11569) un ejemplar algo mas obscuro, recogido por mi hija Beatriz. FORELj /'"«/iiii» d'Argentine, etc. Bnll. Soe. Vand. Se. Nat., tomo XLIX. N° 181, página 244, 1913. cf L. 3-3,1 mm. Color enteramente pardo, con las patas mas páli- das y las mandíbulas amarillo pálido. Éstas tienen tres pequeños dientes detrás del apical. El escapo alcanza el borde posterior de la cabeza. Por lo demás conforme al tipo (flg. 19). Mendoza, coleccionado por Carette. Fi. gl8. — Perfil de Dorymyrmex exsanguis carbonaria 25 cabeza de frente v escama vista de atrás. Aumento : + 20 diámetros En la. colección del .Museo tenemos tres ejemplares (n° 10.77<>) co- leccionados por mí en Alta Gracia, conjuntamente con las obreras que presentan algunas ligeras diferencias que enumero a continua- ción. C? L. 3 mm. Castaño rojizo muy obscuro, los miembros ferrugíneos y las mandíbulas amarillas con el borde castaño. Cabeza un poco mas larga que ancha, mas ancha atrás que adelan- te, con el borde posterior recto. GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODERIJiAS 47 Ojos grandes muy convexos, situados adelante de los costados de. la cabeza. Los ocelos muy próximos al borde posterior hasta el cual alcanzan los escapos. El primer articulo del fu- nículo dos veces más largo que espeso, los demás de lon- gitud decreciente. El tórax muy abultado es más ancho que la cabeza. Escama del pecíolo espesa en la base, de perfil muestra un contorno triangular con el lado ante- rior subvertical y el poste- rior inclinado; de atrás su cara es plana y rectangular con el borde superior ligera- mente cóncavo. Estipas esti- liformes (tig. 1!»). Hallados juntos con las obreras número lo. 770 que tienen color pardo anaran- jado rojizo, ojos mas grandes y aspecto más robusto que los de la especie típica. Forel en Formicides d'A- frique et d'Amérique, II par- te, Bull. Soe. Vaud., tomo L, 185, página359, 1915, indica una varie- dad más obscura que el tipo que hace pasaje, a la carbonaria, la cual se caracteriza especialmente por la pequenez y color obscuro del macho. Fig. 19. — Perfil de Dorymyrmei exsanguis car- bonaria rf cabeza de frente ,\ escama vistü dt- airas. Aiunent : + 20 diámetros. DORYMYRMEX BAERI André, 1903 Andüé, E,, Deseríption d' une noitvelle espéee de Dorymyrmex et tablean di- chotomiquc des ouvriéres de ce genre, en Zeitsohrift für systematische Hy- menopterologie und Dipterologie, III año, páginas 364-365, 1903. Emery, Genera Ineeetoram, fase. 137, páginas 37, 1912. Bruch, (Vi/., página 225. $ L. 3,5-4 mm. Enteramente negra o de un negro castaño, así como las antenas y las patas; mandíbulas de un amarillo rojizo con los dientes negruzcos. Todo el cuerpo revestido de una pubescencia ex- is MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES tremadamente fina y mediocremente apretada que forma como una pruinosidad, visible solamente bajo ciertas incidencias. Pilosidad muy rala, compuesta solamente de algunos pelos ¡lisiados, salvo sobre las mandíbulas y en el borde anterior del clípeo que es ciliado con lar- gos pelos; lleva ammoquetas; antenas y patas sin pelos erectos. Todo el cuerpo muy finamente y densamente punteado-coriáceo, poco lustro so; clípeo casi liso y lustroso: mandíbulas estriadas y mareadas de algunos puntos esparcidos. Ojos relativamente grandes y situados algo adelante «le la mitad de los costados de la cabeza : su distancia a las mandíbulas es apenas mas grande que el diámetro longitudinal del ojo: palpos maxilares delga- dos, el quinto articulo insertado en la extremidad del cuarto: el esca- po sobrepasa el borde posterior de la cabeza por lo menos de un cuarto de su longitud. Promesonoto, visto de perfil, poco arqueado; epinoto comprimido, pero no prolongado en cono agudo en su extremidad póstero superior que es inerme o munida de un tubérculo redondeado, apenas sensible. Vista de costado, la cara basal del epinoto es débil- mente convexa, más corta que la cara declive que es plana. Pecíolo provisto de una escama estrecha, cuneiforme, inclinada, bastante es- pesa en la base, muy adelgazada hacia arriba. Tipo de Lara, Tucumán (Baer), 4000 metros de altura. DORYMYRMEX ANTARCTICUS Forel, lü04 Forel, I/iimh. Magalh. Scmvitiélreise, linin'n-.. página 6. Emeiíy, Ocurra insectorum, fase. 137, página 37, 1912. Biiucii. ('ni., página 225. § L. 2,8-3,2 mm. Uniformemente castaño rojizo o amarillento. Man- díbulas como />. tener y l>. pyramicus. La cabeza es mas grande, li- geramente escotada detrás, tan larga como ancha, atrás más ancha (pie adelante. Kl escapo sobrepasa el borde posterior de la cabeza, solo de '/„ a 1 '., de su largo. Tórax como en l>. tener, pero con la superficie declive del epinoto mas corta y la basa! menos ascendente, tan larga como la primera. La escama del peciolo mas alta y delgada que en />. tener. Las pa- tas más cortas. La pilosidad erecta como en l>. tener, la asentada mas larga y rica que en />. tener y D. pyramicus. Todo el cuerpo y los miembros con una pubescencia gris que oculta el brillo. GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICOPKIÍIN \s 49 Escultura profundamente punteada arrugada. Ojos grandes, delante de la mitad de la cabeza. $ L. 7,5 mm. Castaño obscuro negruzco, antenas y mandíbulas castaño, mitad exterior de las mandíbulas, patas y borde posterior de los segmentos abdominales amarillentos. Mandíbulas con 7 dientes. Cabeza mucho más ancha que larga. atrás más ancha que adelante. El escapo de las antenas sobrepasa muy poco el borde posterior de la cabeza. Tórax grande, unís ancho que la cabeza. Pubescencia aun más fuerte que en la obrera. Alas lar- gas con dos celdas cubitales alargadas, amarillentas, con borde casta- lio y nervaduras castaño amarillentas. Mas glande que la hembra de 1>. pyramicus y bien diferente. Punta Dungeness (Santa Cruz), Patagonia austral, recogida el 1 5 de octubre de 1892 en la parte inferior muerta de una mata de Bolax. Esta especie se acerca al I>. tener de Chile por la débil punta del epinoto, pero difiere por la cabeza ancha, el color y la pubescencia. A primera vista se asemeja más a 1>. pyramicus, que tiene sin embaí go una espina más larga. Aunque esta especie, muy variable y difun- dida, posee a veces una cabeza escotada atrás tan ancha como 1>. an- tarcticv,8, jamás la tiene como ésta más ancha detras. Los miembros son siempre más largos y la pubescencia nunca tan fuerte. I). Baeri difiere de J). antarcticus por su cabeza alargada (no más ancha atrás que adelante), por los escapos más largos que sobrepa- san el borde posterior de la cabeza de ' , de su longitud, por los ojos situados más atrás, por el epinoto sin espina y por el color negro. ÍTo tenemos esta especie en el Museo. < ¡orno Forel le atribuye la pilosidad erecta de tener debe tener ammoquetas bajo la cabeza y eso bastará para diferenciarla de pyramicus. DORYMYRMtX TENER Mayr. 18158 (Fig. y 20) Mayr, Formicidae novae americanae eollectae a Prof. P. L. 3,3 mm. Cuerpo pardirrojo, más claro y testáceo en las patas, escapo y antenas. Los dos ejemplares de La Eioja, recogidos por Eovereto, que ligu- MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES raii en la colección del Musen, número 1 L.520 y han sido descriptos por Brethes bajo este nombre, representan en mi opinión la forma ju- venil de la subespecie Richteri Forel, antes de baber adquirido la co- loración definil iva del adulto. DORYMYRMEX TENER M:iyr ■.,,1,,-p. RICHTERI Forel var. DEPILITIBIA Forel 1915 Forel, Fonjiiciáes d'Afrique ei d' imériqut nouveaux ou peu connm. Bull. Soc. I'miil. Se. Nat., tumo I.. Diímero 185, página 359, 1915. Bruch, Supl. i'nL. página 533. 9 3,2-3,5 muí. Difiere del Upo de la subespecie por su cabeza mas ancha y por sus tibias sin pelos. Los escapos ]>'E BUENOS AIRES Tucumán (Shipton) y i><>v mí, número 1 L.304, Jujuy (Scliueb). En el Suplemtuti) al cátala;/» de Iílliell se indica «le Sania Fe, San Luis, Tucumán y Jujuy. DORYMYRMEX PYRAMICUS (Roger) Mayr L863 (Fig. 23, -I \ 25) Rogeu, Die neu aufgeführten '. /.mil. huí. Gesellsch. Wien., XX, página HIT (es colocada en el género Dorymyrmex), L870. Beiíg, F.iiiimtrninni sistemática délos Formícidos argentinos, etc. ./" i'nni. .//;/., tomo 29, página 24, L890. Embry, Fnniiirliv racoolte MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES Tórax visto de arriba mas angosto que la cabeza : pronoto de arri- ba curvo en Micelio circulo hacia adelante, los costados convergentes hacia atrás, pues el resto del tórax es cada vez mas angosto visto de arriba. Tórax de perfil, según la figura 23, pronoto convexo, mesonoto si- guiendo esta convexidad con la sutura pr esonotal poco hendida; tuerte hendedura mesoepinotal ; epinoto con la cara basa] poco con- vexa hasta la espina fuerte y aguda de perfil; la cara declive mas lar- ga que la basal. muestra un escalón frente a la escama. Escama del pecíolo cuneiforme, inclinada hacia adelante, cortante hacia arrilia en su borde superior convexo, visto de atrás (fig. 23). Lustrosa, muy finamente punteada chagrines, escultura algo más fuerte en el tórax. Pilosidad erecta escasa: aninioipietas clipcales. pelos largos en las mandíbulas, unos pocos bajo la cabeza, debajo del pronoto y en las coxas. rubescencia amarillenta finísima, más abundante en los funículos y en el borde de los segmentos gástricos. Abundantes ejemplares de la provincia de Buenos Aires [n° 10.780, Tandil y Sierra de la Ventana, n" 10.675 y 10.678; Saavedra, 11.454; San Isidro. 10.:>7,S; San Fernando, 10.651; Bella Vista, 11.448 y 11.449 recogidos por mí; Palermo, 11.326 y 11.44.". (Zotta)], délas provincias de Córdoba [n° 10.853 y 10.855; Alta Gracia (Gallardo), 1 1.388, Los Cocos (Hauman)], San Luis, sierra del .Morro, n° 11.105 (Pastore), La Rioja, n° 11.521 (Rovereto) y el Carmelo (Uruguay), n° 1 1 .356 (Doello Jurado). Señalada por los autores di' muchas localidades de America, desde la República Argentina hasta el Illinois (Estados Cuidos). 9 L. 4,8-5 mm. Castaño obscuro, gáster castaño negruzco, con id borde posterior de los segmentos castaño y pelúcido; mandíbulas. clípeo y antenas rojo ferrugíneo; tibias, tarsos y parte inferior del pecíolo rojo ferrugíneo amarillento. Cabeza un poco más larga que ancha, ligeramente mas ancha atrás que adelante, borde occipital recto, con los ángulos redondeados. Mandíbulas longitudinalmente esl riadas, pilosas, con id diente api- cal agudísimo, seguido de tresocuatro dentículos fuertesy obscuros. Clípeo subearenado con el borde anterior suavemente sinuado. Ojos situados adelante de la mitad ilr los costados de la cabeza, la distancia del borde anterior del ojo al ángulo exterior del clípeo es próximamente igual al eje mayor del ojo. Inserciones antenales equidistantes entre si y a los bordes latera- GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODERINAS 57 les de la cabeza, el escapo sobrepasa el borde occipital de su es- pesor. Tórax tan ancho como la cabeza, visto de arriba. Escudo poco abo- vedado, longitudinalmente carenado en el plano medio, separado del escudete por una .sutura amarillenta, metanoto apenas visible de arri- ba como un rodete, epinoto poco convexo. El perfil dorsal total del tórax forma una curva continua con depresiones poco marcadas. F¡£. 24. — Perfil de Dorymyrmex pyrctmicus Q y cabeza de frente. .0 diámetros Pecíolo visto de perfil convexo Lacia abajo y provisto de escama cuneiforme con el borde superior bastante afilado, recto visto de atrás y con los costados de la escama divergentes hacia abajo. La base del gáster presenta una depresión donde se aloja la esca- ma que recubre superiormente (flg. 24). Finamente punteado, chagriné, coriáceo punteado más fuertemente en el gáster. Pilosidad erecta muy rala en el cuerpo, falta en los miembros. Ml'SKO NACIONAL HE lil'LNOS AllíKS Ammoquetas clipeales y pelos en las mandíbulas; unos pocos pe- los debajo de la cabeza. Una pubescencia amarillenta muy fina recubre la cabeza, antenas y tórax, más abundante en el gáster, formando flecos en los bordes posteriores de los segmentos gástricos. En los tarsos más abundante ron reflejos dorados. Alas hialinas irisadas, con dos celdas cubitales cerradas, finísima- mente pubescentes, nervaduras y pterostigma pardo claro. Longitud del ala anterior l.S milímetros (fig. 24). Varios ejemplares de Bella Vista (1'». A. P.) recogidos en el misino nido que las obreras ya descriptas número 1 L.448. C? L. .'! mm. Castaño obscuro, casi negro. Antenas pardas o fe- rrugíneas en los ejemplares más maduros, mandíbulas y borde del cllpeo castaño, es- cudete pardo, tibias y tar- sos pardo claro hasta l'errii- gíneo obscuro. Aparato co- pulador castaño o ferrugíneo oscuro. Cabeza casi cuadrada, al- go más ancha que larga, bor- de occipital recto, con los ángulos occipitales redon- deados. Los costados de la cabeza ligeramente convexos y algo convergentes hacia adelante. Man- díbulas longitudinalmente estriadas. Olípeo convexo, de bordes cur- vos convexos, intercalado entre las inserciones antenales muy sepa- radas. Ojos grandes, situados adelante, a la altura de las inserciones antenales, su borde anterior cerca del clípeo. Los escaposno alcanzan el ángulo occipital, pero sobrepasan la mitad de la distancia entre el borde posterior del ojo y dicho ángulo ; les falta poco para alcanzar el ocelo anterior. Tórax visto de arriba mas angosto que la cabeza. Mesonoto visto de arriba semicircular adelante, con los costados ligeramente convexos. Lleva surcos de Mayr. De perfil el mesonoto es en cuarto de circulo adelante y luego recto basta el escudete convexo, algo más alto y se- parado poi una depresión bastante marcada. En el fondo de una pro- funda depresión anteepinotal aparece el metanoto como un rodete estrecho convexo. Epinoto visto de arriba muestra un contorno se- micircular con anuidos laterales algo salientes : de perfil su cara ba- Fjg, 25. — Perfil de Dorymyrmex pyramicui Aumento : ± 20 diámetros GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODERINAS 59 sal es en cuarto de círculo y la declive de doblo longitud lleva un escalón amarillento a la altura de la escama peciolar. Ésta es gruesa y redondeada, casi nodiforme, la cara anterior de convexidad hemisférica y la posterior de menor curvatura. Gáster alargado y ligeramente encorvado hacia abajo. Estipas estüiformes. Pilosidad erecta nula, excepto cortas ammoquetas clipeales y pelos rígidos en las mandíbulas y aparato copulador. Pubescencia amarillenta muy tina, casi invisible en el gáster y las patas, más notable en los funículos. Lustroso, finamente punteado ruguloso coriáceo, mas lustroso en la cabeza que en el tórax y el gáster, éste a veces submate. Alas hialinas, finamente pubescentes, a veces algo amarillentas. con las nervaduras y pterostigma pardo o pardo amarillento claro. Longitud del ala anterior 3 milímetros (fig. 25). Un ejemplar, número 11.326 (Zotta, Palermo, 2(1 nov. 1912); otro, numero 11.448 (Gallardo, Bella Vista, enero lill(i). En 1894 el profesor Emery ' describió como c? de Dorymyrmex pyramicus (Eoger) una forma más pequeña (2-2,5 mi.), negro, con el escapo mas corlo que la suma de los tres primeros artículos del funí- culo, es decir, proporcional y absolutamente de menor longitud que en la forma que dejamos descripta. Me falta material de comparación para deducir si la forma descrip- ta por Emery o la que he dejado descripta corresponde a pyramicus típico a alguna de sus subespecies. Dejo pues la cuestión abierta para los que están en condiciones de resolverla. DORYMYRMEX PYRAMICUS (Roger) subesp. BRUNNEUS Forel, 1911 (Fig. 26) Fouel, Amiistii aus San l'milo. l'araguay. etc. T'crh. rooí. bol. Ges. Wien, tomo LVIII, págiDa 385, lüO* (var. brunnea). Forel, Ameisen des Serrn Prof. r. Ihering aus Brasilien, etc. Deutsch. Enl. Zeitschr, 6 a parte, páginas :;0(j-7, 1911 (subesp. brunneus). Forel, Foiinicides d'Afrique ei d' Amérique. Hull. Soc. Vaud. Se. Nat., tomo L, número 184, página 285. Bruch, Caí., página 225. £ L. 3,5-3,7 mm. Pardo, tórax amarillo castaño, tarsos y parte ante rior de la cabeza pardirroja. Muchas veces pardirrojacon cabeza parda. ' C. Emery, Beitráge zur Kenntniss der nordamerikanischen Ameiaenfauna. Zool. Jahrb. Abth. f. Syst . etc., tomo VIII, pág. 331, 1894. 60 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES Cabeza tan ancha como larga, con los costados muy fuertemente convexos, más convexos que en pyramicus típico. Clípeo más alto y carenado, inserciones antenales más próximas cutre sí que al borde exterior del clípeo (en ■pyramicus típico equidistan- tes). Ojos poco convexos, más grandes que en la especie tí- pica y que en la subespecie Garbei. Mesonoto uniformemente convexo, sin la impresión trans- versa] de pyramicus típico. < 'ara basal del epinoto baja adelante, ascendiendo bruscamente has- ta la espina obtusa posterior. La escama muy delgada y afila- da en el borde, alta, inclinada hacia adelante. Lo demás como Fig. 26. — Perfil de Dorymyrmex pyramims brun- en pijnt niirilx típico (fig. 26). neus ¡5 y cabeza de Frente. Aumento : 20 diá- , , i • i T • < oleccionado poi- Lagier en metros. l ° la Argentina. Señalada por Bruch de Misiones y Jujuy (Schueb), Alto Pencoso (Bruch). Ademas de Brasil y Paraguay. Colección del Museo. (Jn ejemplar determinado por Forel, obse- quiado por Bruch. (X" 1 L.468.) Fokel, Formicides d'Afrique el d'Amérique. Bull. Soe. Vaud. Se. Nat., tomo L, número 184, página 285. 9 L- 6 muí. Cabeza tan ancha como larga con los costados conve- sos, mas angostaque el tórax. Pardo, mandíbulas y costados del clí- peo amarillo rojizo. DORYMYRMEX PYRAMICUS (Eoger) ¡subesp. GARBEI Forel, 1911 (Fig. L'T y 28) Forel, Ameisen des Herrn Prof. r. Ihering mis Brasilien, etc. Deutsoh. Ent. Zeiisehr, 6 a parte, página 307, 1911. 5 L. 3,5-4,2 lililí. Amarillo claro rojizo, gáster castaño. Tarsos y escapos algo pardo amarillo. GALLAKDO : SUBFAMILIA DOLICODERINAS 6Í Muy parecido a la especie típica, pero mas grande; ojos algo me- nores. Cabeza un poco mas ancha pero más larga que ancha, con los costados algo mas convexos, adelante un poco más angosta que atrás. El inesonoto aun mas nítidamente cortado atrás que en la especie típica. El tórax por lo demás igual. Xo lustroso, mas bien mate, mas profundamente reticulado punteado y más fuertemente pubescente (fig. 27). Bahía. He recogido cuatro ejemplares, número 1 L. 956 en el Carmelo (B. O. del Uruguay), (pie coinciden bastante bien con la descripción de Fo- rel, salvo que son algo menores (3-3,2 mm.) y con la parte anterior del eráster amarillo. La cabeza es más ancha, tanto de frente como Fig. i!T. — Perfil de Dorymyrmex pyramicus Garbei 25 v cabeza de frente Aumento : ± 20 diámetros . 5. L. 2,5-3,7 mm. Amarillo claro, palpos maxilares largos hasta la ar- ticulación occipital, pubescencia amarilla abundante, tibias y escapos sin pelos erecto--. /•'. Mué Gooki (Eorel) subesp. brasiliensis Forel. - L. •"> mm. Amarillo claro, palpos maxilares más cortos y débiles, pubescencia y pilosidad erecta menos abundante (fig. 35). /•'. Mué Gooki (Forel) subesp. brasiliensis Forel. var. carmelitana Gallardo. tí. L. 2 mm. Amarillo desvaído, gáster amarillo muy pálido blanquiz- co, translúcido, con la extremidad parda, palpos maxilarestan largos como en brasiliensis. Pilosidad del brasiliensis. Ojos un poco adelante. F. Mac Gooki (Forel) subesp. Fiebrigi Forel. — L. 2-2,3 mm. Amarillo rojizo. Los escapos apenas sobrepasan el borde occipital, pilosidad erecta muy escasa en el cuerpo, fal- tando en los escapos y tibias. ( >J0S en el medio de los costados de la cabeza. F. Mac <'<><>l;¡ (Forel) subesp. brcviscapus Eorel. 7. L. 1,9-2,5 mm. Amarillo rojizo o parduzco, gáster negro, las coxas y parte del tórax a veces en parte negros o parduzcos. Los es- capos sobrepasan apenas el borde occipital. F. Mac Gooki (Forel) subesp. breviscapus Forel var. obscurata Forel. — L. 2, (i-:;. 1 mm. Amarillo rojizo o anaranjado, gáster negro brillan- te con reflejo metálico verdoso. Los escapos sobrepasan el bor- de occipital de ' : de su largo (fig. 36). /'. nigriventris Forel. GALLARDO ¡ SUBFAMILIA DOLICODERINAS 73 8. ( ¡olor negro o castalio con fuerte reflejo metálico azul de acero. For- mas medianas y grandes (de 2 a 4 mm. de largo). '•»■ — Formas pequeüas (de 1.8-2 mm. de largo). 10. í» a. L. L'-^'Ji mm. Color negro con Inerte reflejo metálico azul «le ace- ro, tendiente al verdoso, subopaco por punteado fino. Cabe- za apenas mas larga que ancha, el escapo sobrepasa poco el ángulo occipital. Epinoto convexo. F. chalybaeus Emery. 9 b. L. 2,4-3,5 mm. Color obscuro con esplendor metálico azul, con la cabeza, antenas, tibias y tarsos rojizos. /•'. chalybaeus Emery var. rubriceos Forel. !i r. 3,5-4 mm. Azul metálico obscuro, mandíbulas amarillo rojizo, antenas, tarsos y articulaciones rojizas, tildas pardas con re- flejo metálico. El escapo sobrepasa el borde occipital de ' , de su longitud. Escama espesa y obtusa en el vértice (flg. 39). F. chalybaeus Emery subesp. granáis Forel. 10. L. 1,8-1,9 mm. Color obscuro con reflejo metálico azul. Tórax mas corto que la cabeza, con su perfil absolutamente rectilíneo. Los escapos sobrepasan el borde occipital solo por su espesor. /•'. chalybaeus Emery var. minor Forel. — L. 1,8-2 mm. Azul verdoso metálico, tarsos y mandíbulas amari- llentas, antenas rojizas, patas parduzcas. Gáster blanquizco con ¡a extremidad algo parda. Escama muy baja, muy inclina- da, delgada, cortante en su vértice. F. chalybaeus Emery subesp. albiventris Forel. LISTA DE LAS HEMBRAS» ÜNOCIDAS DE LAS FORMAS DE FOBEL1US DE LA REPÚBLICA ARGENTINA F. Mac Coala Forel subesp. breviscapus Forel var. obscurata Forel. L. 4,G-4,!I mm. Amarillo rojizo, gáster y tórax pardo, salvo el escu- dete amarillento. F. nigriventris Forel L. 5 mm. Amarillo anaranjado, gáster negro con reflejo metálico débil, con el borde distal de los tres primeros segmentos blanquizco. Una mancha parda en forma de V en el mesonoto (flg. 37). 76 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIKES F. chalybaeus Emery L. 4 mni. Castaño cod reflejo metálico débilísimo o nulo. A.las pa- lidísimas. F. chalybaeus Emery var. rubriceps Forel L. 4.2 muí. Castaño con escaso reflejo metálico azulado, escudete pardo amarillento claro, cabeza castaño algo mas claro y gáster cas- taño negruzco, con los bonh-s distales de los segmentos blanquizcos translúcidos. Antenas, patas y mandíbulas castaño amarillento, con dientes casi negros (fig. 38). Forelius chalybaeus Emery subesp. granáis Forel L. 5-5,6 mm. Cabeza rojizo parduzco, gáster y tórax castaño ne- gruzco. Reflejos azulados muy débiles. Alas débilmente teñidas de amarillento con las nervaduras pardo amarillento. LISTA DE LOS MACHOS CONOCIDOS DE LAS POEMAS DE FOBELIl S DE LA REPÚBLICA ARGENTINA F. Mac. Goolci Forel subesp. breviscapus Forel var. obscurata Forel L. 2-2.4 mm. Cabeza parda, el resto de un amarillo parduzco bas- tante obscuro. Alas débilmente amarillentas. F. chalybaeus Emery L. > ."> mm. Castaño con reflejo metálico violáceo. F. chalybaeus Emery var. rubriceps Forel L. 3-.">.5 iiiui. Amarillo sucio con la cabeza pardo claro. F. chalybaeus Emery subesp. granáis Forel L. 3-3,3 mm. Pardo, mandíbulas y miembros un poco mas claros. GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODERINAS 77 DESCRIPCIONES DE LAS FORMAS ARGENTINAS DEL GÉNERO FOREL1US FORELIUS RUFUS n. sp. 5 L. 3-4 muí. Rojo amarillo testáceo; la extremidad de los funícu- los y del gáster negruzco. Parecido a F. ehalybaeus granáis en la talla y estructura pero completamente diferente por la coloración. Cabeza más larga que ancha, el borde occipital recto, ligeramente escotado, visto de algo atrás con fuerte escotadura, ángulos mareados pero redondeados, costados poco convexos. Mandíbulas con estrías finas y puntos profundos alargados, cuatro a cinco dientes fuertes, negros. Los palpos maxilares extendidos alcan- zan el foramen occipital. Clípeo alto, convexo hacia afuera en el medio, con el borde anterior sinuado, convexo hacia abajo en la parte media. Aristas frontales rectas, paralelas, inserciones antenales equidis- tantes entre si y a los costados de la cabeza. Los escapos sobrepasan el borde, occipital de '/. de largo o sea unas tres veces su espesor ; primer articulo del funículo, de una longitud tres veces su espesor: penúltimo dos veces tan largo como espeso. Ojos medianos ((je mayor '/¡ de los costados de la cabeza), situados algo adelante: el borde anterior del ojo dista del borde posterior del clí- peo una longitud aproximadamente igual al eje mayor del ojo; el borde posterior dista del ángulo occipital unas dos veces el eje mayor. Tórax más angosto que la cabeza, vista de arriba. De perfil el pronoto se eleva hasta la sutura promesonotal que es la región más elevada del tórax, sigue el mesonoto de perfil general casi recto y subhorizontal, formando un ángulo obtuso redondeado con el perfil del pronoto. Hendedura mesoepinotal bien marcada. Cara basal del epinoto convexa, continuando insensiblemente con la cara declive recta, descendente y ligeramente unís larga que la ba- sal. Estigma epinotal grande, alejado del perfil. Escama baja nodiforme de borde redondeado, brillante. El gáster muy avanzado hacia adelante recubre la escama alojada en una foseta. Escultura coriácea, punteada ckagrinée, algo más fuerte que en hrasiliensis, acercándose a la de ehalybaeus granáis. Pilosidad erecta rala, fuertes cerdas en las mandíbulas, aimnoquetas clipeales, algunas cerdas obscuras en la cabeza, pronoto y epinoto, más abundantes y claras en el gáster, sobre todo en la extremidad. Cerdas más cortas en las patas. 78 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES Pubescencia invisible con 30 diámetros «mi el tórax, apenas visible en la cabeza, más acentuada en el gáster, los tarsos y las antenas. s ejemplares (n* L1.516) recogidos por E. de Caries en Jujuy (fe- brero de L916). FORELIUS MAC COOKI (Forel) Forel, Espécea nouvellea (I* Fourmia américaines, en Aun. Sur. Ent. Belg. C. I!., lssi;, página xxxix (Iridomyrmex Mac Cunki). Emery, Zeitschr. fíHss. Zool., tomo XLV1. página 389, 1888. Emery, Boíl. Soc. Ent. Ital., tomo XXXVII, página 196, 1905. Bruch, <'<(!.. página 226. 9 L. L'-.'! nuil. Amarillo rojizo: extremidad de los funículos y dien- tes de las mandíbulas negruzcos. Cabeza rectangular, con sus costa- dos casi paralelos, débilmente escotada detrás. Escotadura meso-epi- notal débil y ensanchada. Pronoto y mesonoto formando en conjunto una bóveda. Epinoto débilmente abovedado, no elevado. Escama del peciolo pequeña y estrecha. Todo el cuerpo brillante, muy finamente reticulado. débilmente pubescente, con pilosidad erecta corta, bas- tante rala. El tipo es de Texas recogido por Mac Oook sobre nidos de Pogono- myrmex barbatus. Emery lo señala de Salta, recogido por Silvesrri idebe ser la subes]), brasiliemis Forel). lío existe en la colección del Museo. FORELIUS MAC COOKI (Forel) snbesp. BRASILIENSIS Forel mus Forel, Ameisen aus Sao Paulo, Paraguay, etc. Verh. zool. bot. (¿ex. Wieri, tomo LVIII, página 396, 1908 (var. braslliensis). Forel, Formioidea néotropiquea, V. Méni. Soo. Ent. Belgique, tomo XX. pá- gina 43, 1912 (subesp. braailienaia). Forel, Fourmis d'Argentine, etc., página 241 Bruch. Oí/., página 226. § L. 2,5-3,7 muí. Mayor que la especie típica, de un amarillo mas claro, con pubescencia notablemente mas fuerte, de manera (pie todo el cuerpo aparece cubierto con una pubescencia amarilla (dará que recuerda la del Lasius Jlavus europeo. Cabeza más ancba, casi cuadrada, no mas larga que ancha. Palpos maxilares mucho más largos (pie en la especie típica, alean- GALLARDO : SUBFAMILIA IKJLICODERIXAS 79 zando la articulación occipital, ojos mucho más grandes, casi tan lar- gos como su distancia al borde anterior de la cabeza. Escama mucho más espesa y muy obtusa en su vértice (delgada y cortante en Mac Coolii típico). Tibias y escapos desprovistos de pelos erectos; sólo al- gunas púas oblicuas piliformes en la cara interna de las tibias. Río Grande del Sur (von Ihering). Montevideo (Dr. Eis), ejemplares mayores que los de Río Grande del sur. San Bernardino, Paraguay (Fiebrig). Jujuy (Bruch). En la colección del Museo dos ejemplares de Jujuy obsequiados por Bruch. (N" 11.472.) Los ejemplares recogidos en Salta por Silvestri y determinados como Mac Gooki típico por Emery deben pertenecer a esta subespe- cie. dada su distribución geográfica. FORELIUS MAC COOKI (Forel) subesp. BRASILIENSIS Forel var. CARMELITANA a. var. (Fig. 35) £ L. 3 mm. Palpos más cortos y mas débiles que en brasiliensis. La pubescencia y hi pilosidad erecta menos abundante. Fig. 35. — Perfil de Forélius Mac Cooki brasiliensis carmelitana t* Abajo perfil de la obrera repleta, cabeza ib- trente. Aumento : ± 20 diámetros numerosos ejemplares (n° 11.351) recogidos por mí en Carme- lo (R. del Uruguay) el 11 de noviembre de 1915, en un hormiguero mi MUSEO NACIONAL I>K BUENOS AIRES excavad" en la arena juna de un médano, con cuyo color casi se con; funden estas hormigas claras. Algunas obreras tienen el gáster su- mamente distendido (fig. 35). FORELIUS MAC COOKI il--..ivli Mil..-*).. FIEBRIGI Forel 1912 Forel, Formieides néoiropiques, V. Mém. Soc. Ent. Tielgique, torno XX. pá- gina 14. 1912. 9 L. 2 niin. Palpos tan largos como en el brasiliensis. Difiere de este último y del tipo de la especie por el perfil de su tórax absoluta- mente sin hendedura, mas deprimido aún que en el chalybaetis Bmery, casi chato, salvo el pronoto adelante. Los costados de la cabeza mas convexos. Gáster de un amarillo muy pálido, blanquizco, translúcido, con la extremidad parda; el resto de un amarillo desvaído ; miembros amarillo blanquizco. Escama delgada, como en la forma típica. Pilo- sidad del brasiliensis. Extremidad de los funículos parda. lil resto como el tipo de la especie. San Bernardino, Paraguay (Fiebrig) recogido junto con brasi- liensis. Forel no cree que pueda tratarse de polimorfismo en esta forma pigmea. FORELIUS MAC COOKI (Forel) subesp. BREVISCAPUS (Forel) 1913 Forel, Fourmu d'Argentine, etc. /;«//. Soc. /'«»./. Se. Xnt.. tomo XLI.X. número 181, página 241. 1913 (subesp. Fiebrigi var. breciscapá). Forel, /•'"//. Soc. Vaud. Se. Nat., tomo L. número 185, página 359, 1915 (subesp. breviseapus). Brüch, Supl. rni.. página 534. $ L. 2-2,3 mm. Un poco más grande y de color mas obscuro (mas rojizo) que el tipo de la raza. Los escalios son un poco mas cortos, so- brepasando apenas el borde occipital. La pilosidad erecta falta por completo en los escupos y en las tibias y casi enteramente en el cuer- po, lo (pu- la distingue sobre todo de la brasiliensis Forel. Los ojos están en el medio (un poco adelante en Fiebrigi). Buenos Aires (Rovereto), Diamante (Bruch). Dos ejemplares de Entre RÍOS y dos de Diamante obsequiados por Brucli. en la colección del Museo. iN" 1 1.473.) GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODERINAS 81 FORELIUS MAC COOKI (Forel) snbesp. BREVISCAPUS Forel 1914 var. OBSCURATA Forel Forel, Formicides d'Afrique et d'Améñqiie. Bull. Soe. final. Se. Nat., to- mo L, página 184. 1914. Bruch, Su/pl. coi., página 534. $ L. 1,9-2,5 umi. Se distingue del tipo de la subespecie por su gáster negro. El tórax y las coxas son a menudo también, en todo << en parte, negros o más o menos parduzcos. La cabeza es de un amari- llo rojizo o a veces también de un amarillo parduzco. 9 L. 4,6-4,9 muí. Misma diferencia que para la obrera pero menos marcada. El gáster es mas bien pardo, así como el tórax, salvo el es- cudete que es amarillento. cf L. 2-2,4 niin. Cabeza parda, el resto de un amarillo parduzco bastante obscuro. Mandíbulas con solo uno/) dos dientes, ('alteza cua- drada. El escapo alcanza el cuarto posterior de la cabeza que es mas estrecha que el tórax. Los ojos ocupan la mitad anterior de la cabe- za. Alas débilmente amarillentas. Una hendedura bastante fuerte en- tre el escudete y el mesonoto. Estipas grandes, triangulares, pero con los costados convexos. Cañáis (Córdoba) (Weiser), Tucumán (Shipton). Estos últimos tie- nen el tórax y las coxas rojizas. Un ejemplar 5, número 11.325, de Catamarca, recogido por Marelli. FORELIUS NIGRIVENTRIS Forel 1912 ( I- 1 - 36 v :¡7) Nombre vulgar : hormiga hedionda o añapera (Santiago del Estero) Forel, Formieidea néotropiques (part. V). Mém. de la Soc. Ent. de Belgique, torno XX. página 44-45, 1912. Bruch, Cut.. página 226. £ L. 2,0-3,4 min. Amarillo rojizo o anaranjado, con el gáster de un negro brillante, ligeramente verde metálico. Mandíbulas armadas de siete dientes desiguales, más o menos lus- trosas, punteadas, en parte débilmente estriadas. Cabeza trapezoidal, ensanchada detrás, de costados bastante con- vexos y con el borde posterior débilmente pero netamente cóncavo. ANAL. MUS. NAC. — T. XXVIII (MATO 8, 1916) * 82 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES ojos grandes, como en F. .!/<«• GooM brasiliensis. Antenas más delga- das que en Mac Goóki, los escapos sobrepasan el borde posterior de un tercio de su longitud. Los dos antepenúltimos artículos del funí- culo francamente mus largos que espesos (apenas mus largos que es- pesos en el Mac GooM). Pulpos maxilares un poco más cortos que en brasiliensis. Promesonoto subdeprimido, muy débilmente convexo: el pronoto no os mus convexo hacia adelante, hacia el cuello, que hacia atrás, mientras que en chalybaeus y Mebrigi es convexo adelante. ( !ara basal del epinoto más elevada que el mesonoto, débilmente convexa, descendiendo adelante, lo que provoca una débil hendedura torácica ; la cara basal es cuadrada, mas larga que la declive, (pie es muy oblicua y corta. Escama extremadamente baja, soldada al peciolo más o menos como en Tapinoma, subhorizontal, uo formando adelante mas que una Pig. 36. — Perfil de Forelius nigriventrit >' j cabeza de frente. Abajo perfil del peciolo Aumento : --_ 20 diameti-os pequeña escalera, no obstante ser ucuniinuda en el medio del borde superior de esta escalera que corresponde al borde superior de la esca- ma. El gáster sobresale arriba de la escama y tiene una cavidad oval para alojarla como en Tapinoma. Patas largas (fig. 36). Pastante lustroso, densamente punteado, en parte un poco ret ¡cu- ludo; pubescencia como en el tipo de Mac GooM, asi como la pilosi- dad erecta corta, que es aun más abundante, muy aparente en la cara externa de las tibias y en los escupos. Huasán, 1300 m. (Bruch), en un terreno arenoso. Esta especie está netamente caracterizada por la forma de la escama. Numerosos ejemplares (10.790, 10.791, 10.953, 11.329) recogidos por mis hijos y por mí en Alia Gracia, ((¡00 ni. sobre el nivel del mar) con la hembra fecunda y en Tucumán (11.304). Fueron mantenidos en nido artificial según refiero en Observacio- nes salín' algunas hormigas l>' Forelius nigriventris Q desalada y cabeza de frente AutiR'uto : + 2(i diámetros por los bordes blanquizcos de los tres primeros segmentos del gáster y por su tamaño mayor. Además de la fina pubescencia que cubre todo el cuerpo, especial- mente el gáster, hay pelos coi-tos erectos en general sobre todo el insecto. El borde, del clípeo lleva una media docena de ammoquetas. Las mandíbulas llevan cinco fuertes dientes, su superficie esta marcada de gruesos puntos hundidos: el clípeo es casi liso, amplia- mente sinuado en su borde anterior. La cabeza es casi cuadrada, su borde posterior ligeramente excavado. La distancia de los ojos albor- de anterior de la cabeza es menor que el diámetro longitudinal y su distancia al borde, posterior mayor que el mismo diámetro de los ojos. 84 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES Las alistas frontales rectas se detienen antes del nivel del medid de los ojos (ñg. 37). La trente en el burile antero-interno de los ojos es menos densa- mente punteada une el resto de la cabeza que es finamente chagriné. El tórax es también punteado por arriba, mientras que las pleuras y el segmento medio son ti ñámente chagrines. La escama es seme- jante a la de la obrera pero más alta. El gáster es finamente y den- samente punteado. Recogidas por mí en Alta Gracia (n° L1.329) con las obreras en el nido. FORELIUS CHALYBAEUS Emery 1905 Emery, Boíl. Soc. Ent. Ral., tomo XXXVII, páginas 17i¡-177. 1905. Bruch, Cal., página 226. ^ L. l!-l!,(i mm. ('olor negro o castaño, con tuerte esplendor metá- lico azul de acero, tendente al verdoso, subopaco por punteado tino: pubescencia pruinosa. Mandíbulas, antenas y patas castaño, forma y estructura de F. Mac GooM. La cabeza es mas corta que en éste, apenas más larga que ancha: las antenas son más cortas, el escapo sobrepasa poco el ángulo occipital : el epinoto es más convexo, me- nos anguloso y por consiguiente el estigma aparece de perfil más dis- tante del contorno posterior. Varias obreras de Puerto Madryn (tipo) recogidas por Silvestri. Una obrera de Puerto Camarones (tipo) recogida por Silvestri. Mendoza (Jensen) cotipo de Silvestri. Buenos Aires, Catamarca (Bruch). Numerosos ejemplares en la colección del .Museo recogidos por Ro- vereto en La Rioja. Números 1 1.062 y 1 L097. La Rioja (Loman). Número 11.246. Puerto Madryn. Chubut (Doello-Jurado). Números 11.1(14 y •">. Sierra del Morro de San Luis (Pastore). Número l-t.47'.l de .lesús Mana (Córdoba) recogido por la señorita de Guerrico. N° 11.54!) de Catamarca (llaunian). Numero 1 1.560 de Cacheuta (señorita de Gallardo). 9 L. ±4 mm. Color castaño, con reflejo metálico débilísimo o nulo. Cabeza más larga (pie ancha; el escapo no alcanza el ángulo occi- pital (le sobrepasa en el F. Mac GooM); tórax robusto, tnásanchoque la cabeza; pecíolo mucho más alto «pie en la obrera. Alas palidísi- mas, con dos celdas cubitales cerradas, sin celda discoidal. Cf L. algo más de 3 nuil. Castaño con reflejo metálico violáceo. Ca- GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODERINAS 85 beza como en el F. Mac CooJci ; escapo tan largo como la suma de los tres primeros artículos del funículo; tórax ancho, epinoto convexo. En las alas las nervaduras de las celdas cubitales desvanecidas. Puerto Madryn (Cbubut), 7 de diciembre de L899. Silvestri recogió tres hembras y machos en copula, dos de las hembras son muy páli- das y aparentemente no maduras. La colección del Museo carece de formas sexuales que me son desconocidas. FORELIUS CHALYBAEUS Emery var. RUBRICEPS (Forel) (Pig. 38) Forel, Formicides d'Afrique et d'Amérique, en Bull. Soe Vaud. Seien. Nat., volumen L, número 184. página 286, HUÍ (snl>rsp. granáis var. rubriceps). Brucii, Supl. ful., página 533. § L. 2,4-3,5 mm. Algunas formas mas grandes (pie la especie típi- ca, ile la cual se distingue por la cabeza, antenas, tibias y tarsos ro- jizos. Borde occipital recto, concavo visto de atrás. La obrera gran- de de 3,2 milímetros tiene el tórax castaño y solo muestra en el gáster el color obscuro con reflejo metálico. C? 3-3,5 mm. Mas claro «pie F. chalyiaeus granáis, de un amarillen- to sucio con la cabeza pardo claro. Alto Pencoso (Bruch). En un terreno duro, saliendo por un cráter de 15 a 30 centímetros de diámetro, de nidos subterráneos de 35 a ■40 centímetros de profundidad. [Numerosos ejemplares en el Museo, recogidos por Hauman (n° 11.387) en los Cocos, Sierra de Córdoba, entre ellos la hembra desalada, que describo en seguida. 9 (aun no descripta). 4,2 mm. Color castaño con escaso reflejo me- tálico azulado, escudete pardo amarillento claro, cabeza castaño algo más claro y gáster castaño negruzco, con los bordes (lisíales de los segmentos blanquizcos translúcidos. Antenas, patas y mandíbulas castaño amarillento, con dientes casi negros. Cabeza casi cuadrada, el escapo alcanza y sobrepasa ligeramente el borde occipital recto. El tórax algo más angosto que la cabeza (tig. 38). Escultura rugosa coriácea, más marcada en el gáster. Pubescencia fina en la cabeza, escasa en el tórax y abundante y dorada por reflejo en el gáster. La pubescencia cubre también los miembros. si; MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES Pilosidad erecta esparcida en el cuerpo, más escasa aún cu las ¡ta- tas. Cenias inertes en el clípeo y las mandíbulas, algunas cenias rec- tas bajo la cabeza. Forel refiere esta variedad a la subespecie granáis pero ofrece mu- cha mas semejanza con la especie típica a la cual creo que debe re- lacionarse. Solo por las obreras grandes se acerca a las dimensiones (le granáis sin alcanzar su talla y su robustez. La hembra es mucho más pequeña (4,2 mm. para rubriceps y 5,5-6 Fi~. 38. —Forelius chalybaeus rubriceps lóselas. Cabeza un poco mas larga que ancha, trapeciforme, mediocremente ensanchada hacia atrás, bastante fuertemente cóncava en su borde posterior, con los costados mediocremente convexos. Los ojos gran- des tan largos como su distancia al borde anterior de la cabeza. El escapo sobrepasa el borde occipital de un buen cuarto de su longi- tud (3 '/i veces su espesor). Todos los artículos del funículo mucho mas largos que espesos. Forma del tórax como en el Mac Coóki brasiliensis, con una hendedu- ra torácica muy marcada, pero la cara basal convexa del epinoto es más larga, tan larga como la cara declive. Escama inclinada, muy espesa, más espesa aún que en el Mac Goolci hrasiliensis, pero com- pletamente obtusa en el vértice, nada acuminada, mucho más eleva- da que en albiventris y sobre todo que en nigriventris. Gáster avan- zado hacia adelante con una depresión para alojar la escama. Patas mucho más largas que en las otras dos subespecies (fig. 31)). Escultura de albiventris, pero más fuerte ; -áster casi reticulado. Pubescencia mediocre. Pilosidad erecta muy esparcida sobre el cuer- po y sobre las patas (comprendiendo las tibias), nula en los escapos. Huasán, 1300 m. (Bruch), sobre un higo podrido. El chalibaeus típico forma en cierto modo transición entre las for- mas extremad albiventris y granáis; sin él se debería considerara estas dos últimas como especies distintas. MUSEO N ICIONAL DE BUENOS AIEES Numerosos ejemplares (n° 10.941) de Catamarca, coleccionados por empleados de la Defensa Agrícola, á pedido del ingeniero agrónomo [ssouribehere. Porel, Formicides d'Afriqueei d'Amerique. Bull. Soc. Vaud. Se. Nat., nu- mero 184, página 285, 1914. Bruch, Supl. iiit., página 533. 9 L. 5,5-G min. Mas grande que la de la especie típica y también mas obscura; gáster y tórax de un castaño negruzco. Cabeza de un rojizo parduzco i> de un pardo rojizo, claramente más estrecha FÍL r 39. IViiil de Forelius chalybaeué granáis Q y cabeza de frente Aumento : ± i'n diámetros adelante que atrás (en la especie típica la cabeza es bien más estre- cha detras), no más ancha a la altura de los ojos y nías larga. La cabeza es tan ancha detrás como larga. Los reflejos azulados son un poco nuís débiles. El tórax es también más ancho, tan ancho como la cabeza (mas estrecho en el tipo de la especie). Alas debilinen te teñidas (le amarillento con las nervaduras de un ¡tardo amari- llento. cf L. 3-3,3 nini. Color pardo; las mandíbulas y miembros un poco mas pálidos. Tórax un poco más ancho que la cabeza: esta ultima un poco mas ancha que larga y bastante cuadrada. El escapo alcanza al segundo tercio de la cabeza. Estipas triangulares, pero bastante pun- tiagudas en la extremidad. GALLARDO : SUBFAMILIA I mLIi ni >KK 1NAS 89 FORELIUS CHALYBAEUS Emery subesp. ALBIVENTRIS Forel 1'iiiucL, Formicides néotropiques, V. Mein. Soe. /;»/. Belgique, tumo XX, pá- gina 45 y 46. Bruch, Cat., página 226. ^ L. 1,8-2,1 mm. De un azul verdoso metálico. Tarsos y mandíbulas amarillentas, antenas rojizas, patas parduzcas. Gáster blanquizco, con la extremidad más o menos parda, con un débil reflejo metálico, Cabeza rectangular, de l / e más larga que ancha, de costados apenas convexos, tan ancha adelante como atrás, donde es débilmente cón- cava (un poco ensanchada atrás y con los costados mucho mas con- vexos en el tipo). Mandíbulas subopacas, densamente estriadas. Ojos tan largos como su distancia al borde anterior. El escapo sobrepasa el borde posterior apenas 1 '/s veces su espe- sor (bien más largo en el tipo). Antepenúltimos artículos del funículo tan espesos como largos. El pronoto es convexo, pero horizontal de- trás. Perfil del dorso del tórax horizontal, apenas convexo y sin vesti- gios de hendedura; suturas distintas, pero linas. ( 'ara declive del epi- noto oblicua, un poco más larga que la basal. Escama muy pequeña, muy baja, muy inclinada, delgada, cortante en su vértice. El gáster avanzado hacia adelante, recubre al penólo y forma una depresión para alojar la escama. Coxas anteriores bastante anchas. Bastante lustroso, densamente punteado, mediocremente pubescen- te. Pilosidad erecta muy esparcida sobre el cuerpo, nula en las tibias y los tarsos. Huasán, 1300 m. Bruch. Un gran número de obreras, todas de la misma talla. Nidos con cráter, en un terreno arenoso. Esta encan- tadora raza pigmea difiere notablemente del tipo de la especie por su escama cortante, su pequeña talla y su color. Tres ejemplares en la colección del Museo (n° 11.471), obsequia- dos por Bruch (cotipos), procedentes de Huasán, 19 de noviembre de 1912. 90 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES GÉNERO IRIDOMVRMEX Mavr Iridomyrmex. Mayr, Myrmecologiachc Studien, Veril, zool. bot. Ges. Wxen, tomo XII. página 702. 1862. Hypoclinea (en parte). Mayr, Formieidae novaí americanae collectcn " Prof. ]'. Strobel, en Aun. Soc. Xni. Modena, i. mío III. páginas 161-181, pági- na 1(34, 1X08. .\V«.' Formiciden, en Verh. zool. bot. Ges. H'ích. tomo XX, página 958, 1870. CARACTERES obrera. — Monomorfa, variando a veces considerablemente de ta- lla, pero poco de forma. Cabeza a menudo escotada por detrás, estrechada adelante y to mando en los rasos extremos un aspecto cordiforme. Borde anterior del clípeo redondeado, truncado osinuado. Palpos maxilares de seis artículos, los labiales de cuatro. Antenas de 1 L' artículos, los artículos del funículo disminuyen de longitud y engruesan insensiblemente del primero al penúltimo. Ojos colocados en el medio o adelante del medio de los costados de la cabeza. Los ocelos faltan siempre. Corselete más o menos impresionado sobre el dorso, delante del epinoto. Peciolo provisto de una escama más o menos fuertemente inclina- da hacia adelante. El "áster no se prolonga ordinariamente hacia adelante sobre el pecíolo; excepcionalmente y en formas exóticas, cuando la escama es muy deprimida e inclinada, el segmento basal avanza y recubre su- periormente el pecíolo, mas o menos como en Ta/pinomao Forelius. Hendedura cloacal infera (li.u. lo. 11. 12, 43, 45 y 46). Molleja corta y ancha: cáliz grande, reflejo sóbrela bola y cubrién- dola toda entera, cuando se mira el órgano de costado: visto de lien le el cáliz tiene la apariencia de una cruz maciza con las extremida- des de los sépalos dilatados en forma de ancla. Secreción de las glándulas anales generalmente con olor a mante- ca o coco rancios. Hembra. — Mucho mas grande que la obrera. GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODEKINAS '.'1 Ala anterior con la celda radial cerrada: dos celdas cubitales ce- rradas y una celda discoidal (fig. 42 y 44). Macho. — Del tamaño de la obrera o más pequeño; cabeza chica. Mandíbulas estrechas, más o menos puntiagudas <> cortantes o aun provistas de un pequeño número de dientes, rara vez (en un pequeño número de especies de América) anchas y denticuladas. Antenas filiformes, escapo más corto que el segundo articulo del funículo (según Forel, el escapo del /. dispertitus (Porel) alcanza el borde posterior de la cabeza y es más largo que el segundo articulo del funículo). Ojos colocados adelante. Corselete alto y largo ; mesonoto abovedado hacia adelante, recu- briendo superiormente él pronoto y más o menos la cabeza Pecíolo provisto de una escama ancha. Armadura genital pequeña, relativamente al gáster, que es a su vez mucho unís corlo (pie el corselete; estipas cortas en triángulo re- dondeado, saliendo de una escarnida amplia, que ordinariamente no es visible en los ejemplares secos; volselas terminadas poruña punta larga, aguda, rara vez ganchuda, generalmente provista hacia abajo de una rama puntiaguda. Ala anterior generalmente con una sola celda cubital cerrada (ti g. 3, 4, 40, 41, 41', 4.".. 16); en algunas especies australianas las alas del macho son como las de la hembra. ETOLOGIA Estas hormigas tienen mucho parecido en su manera de vivir con Tapinoma. lie observado durante más de diez años las costumbres de Iridomyrmex humilis Mayr que infesta mi casa di- campo y he podido comprobar muchas de las particularidades que menciona Porel en su célebre libro Lesfourmis de la Suisse para Tapinoma erraticum, en particular, la facilidad con que cambian de nido según los estados atmosféricos, transportando en sus caminos la cría, reinas, etc. Este debe ser el modo de dispersión natural, pues como lo observan Wilmon Newell y Barber en The Argentine Ant, la propagación se hace lentamente alrededor de los focos de Iridomyrmex y solo se ha observado un vuelo nupcial en Luisiana. Por mi parte, no he visto nunca vuelo nupcial en mi quinta y la propagación es tan lenta, que apenas alcanza a 500 metros alrededor de la casa en más de diez años, sin observarse una sola de estas hormigas fuera de este radio. !)2 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES Según Emery, la mayor paite de las especies de Tridomyrinex que han sido observadas anidan en el suelo y cultivan pulgones, Una es- pecie de las islas de la Malesia (I. myrmecodiae Emery y sus varieda- des) es conocida desde hace largo tiempo a cansa de las relaciones simbióticas como unas plantas singulares de los géneros Myrmecodia Hydnophytum y Myrm&phytum. Estas rubiáceas mirmecóñlas comprenden unas <¡o especies confina- das en la región austromalaya y son epífitas que viven en sitios ca- lidos y asoleados. Poseen tallos bulbosos llenos de cavidades que co- munican con el exterior por pequeños orificios. Estas cavidades están casi siempre habitadas por hormigas, especialmente por 1. myrmeco- diae. Rumphius en 1750 consideraba a la planta Myrmecodia como un zoolito, creyendo que las hormigas juntaban palitos y formaban un nido del cual germinaba la Myrmecodia. La llamó por consiguien- te nidus germinans formicarum rubrarum et nigrarum. La opinión actual es (pie las hormigas aprovechan para nidificar las cavidades preexistentes «leí tallo bulboso, pues Forelha mostrado que las cavidades aparecen en el tallo joven sin intervención de las hormigas, las (pie sólo las agrandan al entrar a habitarlas y (pie exis- ten plantas que a pesar de no ser ocupadas por hormigas muestran ca- vidades y vegetan tan vigorosamente como las que poseen hormigas. Esto es contrario a la teoría de la simbiosis, aunque Miehe (Biol. Centrall., tomo XXXI, pág. 733-738, 1911) cree que los excrementos de las hormigas depositados en las cavidades de la Myrmecodia con- tribuyen a nutrir la planta. La especie sudamericana Iridomyrmex humilis Mayr se aloja en cualquier depresión o cavidad, tanto vegetal, bajo cortezas, etc.. como en las casas o en cuevas subterráneas. Sus costumbres han sido estudiadas con todo detalle en diversos tra- bajos de Wilmon Newell y especialmente en el publicado en colabora- ción con Barberen L913, bajo el titulo de The Argentine Ant (Boletín 122 de la oficina de entomología del Departamento de agricultura de los listados Unidos) (pie contiene una lista bibliográfica hasta 1911. Por mi ]iarte, me he ocupado de esta hormiga invasora en trabajos anteriores '. 1 Gallardo, A.. Observaciones sobre una hormiga invasora « Iridomyrmex humi- lis» Mayr. en Boletín Sociedad Physis, tomo I. páginas 133-138. Diciembre 11)12. Gallardo, A.. Dos palabras uní* acerca 7). completada con datos mas recientes, es la siguiente : /. analis (Em. André), Nuevo Méjico, California, etc. var. pruinosa Emery, florida, hasta Nueva Jersey; Bahamas. /. d/s/icrtitus Forel, Guatemala, Panamá. subesj). micans Forel, Brasil (San Pablo), [Misiones (Joergensen), según Bruch]. /. humilis Mayr, República Argentina, República Oriental del Uru- guay, Brasil, importada a la America del Norte, Madeira Portugal, Bélgica, Inglaterra, Colonia del ('alio de Buena Esperanza, el c. subesp. angulata Fmery. Bolivia, Brasil. GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODERXNAS 95 subesp. platensis Forel, Buenos Aires. subesp. platensis Forel var. transíais Forel. Buenos Aires. subesp. Gallardoi (Bréthes), Córdoba, Tucumán. /. iniquus Mayr, Colombia. var. nigella Emery, Costa Rica. /. Eeiteli Forel, Haití. /. le ii cómelas Emery, Brasil. /. melleus Wlieeler, Puerto Rico. var. fuscescens Wlieeler, Puerto Rico. subesp. succinea Forel, Brasil. I. pilifer Mayr, Colombia. La única de estas formas que ha mostrado las cualidades invasoras t|iie pueden convertirla en plaga es Tridomyrmex Immilis, que va en camino de propagarse por todas las regiones templadas y cálidas del mundo, transportada por el comercio, debidoasus costumbres de for- mar nidos en cajones con pajas, fardos de pasto, etc. LISTA DE LAS FORMAS DE IB1DOMYBMEX ENCONTRADAS EN LA REPÚBLICA ARGENTINA Obreras Iridomyrmex humilis Mayr L. 2,2-2,6 mm. Castaño, tórax, escapos y patas algo más páli- das; mandíbulas amarillentas; ápices de cada artículo del funículo negruzcos (fig. 40 y 41). I. humilis Mayr subesp. platensis Forel L. 2,2-2,3 mm. Pardo más obscuro, un poco negruzco en la cabeza y el gáster (fig. 42). I. humilis Mayr subesp. platensis, var. transíais Forel L. 2,5-2,8 mm. Misma coloración (fig. 43). Es sumamente difícil en la práctica distinguir estas formas que entran en los límites de variación de la especie típica. En las formas sexuales se notan mayores diferencias. 96 MUSEO NACIONAL I>K BUENOS AIRES /. humilis Ríayr subesp. Qallardoi (Brétbes) L. 1,6-2,2 mm. Castaño obscuro, casi negro, gáster negro, antenas y patas pardas; mandíbulas y casi todo el escapo ferrugíneo (fig. i"> . Iridomyrmex dispertitus Forel, sabesp. micans Forel L. 2,6-2,8 mm. Castaño obscuro (fig. 46). Hembras Iridomyrmex humilis Mayr L. 4,5-5 mm. Castaño obscuro ; antenas, patas y márgenes posterio- res ilc lus segmentos gástricos rojizos; mandíbulas, suturas del tórax y articulaciones de las patas amarillas. Alas algo pardas (fig. 40 y 41). /. humilis Mayr subesp. platensis Forel L. 5,5 mm. Casi negro, miembros pardo rojizo, mandíbulas y tar- sos rojizos. Alas hialinas o subhialinas; con la celda discoidal cua- dranglar (fig. 41'). /. humilis Mayr subesp. platensis, var. transiens Forel L. 5-5,9 muí. Algo más obscuras las alas y la coloración general que en la especie t ípica. Celda discoidal pentagonal (fig. 44). Machos Iridomyrmex humilis Mayr I.. 2,8-3 mm. Castaño obscuro, antenas, patas, mandíbulas y geni- tales amarillo sucio pálido. Alas hialinas ahumadas (fig. 40 y 41). /. humilis Mayr. subes] >. platensis Forel L. 2,2-2,5 mm. Casi negro, miembros pardo rojizo, mandíbulas y tarsos rojizos. Alas algo teñidas de pardo (fig. 12). 1. humilis Mayr subesp. platensis Forel var. transiens Forel L. 2,3-2,6 mm. Color como platensis y alas de coloración inter- media (fig. 43). GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODERINAS 97 Iridomyrmex dispertitus Forel subesp. micans Forel L. 2,2 rom. Castaño. Alas casi grises por la pubescencia acibérente '. macho visto de arriba; ",. ca- beza del macho «!<■ frente; a., perfil del peciolo del macho; 6, obrera vista ele arriba; /', cabeza de la obrera de frente ; b perfil del peciolo de la obrera; c, hem- bra desalada vista de arriba; <-,. cabeza de la hembra de frente <\ perfil del pe- ciolo
  • 20 diámetros to que las antenas, patas, mandíbulas y genitales internos son de un amarillo sucio pálido. Cabeza muy achatada; incluyendo los ojos achatados, tan ancha como larga. Vértice y ocelos prominentes. .Mejillas cortas. Mandíbu- las pequeñas, con un solo diente acuminado apical. Borde (dipeal anterior recto. Antenas delgadas; escapo sólo entre tres y cuatro veces tan largo como ancho; primer artículo funicular globoso, más ancho (pie cualquiera de los otros artículos: segundo articulo del funículo mucho mas largo que el escapo; artículos 3-5 demás en mas cortos; artículos 6-12 considerablemente mas cortos y mas delgados. Tórax muy robusto, (díptico, mas ancho que la cabeza, (pie es sobre cubierta por el mesonoto redondeado y prominente hacia adelante GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODEEINAS 10Í Escudete aun más prominente que en la hembra. Epinoto con sus caras basal y declive snbiguales, la primera ligeramente convexa, la ultima débilmente cóncava, formando un ángulo entre ellas. Pecíolo pequeño, su nudo con el margen algo embotado, ligeramente incli- nado Lacia adelante, (ráster muy pequeño, elíptico alargado, con val- vas genitales externas pequeñas redondeadas. Patas delgadas. Alas con una celda discoidal cuadrilátera y una celda cubital bien des- arrollada (no dos, como dice Wheeler). El margen costal es deprimido o doblado hasta la proximidad del estigma (tig. 40 y 41). Escultura, pilosidad y pubescencia como en la obrera. Alas hiali- nas ahumadas, con venas y estigma pardos. Numerosos ejemplares en la colección del Museo : Número 10.503, de Villa Urquiza (Carbonell). Número 10.534, de Buenos Aires (Jardín Botánico). Números 10.827, 10.559,11.354,11.502, de Bella Vista, Buenos Aires (Gallardo). Número 11.058, de Olavarría (señorita Lydia Dupuis). Número 11.273, del Carmelo, República Oriental del Uruguay (Doello-Jurado). Número 11.407, de Martín García (Bruch). Las formas sexuales provienen de Bella. Vista. IRIDOMYRMEX HUMILIS Mayr subesp. PLATENSIS Forel 1912 (Fig. 42) Forkl, Formicides néotropiques, V. Mém. Soc. lint. Bélgique, tomo XX, pá- gina 46. 1912. Bruch, Caí., página 226. 2 L. 2,2-2,3 mm. Color de un pardo más obscuro, un poco negruzco en la cabeza y el gáster. Cabeza mucho más rectangular y con los eos tados menos convexos, menos enangostados adelante que en el tipo, poco ensanchada detrás. El escapono sobrepasa el borde posterior más que dos veces su espesor. Antepenúltimos artículos del funículo tan espesos como largos. Cara basal del epinoto mas corta y un poco más convexa que en el tipo de la especie. 9 L. 5,5 mm. Cabeza en trapecio, con los costados menos conve- xos tpie en el tipo. Tórax menos convexo ; escama más alta. Alas hia- linas o subhialinas (bastante pardas en el tipo) con la celda discoidal cuadrangular. Por lo demás las mismas diferencias que para la obre- ra, color casi negro, con los miembros pardo rojizo, las mandíbulas y L02 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES los tarsos rojizos. La escotadura posterior de la cabeza es más ancha y menos profunda y sus ángulos posteriores son más rectos (fig. 42). Fig 12. — Iridomyrmcx hwmilis platensis Perfil ( ILU'OIIEKIXAS 103 IRIDOMYRMEX HUMILIS Mayr subesp. GALLARDOI (Bréthes) 1914 (Fig. 45) Hiiv.TíiF.s, Xotí tur qiuhpies Dolichoáérinea argmtines, en Anales del Museo de H. Nat. de Buenos Aires, tomo XXVI, página 95 (Dorymyrmex Gallar- doi), mayo 1914. Poeel, Fin-mieides d'Afrique el d'Amérique nouveatix ou peu connus. Bnll. «S'oc. Vaud. Se. Nat., volumen L, número 184 ; diciembre 1914. (Indo- myrmex humilis Mayr subesp. platensis Por. var. breviecapa Forel). BrüOH, Supl. eat., páginas 't'.VA y .">34. $ L. l.ti-ii.L! miij. Castaño obscuro, casi negro, gáster negro, ante- nas y patas pardas, mandíbulas y casi todo el escapo ferrugíneo. Ca- beza parecida a, platensis un sexto unís larga que ancha, costados al- go convexos, el mayor ancho al nivel de los ojos que comienzan al finalizar el tercio anterior. Mandíbulas ligeramente estriadas, arma- das de cuatro dientes. Clípeo no escotado anteriormente. Los escapos sobrepasan el borde occipital de una vez y media su espesor. Pronoto convexo, un poco mas ancho (pie largo, más estrecho atrás y con los ángu- los anteriores redondeados. Mesonoto con- vexo, un poco más largo que ancho, más angosto hacia atrás. De perfil el prome- sonoto regularmente convexo, cara basal del epinoto ligeramente convexa, poco más corta que la declive, con la cual forma un ángulo muy obtuso. Escama lanceola- da muy delgada y terminada por un ángulo bastante agudo (ttg. 45). Cabeza lustrosa, con muy fina reticulación en los costados. El tó- rax tiene una reticulación punteada fina y fuerte. La cara declive del epinoto y la escama por arriba lisas, con reticulación casi nula y muy débil en el gáster. Pilosidad erecta casi nula, muy rala en el cuerpo y las patas, más abundante cerca de la extremidad distal del gáster. Algunos pelos en el clípeo y bajo la cabeza. Pubescencia extremadamente tina, casi invisible con 30 diámetros de aumento. Esta forma de Iridomyrmex humilis pequeña y de color obscuro luí' descripta por Bréthes bajo el nombre de Dorymyrmex Gallardoi en mayo de 1914, según un ejemplar único, recogido por mí en Alta Gracia (provincia de Córdoba). Fig. 45. — Perfil de Tridomyr- mex humilis Gallardoi. 5 y cabeza il<- frente. Aumento ± 20 diámetros, mi; MUSEO NACIONAL HE BUENOS AIRES En diciembre « 1 « - esc mismo aüo publica Forel su Iñdomyrmex hu- milis Mayr subesp. platensis Forel var. breviseapa Forel, que consi- dero la misma que la Q-allardoi, según ejemplares coleccionados por Shipton en Tucumán. Tipo, número 10.587, de la colección del Musco nacional, coleccio- nado en Alta (¡rucia (Gallardo). IRIDOMYRMEX DISPERTITUS Forel subesp. MICANS Forel (Fig, 16) Forel, Ameisen aus Sao Paulo, nc. Vei'h. zool. bot. Ges. Wiin., tomo LVIII, página 394, 1908. Bruch, Caí., página 226. $ L. 2,6-2,8 mm. Algo mayor que la especie típica, costados de la cabeza más convexos, la cabeza más ancha. Una impresión transver- sal en el medio del mesonoto arriba. La escultura algo más fuerte, menos lustrosa. Especialmente la cabeza es muy profunda y fuerte- mente punteada, poco lustrosa. Por lo demás como la especie tipo, Fig. 411. — Iridomyrmez Aispertitua micans. Arriba, "~* 'Ir perfil y cabeza de frente abajo, (y de perfil y cabeza de frente. Alimento 20 diámetros pero algo mayor y di' un color castaño algo mas obscuro (fig. 4li). Ejemplares obsequiados por Bruch recogidos en Misiones, número 11.475. cf L. 2,2 mm, Castaño. Mandíbulas pequeñas, delgadas, apenas bidentadas, mas delgadas en la extremidad que en la base. Cabeza cuadrángulas, con el borde occipital recto, solo se adelgaza brusca- mente adelante de los ojos. GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODER1NAS 107 Los ojos convexos ocupan algo más de la mitad de los costados de la cabeza. Escapo doble largo que espeso. Primer artículo del funícu- lo casi esférico, casi tan espeso como largo. Segundo artículo del fu- nículo algo más largo y algo más delgado que el escapo ; los siguien- tes de más en más cortos basta el penúltimo. El mesonoto abovedado, sólo macizo el pronoto. El escudete no prominente. Cara basal del epinoto horizontal, algo convexa, la cara declive descendente algo abovedada. Escama saliente, no aguda arriba. Alas casi grises por la pubescencia adherente, con una celda cubital. Válvulas genitales ex- ternas anchas en la base, terminando con una prolongación delgada aparentemente puntiaguda (íig. 46). San Pablo (v. Ihering). Un ejemplar de Misiones obsequiado por Brucli, número 11.475. GÉNERO AZTECA Forel Etimología : nombre propio de los habitantes prehispáuicos de Mi-ji. << Azteca. Forel, Études myrmécologiques en Í87S (I parte). Bull. Soc. Vaud. So. Nat., tomo XV, página 384 (1878). CARACTERES (Utrera. — Monomorfa o polimorfa en grados diferentes. En las especies polimorfas, la forma de la cabeza varia con la estatura y tiende a aproximarse a la forma de la hembra en los mas grandes individuos. Borde del clípe'o bisinuado; aristas frontales cortas. Sin ocelos en los individuos pequeños; tres ocelos más o menos notables en los muy grandes. Dorso del corselete más o menos impresionado. Pecíolo provisto de una escama muy inclinada y más o menos espesa, pero siempre bien distinta. Gáster notablemente pequeño; su segmento basal no del todo pro- longado bacia adelante. Molleja corta, cáliz cuadrado, débilmente abovedado, sin sépalos distintos; las hendeduras están dispuestas según las diagonales del cuadrado; una zona peluda a lo largo de la hendedura dibuja una cruz sobre el cáliz. Por el resto de sus caracteres se acerca a Iridomyrmex (figu- ras 47 y 48). L08 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES Hembra. — Mucho más grande que la obrera; cabeza deforma mas o menos diferente; en las especies en que las obreras son dimorfas se parece a la obrera grande. Pecíolo mas alto que en la ubrera: gáster mucho mas largo. Ala anterior con la celda radial cerrada y con celda discoidal (figu- ras 2 y 47). Mucho. — Del tamaño de la obrera o mas pequeño. Mandíbulas estrechas y cortas. Antenas moniliformes, cortas: escapo en general excesivamente corto, sin embargo mucho más largo que el primer articulo del funí- culo: segundo artículo del funículo muebo más largo y más grueso que los siguientes; éstos van disminuyendo rápidamente de longitud ; artículo terminal mas largo que el escapo. Ojos colocados adelante. Corselete alto; mesonoto abovedado por delante. Pecíolo provisto de una escama ancha. Armadura genital pequeña relativamente al gáster, que es a su vez mas corto que el corselete; estipas aun más cortas (pie eu Irido- myrmex y de la misma forma, saliendo de una escarnida grande y abovedada; volsela simple y roma en las especies examinadas por Emery. Alas como en la hembra (fig. 8). ETOLOGÍA Nada mejor (pie transcribir, como lo hace Emery. el resumen dado por Forel en la Biología Gentrali- Americana, tomo 111. 1899, sobre las costumbres y niditicacion de estas hormigas, (pie ha tenido oca- sión de observar personalmente. Las Azteca son todas muy guerreras (salvo una sola especie entre las observadas por Forel), viven exclusivamente sobre los árboles o poco menos, marchan levantando el gáster, que hacen girar en todo sentido, como los Tapinoma, lo (pie corresponde a la forma de este Órgano y del pecíolo. Sin excepción, esparcen todas un fuerte olor de Tapinoma, en cuanto se las inquieta y esta secreción de sus glándu- las anales las hace muy temibles. Forel la ha visto así poner en derrota y fuga a un ejército de Eciton hamatum. Las Azteca hacen sus nidos en los arboles huecos, sea. en cartón sobre los troncos o sobre las ramas. Sus nidos en cartón son muy elegantes, suspendidos alrede- dor de las últimas ramas, entre las hojas, o a ramas mas fuertes, en GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODEKINAS 109 forma de cono invertido o de estalactita, o aun adosados a un tronco o a una rama, en forma de odre, con la parte inferior inflada y la supe- rior más o menos adelgazada. Estos nidos, sobre todo los grandes, adosados a los troncos o a gruesas ramas, tienen una superficie curio- samente esculpida, es decir, que el cartón forma relieves en forma de lagrimas gigantes aplastadas. Los nidos son, en general, ensanchados y redondeados hacia abajo, atenuados hacia arriba. Se distingue por este aspecto los nidos de Azteca de los nidos de termite en el bosque. A menudo están a una gran altura que impide alcanzarlos. El cartón de estos nidos es delicado y frágil, variando, por otra parte, según las especies. Mientras que Azteca chartifex multinida Forel hace nidos del tama- ño del puño, otras especies los hacen muy grandes. Forel ha medido un nido de A. aurita Eiuery de 70 centímetros de alto por 40 de ancho y 20 de espesor adosado al tronco de un árbol. Goeldi ha foto- grafiado un nido de A. barbifex Forel que no mide menos de 120 cen- tímetros de alto. La envoltura lacrimiforme de los nidos de las Azteca cartoneras esta formada por una delgada capa de cartón que deja numerosas aberturas, escondidas como troneras bajo las lágrimas ya citadas, de manera que no se las ve sino mirando oblicuamente. Las cámaras o galerías periféricas del nido son más o menos aplastadas y esta parte es muy frágil; en el centro, por el contrario, las cámaras son más redondeadas y el cartón es más consistente. Las Azteca forman a menudo colonias sobre el mismo árbol, es decir, que el mismo hormiguero construye en el varios nidos que per- manecen en constantes relaciones de amistad los unos con los otros. Un gran número de Azteca viven en los troncos o en las ramas de los árboles huecos. No es posible decir si todas construyen cartón en sus retiros. Es, sin embargo, seguro que ciertas especies construyen tabiques de cartón en las cavidades naturales que habitan. Según Forel y Emery, se puede clasificar los nidos de Azteca en las categorías siguientes : I a Xidos de cartón (aurita Emery. barbifex Forel, chartifex Forel, Lallémandi Forel, sil rae Forel. triíjona Kmerv, etc.); 2 a Habitantes de troncos podridos o de ramas huecas (por ejemplo imtabilis F. Smith, paraensis Forel, velox Forel, etc.). A. longiceps Emery, var. jumensis Forel, vive en las ramas perforadas de una legu- minosa (Swartzia) ; 3 a A. Foreli Emery, var. xysticola Forel, ha sido encontrada en gale- rías tortuosas de cartón, que recorren la superficie de grandes piedras en el bosque y que se parecen a las de Cremastogaster Stolli (Forel), mi MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES aunque es dudoso que estas galerías sean construidas por las .1 zteca : 4 a Formación de jardines suspendidos de epífitas, en el ramaje de los árboles en los bosques inundables (Traili Emery, Ulei Forel, oli- trix Forel). Las hormigas edifican su nido globuloso en cartón terroso, entre las raíces de las epífitas. Según Ule, las hormigas mismas lle- van la tierra y los granos de estas plantas sobre las ramas de los arboles, formando así artificialmente sus jardines suspendidos. Whee- ler (Aiits. pág. 315) se inclina a creer que los granos son llevados para tomar de ellos algún alimento y que luego germinan o bien <|iie son transportados por el viento, pero le parece poco probable que las hor- migas planten espontáneamente el jardín; 5 a Las especies de cabeza aplastada viven bajo las cortezas o bajo las hojas de plantas trepadoras, cuyos bordes sujetan con cartón fabricado por ellas para constituir así unas cámaras muy bajas (por ejemplo hypophylla Forel); (! a Numerosas especies están adaptadas simbióticamente a ¡dantas especiales: asi depilis Emery (en Duroiay Tococa) ; duroiae Forel (en los tallos dilatados de Duroia hirsuta); angusticeps Emery (en Di/ruin petiolaris); Tonduzi Forel (en un bulbo de orquídea); sericea Mayr (en las raices huecas de Schomburgkia tibicinis); Schumanni Emery (en las vesículas de las hojas de Mirtélla Guainiae); coussapoae Fo- rel (en las ramas y semillas de una Goussapoa); tachigaliae Forel (en los peciolos dilatados de las hojas de una TacMgalia), etc. Az- teca virens (Forel) vive en los tallos verdes y en las hojas de los bos- ques tropicales, cuyo color imita, siendo una de las pocas hormigas de color verde conocidas. Conviene hacer una serie aparte para las Azteca de las Gecropia (Alfa.roi Emery, coeruleipennis Emery, constructor Emery, Emeryi Fo reí, lanuginosa Emery, Mülleri Emery, etc.). de las cuales tanto se ha hablado y discutido. El doctor 11. von Ihering lia demostrado (pie A. Mülleri, la cual vive cu la Gecropia adenopus y cuya biología ha sido descripta en el Kosmos en 1880 por Fritz Müller, hace cartón no sido en el interior did tronco hueco del árbol, sino también a veces en el exterior. Hay, pues, pasaje en las Azteca cecropícolas, entre aquellas que construyen constantemente su nido en el exterior (lanuginosa), aque- llas (pie hacen habitiialmentc tabiques de cartón en los segmentos del tronco (constructor) o en un segmento determinado (Mülleri) y aquellas finalmente que no hacen cartón sino de una manera excep- cional o no lo hacen nunca, si es que existe alguna. La cuestión de las adaptaciones mirinecolilas de Ctcri>j>¡tt adenopus GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODERIXAS 111 y de su simbiosis con las Azteca ha sido tan controvertida que voy a extractar los párrafos pertinentes de VYheeler en su libro, Ants (pág. 305-310), donde se expone el estado actual del problema. Las relaciones de Azteca Mülleriy Cecropia adenopus han sido estu- diadas por Fritz Müller (1876, 1880), Schimper (1SSS) y H. von Ihe- ring (1891, 1907). El árbol es conocido en el Brasil con el nombre vulgar de «imbauba» o «imbanva», pertenece a la familia délas Urticáceas y alcanza una altura de 12 a 15 metros. El tronco y las ramas son huecos, excepto en los mulos, donde posee delgados tabi- ques transversales. La savia es incolora, no lechosa como ha sido afirmado por varios autores. La corona de follaje es pobre y consiste de grandes hojas palmatilobadas. En cierta época de su vida cada nudo lleva una hoja, que luego cae, dejando una cicatriz. En la base de su largo pecíolo hay un cojinete piloso llamado triquilio, en el cual se encuentran implantados unos corpúsculos elípticos, amarillos, del tamaño de un grano de mijo, llamados corpúsculos rriuéllerianos, los cuales contienen, según Schimper, substancias aceitosas y albumino- sas que los hacen buscar por las hormigas como alimento. Las cavidades de los árboles mayores están, casi sin excepción ocupadas por Azteca Muelleri, la cual perfora los tabiques y hace así comunicar entre sí todas las cavidades internodales, tanto del tronco como de las ramas. Las hormigas no viven sin embargo en los brotes. aun en vías de crecimiento rápido. Después déla fecundación la reina de Azteca penetra en un árbol joven (de m 50 a 2 m 00 de alto), por un punto particular, una peque- ña depresión en la extremidad superior de una canaleta situada arri- ba del internodio, donde faltan los hacecillos fibrovasculares, según ha demostrado Schimper y la pared ofrece por consiguiente menos re- sistencia para ser perforada. Von Ihering llama a esta depresión el prostoma, reservando el nombre de estoma a la perforación que allí se practica. La reina penetra, pues, en un entrenado perforando un es- toma y se alimenta según Ihering del tejido (estomatoma) que pronto prolifera y cierra la abertura por el lado interior. En la pequeña cavi- dad internodal son criadas las primeras seis u ocho obreras y ellas restablecen la comunicación con el mundo exterior abriendo de nuevo el estoma. Von Ihering dice que a veces 5 y hasta 10 reinas pueden fundar colonias en divei'sos entrenudos del mismo árbol. Cuando por el cre- cimiento de las colonias y la consiguiente perforación de los tabiques, entran en contacto, se producen luchas que dan por resultado la muer- te de todas las reinas, excepto una que queda dueña de todo el árbol. L12 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES Cuando la colonia triunfante Iim crecido y perforado todos los ta- biques, edifica un nido de cartón en forma de huso en el interior «leí trunco, a corta distancia sobre el nivel del suelo. Este nido llamado metropolitano ha sido descubierto por von Ehe- ring y se asemeja a los nidos de cartón edificados por otras Azteca en el exterior de troncos o ramas. Para edificare! nido mel ropolitano, las hormigas ensanchan la cavidad interior del tronco royendo sus paredes, que vienen así a disminuir hasta la mitad de su espesor. Por efecto del peso esta región de paredes adelgazadas se encorva hacia el exterior formando un engrosamiento fusiforme de la base del tron- co, en cuyo interior se aloja el nido metropolitano. Cuando se lia establecido el nido metropolitano las hormigas per- foran una amplia entrada en la pared adyacentedel tronco y por ésta y las otras aberturas de las ramas pueden comunicarse con el exte- rior y recoger corpúsculos muellerianos de que se alimentan y que al- macenan en el nido metropolitano. Cada colonia de Azteca depende tan estrechamente por su alimen- to y habitación de la Cecropia que ocupa, que las hormigas perecen cuando el árbol muere o es corlado. Tmlos los que han visto los imbauba vivos y sns inqnilinos uná- nimemente describen el furor con que salen estos insectos y atacan al (pie se aventura a tocar el árbol <> su follaje. Las hormigas extrañas sou especialmente atacadas con vigor y nmerlas o alejadas del árbol. Pritz Miiller y Schimper creían que la Izteca protegía asi el árbol contra sus enemigos y especialmente contra los ataques de las Atta cortadoras de hojas, pero yon [hering ha mostrado que las Atttt no atacan las Cecropia, aunque estas no estén defendidas por Azteca y que el principal cliente de las hojas de Cecropia, el perezoso (Brad/y- pus tridactylus) , no es molestado mientras devora el follaje. De manera que la defensa de las Azteca parece de poco provecho para la Cecropia. ¿A qué vendrían entonces las supuestas adaptaciones mirmecófilas de esta planta ? De las tres estructuras de la. Cecropia que se han considerado mir . mecófilas, a saber las cavidades de los tallos, los prostomas y los cor- púsculos muellerianos, la primera, común en muchos vegetales, no puede interpretarse como desarrollada para alojar hormigas ; los pros- tomas se explican, con Schimper, por la presión de los brotes axilares contra el ent relindo : por fin los cuerpos de Mueller son una excreción de la planta aprovechada por las hormigas. La adaptación, pues, es de parte de las hormigas no de parte del árbol. GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODERINAS 113 Por otra liarte, las Azteca parecen haber adoptado las Gecropia en una época relativamente reciente, puesto que no han abandonado la ■construcción de anchos nidos fusiformes de cartón como los que produ- cen otras especies en las ramas de li>s árboles, aun cuando las cavida- des naturales de Gecropia parecerían más apropiadas para largos nidos cilindricos o aun hacer superfina la construcción de cualquier nido. Fiebrig ' se muestra aun menos inclinado que von Ihering a acep- tar la teoría de la mirmecofilia en las plantas. Muestra que Gecropia peltata en el Paraguay no es protegida contra sus numerosos enemigos, sean insectos o no. por la Azteca Alfaroi que ocupa constantemente sus cavidades y se alimenta de sus corpúsculos muellerianos. Las adaptaciones curiosas son las de las hormigas que benefician de las particularidades del medio que habitan. «Así como las especies de JSciton, dice Forel % son los bandidos del suelo de los bosques vírgenes y las especies de Atta las destructoras del follaje de. los montes neotropicales, del mismo modo las especies de Azteca y de Pseudomyrma son los verdaderos monarcas de los ár- boles. Que yo sepa, ninguna de las especies de Azteca y sólo una Pseudomyrma anidan en el suelo. Pero qué variada existencia arbó- rea llevan estos pequeños monos de las hormigas, al trepar y escu- rrirse, por todas partes en los árboles! ■ La mayor parte de las Azteca tienen un régimen principalmente in- sectívoro, salvo las especies cecropícolas que se alimentan de los cuer- pos de Mueller, de una manera tan exclusiva a veces que las hormigas perecen, según dejamos dicho, si se seca o corta el árbol que habitan. Tipo del género: Azteca Muelleri Emery del Brasil, cuya obrera fue descripta en 1877 por Mayr bajo el nombre de Liometopum iiixta- hile confundiéndola con Tapinoma instabilis, Fred-Smith, 1862, pro- cedente de Méjico, América Central y Colombia, que es la actual Az- teca instabilis (Fred. Smith). DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA El género comprende casi sesenta especies, con numerosas subes- pecies y variedades, todas americanas, distribuidas desde Méjico has- ta el imite de la República Argentina. 1 Cecropia peltata und ihr Verhaltniss zu Azteca Alfañ, :n Alia sexdens und an- (Irmí Imekteu, etc., en Biol. Cent., tomo XXIX. páginas 1-16, 33-55, 65-77. 1909. ' ; Foiíel, In und mil Pflanzen lébende Ameisen aus dem Amazonas Gebiei und am Perú, Zool. Jáhrb. Abt. Syst., tomo XX. páginas 677-707, 1904. ANAL. MUS. NAO. — T. XXVIII (MATO 11, 1916) 8 111 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES Basta hace poro tiempo no se conocía ninguna especie del territo- rio argentino. En el catálogo de Bruch (1!U4) se indica que posee Azteca de Mi- siones y Jujuy, sin conocer aun a qué especie pertenecen. En junio de 1913 el ingeniero agrónomo Luciano Bauman, conser vador de las colecciones botánicas del Museo Nacional, trajo de San [gnacio (.Misiones) una numerosa colonia de Azteca Alfaroi que habi- taba los entrenudos huecos de Cecropia adenopus. En un articulo reciente Forel ' funda una nueva variedad argentina para los ejemplares de Azteca Alfaroi recogidos por Bruch, en Santa Cruz (Misiones) que coinciden con los que tenemos en el Museo, pro- cedentes de San Ignacio. Doy la descripción de los ejemplares $ y 9 que poseo, no habien- do podido consultar la descripción de Azteca Alfaroi Emery hembra típica. No tengo duda, (pie el mejor reconocimiento de las partes boscosas del norte del país lia de mostrar que el número de especies de estas hormigas arboricolas (pie habitan el territorio de la República Ar- gentina es mayor de lo que hoy se cree. DESCRIPCIONES DE LAS FORMAS ARGENTINAS DEL GESEVIOAZTECA AZTECA ALFAROI Emerj var. ARGENTINA Forel (Fig. 2, 47, 18 j 49) Azteca Alfaroi Emery, Studio monográfico sul genero «Azteca » Forel. Mem, Acc. Bologna (5), tomo III, páginas 119-152. 1894. Azteca Alfaroi Emery v¡ir. argentina. 1914. Forel, Formieides d'Afrique et d'Ainiriqíte. /.'«//. s i ■ 1 1 > VII, 7 páginas. Forel, Augusto, 1904, ¡n und mil Pflanzen lebende Ameisen aus dem Amazonas Gébiel und aus Perú, gesammeli ron Herrn /•.'. Ule. /»»/• Jahrb. .lhl. Syst., lomo XX. páginas 677-707. Forel, Augusto, 1905, Einige biologische Beobachtungen des Herrn Prof. Dr. /.'. Goeldi mi brasilianischen Ameisen. Biol. Céntralo., tomo XXV, páginas 170-1X1. Forel, Augusto, 1908, Anuis,,, mis Sao Paulo (Brasilien), Paraguay, etc. Ge- sammeli von Prof. Eerrn von Thering, Dr. /.ni:. l>r. Fiebrig, ••ti'. Verh. k. !•■ -■»»'■ bol. Gesell. Wien, tomo LVIII, páginas 340-4-18. Forel, Augusto, 1911, Ameisen des Herrn Prof. r. Ihering aus Brasilien, nebst einigen anderen aus Südamerika und Afrika. Deutsch. Ent. Zcit.. 6 a parte páginas 307-8. Forel, Augusto, 1912, Formicides nfotropiques, /""' sousfamille Dolichodérines, i/.i/i. Soc. lint. Belgique. tomo XX. páginas 33-58. Forel, Augusto, 1913, Fourmis d'Argentine, du Brésil, du Guatemala el dr Cuba. Bull. Sor. I', mil. Se. Nat., t i XI. IX, numero 1X1. páginas 203-250. Forel, Augusto, 1914, Formleides d'Afrique el d'Amérique nouveaux mi peu connus. Bull. Soe. ¡'muí. Se. Nat., tomo 1,. numero 184, páginas 264-288 (las de América ). Forel, Augusto, 1915, Formicides d'Afrique et d'Amérique nouveaux mi /mi connus, II parte. Bull. Soe. Vaud. Se. Nat., tomo L, número 185, páginas 351- 363 (las de América). Gallardo, Ángel¿ 1912, Observaciones sobre muí hormiga invasora « Iridomyr- ,,,,.,■ humilis » Mayr. /•'»'. Soc. Physis, tomo I, páginas 133-138. Gallardo, Ángel, 1913, Dos palabras más acerca dr la hormiga invasora « Tri- domyrmex humilis» Mayr. Ibidem, lomo 1. páginas 264-5. Gallardo, Ángel, Hilo, Observaciones sobre algunas hormigas de ln Repúblioa Argentina. Au. Mus. Nac. Hist. Nat. Humos Aires, tomo XXVII, páginas 1-35. Ihering, H. von, 1891, Die Wechselbeziehungen zwischen Pflanzen und Ameisen iu drn Tropen. Das Ausland, tomo XXIV, páginas 474-477. [hering, H. von, 1907, Du- Cecropien und ihre Schutzameisen. Engler's botan. Jahrb., tomo XXXIX. páginas 666-714. Mac Cook, H., 1879, The Natural History of the Agricultural Aul of Texas. Mayr, <;.. 1862, Myrmecologische Studien. Verh. vool. bol. Ges. 11'/™. tomo XII. páginas 649-776. Mayr, <;.. 1866, Myrmecologische Beitrage. sil:. Alead. ¡Viss. Wien, lomo Lili, páginas 484-517. Mayr, <;.. 1868, Formieidae novas americanae collectae a Prof. I', dr Strolel. Aun. So,-. Nat. Modena, t. 111. páginas 161-181. Mayr, <;.. 1868, Die Ameisen des baltischen Bernstein. Beitr. .-»/• Naturkundi Preussens I. K. Phys. Oékon. Gesell. Khoenigs., página 102. GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODERINAS 121 Mayr, G., 1870, Nene Formioiden. Vcrh. des k. k. zool. bot. (les. Wien, tomo XX, páginas 939-996. Müller, F., 1876, Uéber die Haarkissen der Imbauba. Jen. Zeitschr. Nat., tomo X. Müller, F.. 1880-81, Die Imbauba uml Une Beséhützer. Kosmos, tomo VIII. paginas 109-116. Newell, \V., 1908, Notes on 1he habite of the Argentine or ■■ New Orleans » Ant. « Iridomyrmex humilis » .Mayr. Joum. Econ. Ent., tomo I, páginas 21-34. Newell, W., 1909. The Ufe history of the argentine ant. Ibidetn, tomo II. pági- nas 174-192. Newell, \Y., 1909, Mensure* suggested againsi the Argentine Ant as a house-hold pest. Ibidem, tomo 11, páginas 324-332. Newell, \\\, y Barber, T. C, 1913, The Argentine Ant. Bol., 122. Burean of Entomology . U. S. Department of Agriculture. Roger, J., 1863, Die neit aufgeführten Gattungen nuil Arten meines Formiciden l'cr;cichnisscs. Herí. Ent. Zeitschr.. tomo VII, páginas 131-214. Santschi, l'\, 1912, Quélques foarmis de l'Amérique Australe. Bev. Suisse Zool., romo XX.. número 10. Schimper, A. F. W., 1888, DU Wechsélbeziehungen zwischen Pflanzen und Amei sen in tropischen Amerika. .lena, página 95. Smith, F., i sos. Catalogue of Hymenopterous Inserís ¡u the collection of the Bri- hsh Mnsiiini. VI. Formieidae, página 216. Ule, E., 1901, Ameisengarten in Amazonas Gebiet. Engler's bot. Jahrb., tomo XXX, páginas 45-52. Ule, E., 1905, Uéber Blumengár/ten der Ameisen aus Amazonenstrom. Verh. Gesell. deutsoh. Nal. Aerzte., tomo 76, páginas 245-2411. Ule, E., 1905, Wechselbeziechungen zwischen Ameisen uml Pflanzen. Flora, 91. Ule, E., 1906, Eigentiimliclie mit Pflanzen durchwachsene Ameisennester aus Ama- zonenstrom. .Vil/. Wochch., tomo XXI, páginas 145-151). Ule, E., 1906, Ameisenpfcanzen. Bot. Jahrb., tomo XXXVII, páginas 335- 352. Wheeler. W. II., 1902, .1 consideration of Buekley's « North American Formi- eidae». Trans. Texas Acad. Se., tomo IV, parte 2 :l , página 24. Wheeler, \V. M., 1906, The Ants of the Grand Canon. Bull. Amer. Mus. Xal. Hist., tomo XXII, páginas 329-345. Wheeler, W. M., 1910, Ants, their structure, development and behavior, 663. pp. New York. Wheeler, W. M., 1911, A list of the type species of the genera and subgénero of Formieidae. Ann. Neio. York. Acad. Se, tomo XXI, páginas 157-175. Wheeler, W. M., 1915, On the presence aml absence of cocoons among Ants. the nest spinning habite, etc. Ann. Ent. Suc. America, tomo VIII, número 4, páginas 323-342. ÍNDICE DE LAS FIGURAS 1. Ala anterior de una Foneriua 2. Ala de Azteca Alfaroi argentina Q 122 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES 3. Ahí de Iridomyrmex di /■ ctus (j 1 6 I. — Iridomyrmex humilie q* 6 .">. — Dorymyrmex planidens q* 7 6. — Dorymyrtnt r tent r q? 7 7. — Dorymyrmex planidens 9 * s. — Azteca coeruleipennis tf 8 9. Esquema ele la molleja di- una hormiga de la tribu de las Tapinomini.. lii. Dorymyrmex planidens 25 29 II. 2 (cabeza) :;i1 12. — — Q (perfil) :; l 13. c? ■<■-■ 11. mneronaius o •'■' 15. — — ^ 36 16. ensifer ^f :;;i 17. — Britchi ebenina o '' ls. exsanguis carbonaria " lh 19. — ^ 47 20. — í* ner $ : '" 21. — Richteri 5 51 22. — thoracicus o 53 23. pyramicus £ •' ' 24. Q 57 25. cf 58 2i>. hrunneui o 60 27. Garbei *j 61 28. cf 62 29. — bicolor i¡> 63 30. — 9 64 31. Wolffhügeli ;" 65 32. Steigeri ?5_ (i,i 33. Carettei $ 67 :->4. breviscapis Carettoide» ^ Iis 35. Forelius Mar Cooki brasiliensis carmelitana S "'■' !lii. — nigriventri8 <5_ 82 37. - 9 83 :¡s. — chalybaeus rubriceps Q 86 39. — — ¡iiundis 9 SS ■111. Irydomyrmex humilis 5, 9 - v C? < v ' s,os de arriba) 98 -II. — — — (vistos de perfil) 100 12. — platensis £, 9 y (f 102 43. — — — transiens § y cj" 103 11. - 9 104 1 :,. — Gallardoi 9 105 46. dispertitui miróos 8 y ^ 106 17. Azteca Alfaroi argentina 5 (cabeza) 11-' 18. — (perfil) H5 19. — 9 H" GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODERIÜSTAS 123 Mapa I. Distribución geográfica de Dorymyrmex en la República Argen- tina líi Mapa II. Distribución geográfica de Forettua en la República Argentina.. 73 ÍNDICE ALFABÉTICO albiventris (Forelius chalybaeus), 75, 87, 89. alboniger (Dorymyrmex), 17, 20, 42, 43. Alfaroi (Azteca), 5, lis. analis (Ii'idomyrmex), 70. 94. Anenretini, 10. Aneuretus, 3, 7. angulata (1. humilis), 04 . angusticeps (Azteca). 110. antarctieus (Dorymyrmex), 17, 22, 48. 40. antillana. (D. pyramicus brunneus), argentina (Azteca Alfaroi), 5. 114, 1 110. 117. 11S. Atta, 112, 113 Afta sexdens, 113. aurita (Azteca), 190. Azteca. 3. 11, 12. 107, 108, 100, 1 111, 112, 113, 114. Azteca Alfaroi, 110, 113. 114. lis. Azteca Alfaroi argeutina, 5, 114, 1 116, 117. Azteca angusticeps, 110. Azteca aurita. 109. Azteca barbifex, 109. Azteca chartifex, 100. A. chartifex multinida, 109. Azteca coeruleipennis, 8, 110. Azteca constructor, 110. Azteca coussapoae, 110. Azteca depilis. 110. Azteca duroiae, 110. Azteca Emeryi, 110. Azteca Foreli, 109. A. Foreli xysticola, 109. Azteca hypophylla, 110. Azteca ¡nstabilis, 109. 113. Azteca Lallemandi, 109. lii. Azteca lanugínosa, 110. Azteca longiceps, 109. A. longiceps jumensis, 109. Azteca Lynchi. lili. Azteca Miilleri, 110, 111, 113. Azteca olitrix, 110. Azteca paraensis, 100. Azteca Schumanni, 11(1. Azteca sericea, 110. Azteca silvae, 100. Azteca tachigaliae, 110. Azteca Tonduzi, 110. Azteca Traili, 110. Azteca trígona, loo. Azteca CJlei, 110. Azteca virens, lio. Baeri (Dorymyrmex), 17,22. 47. 19. barbatns (Pogonomyrmex), 78. barbifex (Azteca). 100. bicolor (D. pyramicus), 18, 23, 2(1. 63. 01. bola. 9. 10. Bolax, lo. Bothryomyrmex, 11. botón. 9, 10. Brachymyrmex, 71. Bradypus tridactylus, 112. brasiliensis (Forelius Mac Cooki). 71. 72, 74, 77, 78, 79, S2. 87. breviscapa (I. humilis platensis), 105. 100. breviscapis (Dorymyrmex), ls, 20, 21, 67. 68. 00. breviscapis (D.) var. Carettoides, 18, 24. breviseapus (F. Mac Cooki). 72, 71, 80. Bruchi (Dorymyrmex), 15, 1S, 38, 40. 43. MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES brunneus (D. pyramicus), 18, 20,23. 26, 52, 59. 60, 61. brunneus antillana (Dorymyrmex), 17. buche, 9. bulbo, 9, 10. cáliz. 9. II). i lamponotidae, 2. ( lamponotinae, 2. 5, 8. carbonaria (D. exsanguis), 18, 22, 27. 45. 16, 17. Carettei (Dorymyrmex), 18, 20, 21.67. 69. Carettoides (D. breviscapis), 18, 20, 24, 68, 69. carmelitana 1 1'. Mac Coot brasiliensis), 72. 71. 79. Cecropia, 110, 112. 113. Cecropia adenopua, 1 10, 111. 111. 1 16. ( Y. rupia peltata, 1 13. cecropiae < Azteca Alfaroi I, lis. chalybaeus (Forelius), 7o. 72. 73. 7i!. 82, 84. 86, 87. chartifex (Azteca), 109. chilensia i D. tener), 1 7. cilindro. 9. 10. cleptobiosis, 16. coeruleipennis (Azteca), 8, 110. Conomyrma, 20, 21, 41, 43. constructor l Azteca I, 1 10. corpúsculos muellerianos, 111. 112. Coussapoa, 110. coussapoae (Azteca), 110. Cremastogaster Stolli, 109. depilis (Azteca I, 1 lo. detecta i Kur .i >. '.'i . detectus (Iridomj rmex), o. 9 I . dispertitus (Iridomyrmex), 91, 94. Dolichoderidae, 2, 3. Dolichoderides, 3. Dolichoderinae, 2. 3. 8, LO. Dolichoderini, 10. Dolichoderus, 8. I >orylinae, 7. Dorymyrmex, 5, 6, 11, 12. 13. 17. 19, 21. II. 54, 70, 71. Dorymyrmex alboniger, 17. 20, 25, 42. Dorymyrmex antarcticus, 17. 20, 22. 2.".. 48. i!'. Dorymyrmex Baeri, 17. 20, 22. 47. I!'. Dorymyrmes breviscapis, 18, 20, 2 1. 68. var. Carettoides, 1n. 20, 21. 68, 69. Dorymyrmex Bruchi, 18, 20, 21. 40. 43. var. ebeniua, IX. 20. 22. 41. 13. Dorymyrmex Carettei, ls. 20, 21. 67. Dorymyrmex ensifer, 13, ls. 20, 23. 37. 3!). var. laevigata, 18, 20, 39. Dorymyrmex exsanguis, 10. 18,20,22, 25, 27. 43. var. carbonaria, 18, 20, 22. 27. 45. 10. 17. Dorymyrmex davescens, 13. ls, 20, 25, 20. 27. 28. 30. 3."'. 37. Dorymyrmex Gallardoi, 105. Dorymyrmex Goeldi, 17. subesp. fumigatus, 17. Dorymyrmex Iheringi, 17. Dorymyrmex minutas, 18, 20. 21. 43 Dorymyrmex mucronatus, 13, l s . 20, 21. 27. 28, 34. 35, 36, 37. Dorymyrmex planidens, 7. s, 13, 10. 18, 19, 20. 21, 2:.. 27. 28, 29, 30, 31, 32, 33. Dorymyrmex pyramicus, 7. 10. L8, 1!'. 2o. 2:.. 20. 27, 13. 18, 19. 54. :.7. 58, 59, 71. var. bicolor, 18. 20. 23. 20. 63. 01. subesp. brunneus, 18, 20. 23. 20. 59. 60. sulicsp. brunneus var. antillana, 17. siilics|>. ihivus var. paraucusis, 17. subes]i. Garbei, 18, 20. 23. 26, 27. 60. 01. 02. var. nigra . 17. var. rubriceps, 68, 69. var. spuria, 17. Dorymyrmex Steigeri, 18, 20. 2 1. 66. Dorymyrmex tener, 7. 1">. 10. ls. 10. 20. 22. 13. 18, 49. 50. var. chilensis, 17. ~11i.es],. Richteri, 1*. 20. 22, 51. 52. GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODERINAS 125 var. depilitibia, 18, 52. var. pallidipes, 51. Dorymyrmex thoracicus, 16, 18, 19, 20. 22. 52. 53. Dorymyrmex Wolffhügeli, 18, 20, 24. 26. 64. ti.".. Duroia, 110. duroiae, 110. Duroia hirsuta, 110. Duroia. petiolaris, lio. ebenina (D. Bruchi), 41. 43. Eciton hamatum, 108. Emeryi (Azteca), 1 10. Engramimi. 1 1 . ensifer (Dorymyrmex), 13, 15, 18,20, 37. 39, 10. Ephebomyrmex Naegeli, Ki. estoma. 111. estomatoma, 111. Euponerinae, 5. exsanguis (Dorymyrmex), 16. ls. 20, 22. 2.".. 27. 38, 39, 43. Fiebrigi (F. Mac Cooki), 72. 74. 80. 82. flavescens (Dorymyrmex), 13, 18, 20, 2.".. 26, 28. 32. 55, 37. flavesceus (Fórmica), 13. 14. llavus (Lasius), 78. flavas paraneiisis (I), pyramicus), 17. foetida i Fórmica). 70. foetidns (Forelius), 70. Foreli (Azteca), 109. Forelius. 5, li, 11, 12. 69. 73, 74, 75, 77, 90. Forelius chalybaeus, 70, 72, 73, 75, 76. 84. subesp. albiventris, 72, 75. 89. subesp. grandis, 72, 75, 76, 77, 85, 87. 88. var. minor, 72, 75. 86. var. rubriceps, 72, 75, 7i¡, 85. 86. Forelius foetidus, 70. Forelius Mac Cooki, 70, 71, 72. 73, 78, 84, 85. subesp. brasiliensis, 71, 72, 74, 78. 82. var. carmelitana, 72. 74, 79. subesp. breviscapus, 72. 74. 80. var. obscnrata, 72. 74, 75, 81. Bubesp. Fiebrigi, 72, 74, 80. Forelius uigriventris, 7. 63. 71. 72. 73. 74, 75. 81, 82, 83. Forelius rufus, 72. 74. 77. Fórmica. 6, 13. Fórmica detecta, ü! . Fórmica flavescens, 13. Fórmica foetida, 70. Fórmica insana. 54. Fórmica purpurea, 94. Formieidae, 2, 3. Froggatella, 11. fumigatus ( D. Goeldi), 17. fuscescens ( I. melleus), 95. Gallardoi (Dorymyrmex), 105. Gallardoi (I. humilis), 95, 96, 105. 196. Garbei il>. pyramicus), 18 20, 23. 26, 27. 60. 61, 62. 63. Goeldi (Dorymyrmex), 17. grandis (Forelius chalybaeus), 72, 75, 77. 85, 86, 87, 88. Guainiae (Hirtella), 110. hamatum (Eciton), ios. hirsuta l Duroia), 110. Hirtella Guainiae, 110. humilis (Hypoclinea), 97. humilis (Iridomyrmex), 6. 7. lo. 71. 91, 92, 95. 94, 95. no. 97. 98, 100, 105. Hydnophitum, 92. Hypoclinea, 90, 97. Hypoclinea humilis, 97. hypophylla (Azteca), 110. Iheringi (Dorymyrmex), 17. imbauba, 111. iughivio. S. iniquus (Iridomyrmex), 95. insana (Fórmica) 54. iustabile (Lioraetopum), 113. instabilis (Azteca), 109, 113. instabilis (Tapinoma ), 113. Iridomyrmex, 5, 6, 11, 12, 69, 70, 71, 90, 91. 95, 97, 107. 126 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES I i'iilniíivniícN analis, 7n. 9 I . var. pruinosa, 9 I . Iridomyrmex detectas, 6, 94. [ridomyrniex diapertitus, 91, 94. subesp. micaus, 94, 96, 07. 106- [ridoinyrmex liuinilis, (i. 7. 1(5,71, 91, 92, 93, 94, 95, 96, 97, 98, 100, 105. subesp. angulata, 04. subesp. Gallardoi, 95, 96, 105. subesp. platensis, 95, 96, 101, 102. L03 vai'. breviscapa, 105. 106. var. transiens, 95, 96, 103. 104. Iridomyrmex iniquns, 95. var. uigella, 95. Iridomyrmex Keiteli, 95. [ridomyrmex leucomelas, 95. Iridomyrmex Mac Cooki, 69, 78. [ridomyrmex molleus, 95. var. fuscescens, 95. snhesp. succinea, 95. Iridomyrmex myrmecodiae, 92. Iridomyrmex pilifer, 95. [ridomyrmex purpureus, 94. jumensis (Azteca longiceps), 109. Keiteli (Iridomyrmex), 95. Lallemandi (Azteca), 109. Ianuginosa (Azteca), 110. Lasius llavus. 78. LeptomjTDiicini, 10. leucomelas (Iridomyrmex), 95. Liometopum, 11. Liometopum instabile, 113. longiceps (Azteca (, 109. Lynchi (Azteca), 116, 118. Mai Cooki (Forelius), 71. 7L 1 . 73,78, 79, 82. 84, 85. Mac Cooki (Iridomyrmex), 69,78. raelleus i Iridomyrmex), 95. Melophorus, 71. metropolitano i oído), 111. micans (I. dispertitus), 94, 96, 97, 106. ininor (Forelius chalibaeus), 72, 7.">. 86. minatus (Dorymyrmex), 18, 20, 43. molefaciens (Pogonomyrmex), 10. molleja, 8. mucronatus (Dorymyrmex), 13, 14, 1"'. 18, 20, 27, 28. 34. 35, 36, 37, 38, 39, 10, 11'. ■uuellerianos corpúsculos), 111. 11-. Muelleri (Azteca), 110, 1 11. 113. multiuida (Azteca chartifex), 109. \1\ rmecocystus, 71. Myrmecodia, 92. myrmecodiae (Iridomyrmex), 92. Myrmelachista, 71. Myrmepbytum, 92. Myrmicinae, ."■. 7, 8. Naegelii (Pogonomyrmex), 10. nido metropolitano, 111. uigella 1 1, iniquus), 95. nigra (D. pyramicus), 17. nigriventris (Forelius), 7, 63, 71, 72, 7:;. 74, 75, 81, 82, 88. -87. obscurata (F. Mac Cook breviscapus), 72. 74. 7:., 81. occidentalis (Pogonomyrmex), 10. olitrix (Azteca), 110. pallidipes (D. tener Richteri), 51. paranensis (Azteca), 109. paranensis (D. pyramicus flavus), 17. petiolaris 1 1 luroia l, 110. pilifer (Iridomyrmex), 95. planidens (Dorymyrmex), 7,8, 13, 14, 10, 18, 19, 20, 21. 2:.. 27, 28. 20. 80, 81. 82. 88, 38, 10, 12. platensis il>. pyramicus), 55. platensis (I. humilis), 95, 96, 101, 102. 108. 1(11. lll.-,. Pogonomyrmex barbatus, 78. Pogonomyrmex molefaciens, 10. Pogonomyrmex Naegelii, 10. Pogonomyrmex occidentalis, 10. Ponerina, I. Ponerinae, •"». 7. 8. Prenolepis, 18, 71. Prenolepis pj ramica, I I . 5 I . prostoma, 111. proveutrículo. 8. pruinosa il . analis), I. GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODEEINAS 127 Pseudomyrma, 113. purpurea (Fórmica), 94. purpureuH (Iridomyrmex), 94. l'sammoinyrma, 19, 21, 28, 41, 43. pyramioa (Prenolepia), 14. 54. pyramicu8 (Dorymyrmex), 7. 14, 15, 16, 18, 19, 20, 23, 26, 27, 43, 44, 48, 49, 53, 54. 55, 57, 58, 59, 60, 64, 65, 68, 71. Richteri (D. tener), 18, 20. 22, 51, 52. Richteri depilitibia (D. tener), 18, 20, 52. rubriceps (I), pyramicus), 68, 69. rubriceps (1). Forelius chalibaeus), 72, 75, 76, 85, 86. rui'ns (Forelius), 72, 74. 77, 86. Schomburgkia tibicinis, 110. Scliunianni (Azteca), 110. Semonius, 11. sépalos, 9. sericea (Azteca), 110. sexdens (Atta), 113. silvae (Azteca), 109. spuria (L). pyramieus), 17. Steigeri (Dorymyrmex), 18, 20, 24,66. stnlli (Cremastogaster), 109. succinea (I. melleus), 95. Swartzia, 109. Tachigália, 110. 19, 20, 22, 43. 48, 49. 50, 65, 66. taehigaliae (Azteca >. 110. Tapinoma, 7, 11, 70, 82, 90, 91, 108. Tapinoma iustabilis, 113. Tapinomini, 9. 10, 11. Teclinomyrmex, 11. tener (Dorymyrmex), 7, 14, 15, 16, 18, tboraciens (Dorymyrmex), 16, 18, 19. 2(1, 22, 52. 53. iil>iiinis (Schomburgkia), 110. 4',. -a. 11(1. Tonduzi (Azteca), 110. Traili (Azteca), 110. transiens (I. humilis platensis), 95, 96. 103. 104. tridactylus (Bradypus), 112. trígona (Azteca), 109. triquilio, 111. Turneria, 11. Ulei (Azteca), 110. virens (Azteca), 110. Wolffhügeli (Dorymyrmex), 18. 20. 21. 26, 64, 65, 67. xysticola (Azteca Foreli), 109. TABLA DE MATERIAS Subfamilia D0LICH0DERINAE Subfamilia D0LICH0DERINAE (Forel) Caracteres Obrera Hembra Macho Ninfas Coloración Morfología del ala anterior de las Dolicoderinas Caracteres anatómicos Aparato ponzoñoso y glándulas anales Proveutrículo o molleja División de la subfamilia Tribus Tapinomini (Emery) s 10 11 128 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES Caracteres 11 Chive de loa géneros argentinos de Dolicoderinas l l' i >breras y hembras 12 Machos 12 Género Dorymyrmex Mayr 13 « ;i racteres ir» Obrera 15 Hembra 1 5 Machi Iii Etología L6 Distribución geográfica 17 Clasificación 20 Clave para la determinación de las obreras de Dorymyrmex de la Repú- blica Argentina -1 'Lista de las hembras conocidas de las especies de Dorymyrmex de la Re- pública Argentina 25 Lista de los machos conocidos «le las especies «le Dorymyrmex «le la Re- pública Argentina 26 Descripciones de las formas argentinas de] género Dorymyrmex 28 Subgénero Psammomyrma Forel 28 Dorymyrmex flavescena Mayr L'S Dorymyrmez planidens Mayr 28 Dorymyrmex mucronatus Emery 34 Dorymyrmex ensifer Forel M7 var. laevigala Gallardo 39 Dorymyrmex Bruchi Forel I" var. ebenina Forel. -11 Dorymyrmex alboniger Forel llí Subgénero Conomyrma Forel 43 Dorymyrmex minutas Emery 43 Dorymyrmex exsanguis Forel 43 var. carbonaria Forel 45 Dorymyrmex Baeri André 47 Dorymyrmex antárcticas Forel l s Dorymyrmex Innr Mayr I! 1 subesp. Bichteri Forel 51 subesp. Bichteri var. pallidipes Bréthes 53 subesp. Bichteri var. depiliHbia Forel 52 Dorymyrmex thoracicus (Santschi) 52 Dorymyrmex pyramictis i Roger) 54 subesp. hnntiiiiis Forel 59 subesp. Garbei Forel 60 var. bicolor Wheeler 63 Dorymyrmex U olffhügéli Forel 64 Dorymyrmex Steigeri Santschi 66 Dorymyrmex < 'arettei Forel 67 Dorymyrmex breviscapis Forel 68 var. i 'arettoides Forel 69 Género Forelius Emery 69 GALLARDO : SUBFAMILIA DOLICODERINAS 129 Caracteres 70 Obrera 70 Heml ira 70 Macho 70 Etología 71 Distribución geográfica 72 Clave para la determinación de las obreras de las formas argentinas del género Forelius 74 Lista de las hembras conocidas de las formas de Forelius de la Repúbli- ca Argentina 75 Lista de los machos conocidos de las formas de Fon lias de la República Argentina 76 Descripciones de las (orinas argentinas del género Forelius 77 Forelius rufas Calíanlo 77 Forelius Mac Cooki (Forel) 78 subesp. brasiliensis Forel 78 var. carmelitana Gallardo 70 subesp. Fiebrigi Forel 80 subesp. breviseapus Forel NO vav. obscurata Forel si Forelius nigriventris Forel 81 Forelius chalybaeus Emery 84 \ ar. rubriceps ( Forel) 85 var. minor Forel 86 subesp. granáis Forel 87 subesp. albiventris Forel 80 Género Iridomyrmex Mayr 90 Caracteres 90 Ubrera 90 Hembra 90 Macho 91 Etología 91 Distribución geográfica 1 Lista . Cyrtopotlium palmifrons Beich. y Warm. Ilah. Sobre un viejo tronco de Pithecolobium multiflorum (Knth.) lintli.. en la margen derecha del no Pescado, en Salta, cuero 1903. Obs. Esta hermosa Orquidácea no estaba en flor cuantióla hallé; traída a La Plata no tardo en cubrirse de flores, pero murió al año siguiente. En el año 1912 el señor Aula me trajo de Gallaretas, en el Chaco santiagueño, otro ejemplar, el que tengo aun vivo, pero hasta ahora no llegó nunca a florecer. El profesor Kranzlin, al cual había enviado el ejemplar dése cado, al liarme su determinación, dice en la carta : « ... especie conocida desde mucho t Lempo, pero solo por la figura de Warming, una descripción muy corta de Eteichenbach en los Otia hamburgeusia, página S8, y una recopilación de estas notas en Cogniaux, Flora brasiliensis : este último autor no vio nunca la planta. La figura del Botanical Magasine representa esta especie 'pie fué hecha sobre ejemplares que habían florecido cu Kew. pero nadie en Europa posee aun esta planta, muy rara, exceptuando el Herbario de Keicheuliaeh del .Museo imperial de Yiena: ... le agradezco, pues, de haberme proporcionado esta joya. ( 'orno SPEGAZZIXI : ALGUNAS ORQUIDÁCEAS ARGENTINAS 139 c] ejemplar que usted me ha remitido está secado de un mod< inmejorable, su determinación resultó por lo tanto de las más fáciles y seguras.» Toda la planta es sin olor: las flores son de un hermoso color de oro v su duración de más de una semana. 4. Oncidium pumilum Lindl. Hab. Sobre troncos viejos de Luhea sp. culos bosques de Pra- crán, Misiones, febrero l!Mi7. Obs. Pequeña especie muy común y abundante, aunque de poca vista y sin fragancia. 5. Rotlriguezia uliginosa Cogn. Hab. En las espesas masas de briófitas que revisten las rumas de Loreto, Misiones, enero L907. 6. Miltonia flavescens Lindl. Hab. Abundante sobre las viejas tipas ('['¡pinina Upa Benth.) en las orillas del río Bermejo, Salta, enero 1905. 7. Spiranthes delicatula Kránz. Hab. En los piados cenagosos cerca de Tapurucupú, Paraguay, noviembre 1883 y en Posadas, Misiones, enero 1907. Obs. El profesor Kránzlin, al publicar esta especie, atribuye el ejemplar al malogrado profesor Arecliavaleta. mientras era el que recolecté yo mismo en mi primer viaje a Misiones. 8. Spiranthes üneata Lindl. Hab. En los almohadones de musgos que cubrían troncos caídos de lapachos (Tabébuia sp.), cerca de Santa Ana de Misiones, febrero 1ÍI07. Obs. Las llores blanco-verdosas, con pequeñas pintitas rosadas. despiden un ligero olor de jazmín. Un MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES !». Stenorhynchus Sancti-Antonü Kranz. Utth. En la cuesta de San Antonio, cutre la estación Trancas y la estancia Pampa Grande, Salía, cuero ls'.»7. (His. La especie era bastante común en la localidad, pero de los varios ejemplares que junte, habiendo sufrido un tuerte tem- poral y consiguiente mojadura «le las colecciones, no pude sal- var mas que el solo ejemplar que sirvió de liase para su des- cripción. La inflorescencia viva ofrece brácteas de un color rojo vinoso sucio, sépalos lampiños rojo-anaranjados y ovarios trígonos finamente glandulosos de color ruin. l<). Bipinnula biplumosa Reich. HuIk Frecuente, sino abundante, cu las lomas de Sierra Chica, cerca de Olavarría, noviembre 1911. DESCRIPCIÓN DE UNA NUEVA MOSCA LANGOSTICIDA .h a\ iiKlrniKs En febrero del corriente año, el doctor «Ion Pedro Caride Massini trájome varios ejemplares de una mosca que había conseguido positi vamente como parásitos de la langosta Schistocerca paranensis (Burm.). En seguida me di cuenta que es la mosca llamada por Eondani Sar- eophaga nurus en las Atti della Societá italiana di Scienze naturali eii 1861 y vuelta a publicar, como procedente de la República Argen- tina, en el Annuario della Societá dei Naturalisti in Modena en L868, año III, página ■"> (separ.). De modo que resultaría con ello que esa. Sareophaga se encontrase a la vez en Italia y en la República Argentina. Pero estudios poste riores lian comprobado que la Sareophaga nurus Rond.,de Europa, es sinónima de S. haemorrhoidalis cu varios de sus ejemplares, defalcu- Itifít Pand. en algunos otros, de A'. Beckeri Yill. en otros, etc. De ello resulta que la especie S. nurus cae en sinonimia. Era, pues, interesante reconocer si la S. nurus Rond., de la Repú- blica Argentina, dada a conocer en 186S, teína algo que ver con las Sarcophagas de Europa, y con cual de ellas podría identificarse. La especie argentina es una délas mayores Sareophaga (pie consti- tuyen el género y debe por tanto compararse con S. camaria, hae- morrhoidalis, protuberans, similis, seoparia, etc. Era además interesante averiguar si esta Sareophaga no seria igual con alguna délas arriba de ISO especies descriptas ya de América. No trataré por cierto de comparar todas aquellas descripciones con la que doy de S. argentina : algunas «le las que pudieran más allegár- sele por su tamaño difieren : S. plinthopyga Wied. por ano testaceo, 142 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES hinterkopf gelblichgreis behaart; 8. rubella Wied. por ano flavo; S. chrysostoma Wied. por genis, orbitis, thoracisqm lateribus añratis; S. suffusa Wlk. por caput subauratum; S. tripartita v. d. Wulp, pexata \. d. Wulp, volucris v. d. Wulp, por la ausencia de macroquetas dor socentrales... Su estudio me ha convencido que no es idéntica con ninguna de las especies conocidas hasta hoy y debe por tanto constituir una nueva especie que llamaré Sarcophaga argentina Brfethes, n. sp. = Sarcophaga aurus Rond., Ann. Soe. Nat. Mínima. III. p. 'A (separat.), 1868 (,,,<• 1861). — Bréthes, An. Mus. Bs. As. (A) IX. p. 296, 1907. — Bréthes, in Cerruti, Miasis del oído, la Sarcophaga nurus, nueva mosca productora de miasis, in Revista Médica del Rosario, septiembre de L918. — Laliillc La langosta ij sus nnisriis parasitarias, in Anales del Ministerio de Agricultura. Sección . 86. 1 í-J-'i min. — Major, cana, thorace dorso nigro trivittato, linea externa extus ramulos 2 emitiente, abdomine tessellato. Fronte In vértice plus mi- mis ■ '. ' . oculorum aequilata (in cf ' ■)• cid basin antennarum fronte oculis aequilata ; fasciafrontalifascia orbitali tantulum latiora : orbitis, facú . genisque albidis, fascia frontali picea vel subnigra. Linea frontal/ e cir- eilee 12 macrochaetis fórmala, basin aiileiinariiiii rrrsns sal divergente, macrochaetis orbitalibus 2 (in c? nullis). Genis prope marginem inferio- rem oculorum linea macrochaetis minutis ornatis, el deorsum versus longe albido-villosis ; margine inferiore setis nonnullis sal minutis nigrisque ármalo. Antennis articulo ■>" rectangulari, latitudine duplo longiore, ad ,ía ciei attingente, angulis apicalibus rotundatis; seta usque ad , plumosa. Palpis nigris, apicem versus sensim crassioribus, longe nigro pilosis. Thorace cano, longitudinaliter nigro, 3-vittato, vitta externa extus raíanlos 2 emitiente, nna antesnliirali . usque ad hasin alarnni eonli nnata. altera ¡loslsiil nrali ; pilis el maerocltactis nigris. Maer. aer. I prescutellari, de. antesuturalibus •'<' modict parvis; de. postsuturalibus 2, anteriore minore, humeralibus •'<'. pleurostemalis ■'<'.• l. I, l: humero sai dense nigro-pilosulo, scutello maer. diácopreapicalibus 2 sat modicis, 2 ad ángulos áulicos (anteriore minore). 2 Utrinque ¡lostiee. médium rersiis recurvatis (in cf macrochaetis 4 posticalibus aequidistantibm, sed 2 in- terinediis minoriliiis). Abdomen segmento 3 in marijini postico macrochaetis cireiter t4 BRÉTHES : DESCRIPCIÓN DE UNA MUSCA LANGOSTICIDA 143 plus minus aequidistantibus (in c? 2 in medio et utrinque circiter ■'>). segmento !" macr. circiter 16 (in <¿ circiter 22) apical/bus. Segmentis genitalibus (9 cf) ferrugineis, nigro-pilosis. Alishyalinis, vena costali sine acúleo, ábscissa 3*el mm 6 longa, ', I muí. longa, vena longitudinali •'<" circiter 8 (in cf circuir 12) setulosa. Pedibus (Q): femoribus anticis margine infero-exteriore macrochae- tis in ti iien ni tirniato etiamque margine superiore in lineis 2; femoribus mediis subtus diluidlo apicali pilis brevibus in lineara dispositis, femori- bus posticis margine superiore extus macrochaetis etiam in lineam dispo- sitis, tibiis ómnibus macrochaetis hic illie notatis, unguibus simplicibus, quam pulvillos paulum majoribus. Pedibus (cf) : femoribus ómnibus et tibiis posticis (tertio basali crecido) subtus lo ii ge denseque nigro-pilosulis, femoribus mediis margine infero- exteriore macrochaetis modiee brevibus in lineam dispositis ; unguibus quam in 9 longioribus. cf Forcipite, a latere riso, recto, sai longe nigro-pilosulo, extus ante iijiiet ni cinnrijiíitito et ápice obliqne trinicnto. unco (interiore posteriore mu ¡o re, etc. (vid. fi(J.). Largo: Ll-13 mm. Grande, grisácea, el dorso del tórax con tres líneas negras longitudinales, las lineas externas con dos ramas ne- gras, una antesntural que llega hasta la base del ala y la otra post- sutural. La líente en el vértice tiene más o menos los a / 3 del ancho de los ojos (en el cf la 'A), y al nivel de la liase de las antenas la frente es de igual ancho que los ojos, la taja frontal es un tanto más ancha que las fajas orbitales; tiene un color negruzco. Las fajas orbitales, la cara y las mejillas son blanquizcas, con algún reflejo plomizo según la luz. La linea de macroquetas frontales esta formada de unas doce cerdas y es divergente al nivel de la base de las antenas; hay además dos macroquetas orbitales (nulas en el cf). Una línea de macroquetas pequeñas al borde antero-inferior de los ojos; algunas pocas cerdas negras y bastante pequeñas en el borde inferior de las mejillas; éstas tienen ademas su superficie cubierta por un vello bastante abundan- te, sobre todo hacia abajo y atrás. El tercer artículo de las antenas es rectangular, dos veces más largo que ancho, sus ángulos apicales redondeados; alcanza como a los '■'■/■, de la cara; la cerda basal es plumosa hasta sus : ,. Los palpos son negros, apenas engrosados hacia la extremidad y con pelos negros y largos. El tórax es ceniciento; una sola macroqueta acr. antescutelar, tres de. antesuturales bastante pequeñas, dos postsuturales, la anterior menor, tres humerales, tres pleurosternales : 1, 1, 1; el húmero tiene 111 MI SEO NACIONAL DE BUENOS URES pelillos negros bastante densos. El escudete tiene dos macroquetas disco-preapicales de tamaüo mediano, y además dos en el ángulo ante rior (la anterior menor), dos de cada lado posteriormente (en el cf estas cuatro macroquetas son equidistantes, pero las dos intermedias son mas pequeñas). El abdomen tiene un damero de manchas blanquizcas y negras, cuyo color varía según el ángulo de luz; el tercer segmento tiene en su borde posterior unas 14 macroquetas mas o menos equidistantes (en el cf hay dos medianas y unas cinco de cada lado); el enalto seg- mento tiene unas L6 macroquetas (el cf unas 22) apicales. Los segmentos genitales son rojizos, con pelillos abundantes ne uros. Las alas son hialinas, la vena costal sin espina, su sección 3 a es a la 5 a como 8 es a 5, la tercera vena longitudinal tiene unas ocho (el cf unas L2) cerditas. En la 9 los fémures anteriores tienen su borde infero-externo con una linea de macroquetas, asi como dos lineas su margen superior; los fémures medianos licúen por debajo, en su mitad apical, una linea de pelos cortos; los lémures posterio- res i ienen su margen superoexterna también con una linea de macroquetas, las tibias tienen ma- croquetas poco numerosas y sin orden aparente; las tiñuelas son simples y un poco mayores que las pulvilas. !-",n el cf todos los fémures y las tibias posterio- res (éstas excepto en su base) por debajo tienen pelos lardos y densos. los fémures medianos en su margen tnfero-externa una linea de ma croquetas bástanle cortas; las uñuelas son unís largas que en la 9- cf El fórceps, visto de lado, es recio, con una pilosidad negra bas tante larga, su extremidad truncada oblicuamente y con unaemargi- nación externa bastante pronunciada antes de la exl remidad : el gan- cho anterior es mayor que el posterior, etc. (ver la fig.). Según las observaciones «pie se tienen hechas hasta ahora, esta Sarcophaga es de hábitos mixios. siendo langosl icida en varias ocasio nes, pero por otra parte habiéndola encontrado como productora de Miasis el distinguido doctor don Tomas Cerruti, en el Rosario de Sania Fe. Bastaría sólo este iiltimo dato para no desear la multiplica- ción de esla Sarcophaga. A la vez esto indica con cuanta prudencia se debe obrar en la elección de los animales para la lucha biológica con tra los otros animales. ( ii s[ii tíos ruasi i¡¡ - di .v argentina, vistos de perfil, OBSERVACIONES ARQUEOLÓGICAS EN EL RIO BLANCO i S A X JUAN) ri RT BOSSEÜS En un viaje a la provincia de La Rioja, sobre el cual saldrá un re- sumen en la revista Physis, estudié también el valle del río Blanco en la provincia de San Juan del punto de vista botánico y geográ tico-económico. Tuve también ocasión para hacer una serie de ob- servaciones arqueológicas interesantes. No siendo especialista en la materia, ileseo únicamente llamar con estas lineas la atención de los interesados, sobre las orillas del río Blanco. En la literatura corres- pondiente no piule encontrar nada sobre antiguas poblaciones en la región visitada. Los siguientes datos mas importantes fueron tomados en el mes de octubre de 1915. En el río Blanco, el cual alcancé en descenso di- recto sobre « El Volcan >> (véase el mapa del Dr. Brackebusch ') lle- gando a Carrisalito, encontré las primeras señales de antiguas po- blaciones indígenas. Estas mismas, ya no se encuentran visibles, pero la vegetación habla un lenguaje elocuente. Hallamos, pues, aquí frecuentemente árboles grandes de «Juine negro» -, cuya ceniza con la grasa de cerdo y sal, usan los indígenas para fabricar ja- bón. Esta planta crece generalmente como arbusto. Muy a menu- 1 Mapa geológico de la parte noroeste de la República Argentina, publicación de la Academia nacional de Córdoba. - Sobre esta Chenopodiacea hablaré cu otra nota. ANAL. MUS. NAC. — 1. XXVIII (JUNIO 14, 1916) 9 146 MUSEO NACIONAL DE BUENOS UKES do la encontré en el valle del río Bermejo, entre Villa Unión y Villeliina. De Tniis importancia que este hallazgo botánico es el resultado ar- queológico en Chinguillos. A distancia de cinco leguas de Carrisalito, río arriba, he encontrado en aquel paraje los restos de una antigua ciudad de indígenas, situada sobre la orilla izquierda. La actual po- blación que se compone de unos diez ranchos poblados por chilenos, con sembrados reducidos de alfalfa para la ganadería y unos sauces, se halla a la orilla derecha, abajo de los renombrados grandes Lia- Fie. 1. Valle del rio Blanco, n 1 1 tina] > l • - los llanos fot, Hossi ns) nos, los cuales se extienden sobre zonas muy vastas. Las majadas son llevadas en el verano a los llanos o hasta la cordillera de San ( ruillermo, etc. A la izquierda del río Blanco no se encuentra ni una sola vivien- da, pero aquí estuvo antiguamente la población indígena^ Según mi opinión, este punto fue el centro del sistema de las vi- viendas ile los antiguos, probablemente la residencia de un virrey. Es de suponer que Carrisalito fuera únicamente un puesto en el ca- mino Perú-Bolivia, Salinas del Leoncito, etc.. Rodeo-San .luán. La población por lo general se halla bien conservada : estalla ro deada de una gran muralla exterior que existe lioy solamente en CURT HOSSEUS : OBSERVACIONES EN EL RIO BLANCO 147 fragmentos bastante destruidos a causa de las inundaciones, las que venían tanto del río Blanco coi le la Quebrada, la cual se ex- tiende desde el Cordón de la Punilla. También las ricas vegas que allí se hallaban, están destruidas; en su lugar se encuentran ahora arbustos que han cubierto la antigua población y especialmente la muralla exterior de la ciudad. Al interior de este niurallon se halla gran número de casas toda- ilrboles de Jume negro n.it Hosseus) vía bien conservadas, pero todas sin techo y de paredes que alcan- zan en su forma destruida una altura de metro y medio. Las casas fueron construidas en parte de adobes, mezclados con piedras de pi- zarra y de otras rocas. Debajo de la tierra encontramos a medio metro una masa de paja seca, de la «Cortadera » (Gortaderia sp.). que proviene de los techos de estas casas. Está muy a menudo carbo- nizada y nos da una prueba de los frecuentes incendios en esta po- blación antigua. lis MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES Fig. 3 -■ Valle del río Blai lesde los llanos (fot. F Graeí Fig 1. — La Duevn población .Ir Chinguillos (fot, F. Graef) CURT HOSSEUS : OBSERVACIONES EN KI> III" BLANCO 149 La entrada de estas casas se halla del lado este. Las medidas son las siguientes : 5, 6, 7, 9,19 metros en cuadrado, ere. Las paredes de la entrada (aun conservadas) son en general de dos metros. En un lugar se encuentra una casa especialmente grande, de 19 metros de cuadrado, que según mi opinión y la de un viejo indígena, era la residencia de un virrey. En el subsuelo de esta casa encontré una urna antigua de dibujo en negro en un costado. Especialmente típica es la construcción de las casas, todas las Fig. 5. — Vieja población de Chinguillos (fot. P. Scliweizer) esquinas son redondeadas, lo que se verá claramente en las rotogra- t'ías adjuntas. Una liarte de estos ranchos deja ver en la mitad de su altura ex- traños y redondos agujeros que hacen la ilusión de pequeñas venta- nas para observar o para una defensa. AI principio no me he podido explicar este fenómeno; más tarde; siguiendo mis observaciones, resulta que son hechos por avispas (pie viven en las paredes, que aquí poco a poco siguieron la obra destructora hasta llegar a cons- truir sus nidos que están sentados en un pequeño tronco, comparable L50 MUSEO NACIONAL l>K BUENOS AIRES I i . usa
  • agujeros de a\ ispas (fot. 1'. Sckwi ¡ i OURT UOSSEUS : OBSERVACIONES EN EL RIO BLANCO 151 zados una aguja de hueso, pero a la cual falta el ojo. Los fragmentos de las urnas están formadas de pasta, con dibujo en negro, en parte cubiertos de una bella patina. Me extraña no haber encontrado fle- chas; creo que si hubiera podido dedicarme más a esto, seguramente hubiera obtenido un resultado favorable. En el interior de los ranchos crecen arbustos exuberantes y muy vie- jos de «Jarilla macho» (Larrea nítida Cav.) y de •■ Algarrobo impan- ta •> (Prosopis alba Cries, var. patita), como arbustos curvados. Cuando cabalgamos rio arriba, encontramos cu las vegas de Mi- randa también casas antiguas, bien conservadas y con gran canti- dad de trozos de urnas en el suido, pero que lian sufrido muchísimo las frecuentes crecientes. Se me dijo que siguiendo el curso del rio se encontraría una pobla- ción de los antiguos en Jarillito (según Brackebusch, 2650 m. s. n. d. ni.), lie ido hasta alia, pero no he podido encontrar tal población. A amitos costados del rio se encuentran puestos abandonados pero son del siglo pasado o más recientes: existen por aquel paraje mando montes de «Jarilla macho», que tal vez sean un indicio de antiguas poblaciones. Fuera de las orillas del rio Blanco encontramos una vivienda en « El Chaparro», arriba del Barreal Colorado, entre Jarillito y las sa- linas del Leoncito. Aquí ya se han practicado excavaciones. Con ex- cepción de una casa antigua, la cual ha sufrido de las inundaciones, y por esta causa en parte destruida, no halle ningún otro fragmento. BREVES NOTICIAS Y TRADICIONES SOBRE EL ORIGEN DE LA BOLEADORA" V DEL CABALLO EN LA REPÚBLICA ARGENTINA ANÍBAL CARI) OS En un interesante trabajo recientemente aparecido en estos Ana- les ', su autor, después de apoyarse en citas de viajeros del siglo xvi y xvii, llega a las siguientes conclusiones: « I a Los Patagones durante los siglos xviy xvn usaron únicamen- te el arco y la flecha como arma ofensiva arrojadiza : «2 a En el primer tercio del siglo xvm los Patagones comenzaron a usar el caballo, importado, sin duda, de las regiones septentriona- les, y obtenido, quizá, de los Puelches y Araucanos, quienes domes ticaron dicho equino una vez que se hubo multiplicado en los llanos centrales argentinos ; «3 a Consecutivamente a la introducción del caballo, los Patagones abandonaron el uso del arco y la Hedía y comenzaron a emplear gra- dualmente la « bola perdida» y los diversos tipo de boleadora; armas de más fácil manejo para el ginete. » Aun cuando estoy de acuerdo en el sentido de estas conclusiones, dado los argumentos principales del trabajo mencionado, encuentro «pie no son suficientemente claras y precisas como para poder evitar (pie algún mal intencionado se sirva de ellas a tin de combatir dos opiniones sostenidas en estos Anales : la existencia de la «bola » co- 1 Félix F. Outks, La ulula sepulcral del Cerrito " Consecutivamente al uso del caballo, los Patagones de la vasta abandonaron el arco y la flecha y comenzaron a emplear los diversos tipos de boleadoras. Estas sencillas aclaraciones, que subrayo, se apoyan en los siguien- tes liedlos : I o Los viajeros a que se refieren las citas históricas mencionadas, no pasaron de la costa Atlántica: no conocieron los indios del inte- rior ni tuvieron siquiera noticia de los lagos cordilleranos, por ¡uno rar el idioma indígena que les hubiera permitido averiguarlo: 2° La región que visitaron es sumamente accidentada, montañosa, y carece de agua dulce y pastos necesarios para alimentar grandes cuadrúpedos, especialmente los (pie. como el caballo, necesitan habi- tar la llanura : .">" No existiendo estos cuadrúpedos, resulta inútil la «boleadora » pesada, y los indios se concretaban a usar las armas de que sacaban provecho. Que los viajeros citados no mencionen « boleadoras ». no es un argu- mento contra su existencia. Ludieron no verlas o no querer mencionar- las, ya «pie no pudieron explicarse su uso ni tampoco averiguarlo. Tomar como única guía las citas de aquellas épocas, licuando la existencia de todo aquello que ellas no mencionan, es un error (pie trae por consecuencia largas discusiones para llegar por último a so Iliciones contrarias. Aquellos viajeros famosos no vieron en manos de los indígenas «boleadoras», cuchillos y raspadores de piedra, arpones y anzuelos de hueso, adornos de concha y utensilios de ba- rro, que nos han sido revelados por descubrimientos casuales: en cambio nos hablan, repetidamente, de gigantes de doce pies (pie tra- gaban tlechas.no muy largas felizmente, ya que sus arcos median no- venta centímetros. CARDOSO : (UiKiEN DE LA «BOLEADORA» Y DEL CABALLO 155 Pues bien : esas citas de Pigafetta, Transilvano, Areizaga y otros, lian servido para discutir tres siglos la colosal estatura, de los Pata- gones une el P. Falkner redujo a siete pies con el gran cacique Can- gapol y su hermano Sansimian, que habitaban sobre el Río Negro. Empiezo por declarar que considero las citas que hace Outes, per- fectamente exactas. Conozco la prolijidad con que escribe sus estu- dios y esto me aliona la tarea de consultar las obras que indica. Ade- mas, ya las tengo revisadas hace algunos años cuando buscaba datos a propósito de la antigüedad del caballo americano; datos que no en- contré por las razones apuntadas: esos viajeros no pasaron de la cos- ta, región inhospitalaria y escasez de agua, donde sólo vivían pobre- mente algunos indios cazadores y pescadores. Aquellos viajeros no se preocuparon en decirnos qué cazaban o pescaban esos indios y mucho menos detallarnos una fauna que debió serles casi totalmente desconocida. Oviedo, guiándose por un relato de la época, dice que Magallanes envió a tierra siete hombres en San Julián y los indios para obsequiarlos « mataron un animal que quena algo parescer a un asno salvaje, la carne del cual, medio asada, les pusieron (leíante, sin otro manjar ni bebida alguna » '. ¿Era aquello un potro salvaje o un guanaco .' Para los que niegan la existencia del primero, era sin vacilar el segundo. Por mi parte, no formo juicio con semejantes citas, aun cuando me doy cuenta (lela distancia que exis- te en cuanto a parecido, entre ambos animales y un caballo por más doméstico y puro que sea. Además, Oviedo, llamaba ya en aquella época dantas, a los guanacos y algunas paginas mas adelante pone en boca del clérigo Areizaga (de la exp. de Loaysa) la siguiente frase : «por la costa de la mar la vuelta del estrecho, vian en tierra muchas dantas bravas, grandes y a manadas, e huian de los cristianos, re- linchando como potros, e iban a saltos como lo suelen hacer los vé- nados » J . En la página siguiente, refiriéndose ( hiedo a lo manifestado por el P. Areizaga, dice : «Este nombre, danta, dansele los cristianos a aquellos cueros, no porque sepan que son de dantas: «pie a la ver- dad no lo son : sino unos animales (pie tiene el cuero grueso, como 1 Oviedo Misiona general de Indias, tomo II. página 10. Maximiliano Transil- vano, «-íi su 1,'t ■lnriiiii dice : que al regresar los españolea hacia la costa acompa- ñados de. tres indios patagones, « vieron venir de lejos por el monte nn asm. silvestre, y soeolor de ir tras él se les fueron huyendo y escabulleron de las ma- nos los dos de ellos. » Navarrete, tomo IV. página 259. 3 Oviedo, Historia general de ludían, tomo II, página 39. L56 MUSEO NACIONAL I>K BUENOS AIRES de danta o mas. adelante, cuando se bable de las cosas de Castilla del Oro, se dirá mas largamente que animales son estos, por que se- gún loque entendi de este padre clérigo, son los mismos animales que en la provincia de Cueva llaman beori, donde yo los be visto y comido en la Tierra Firme. ■■ Los guanacos (o dantas) eran. pues, ya conocidas en aquella época, como semejantes a los de Tierra Firme. Búsquese entretanto otro cua- drúpedo patagón para identificarlo con el asno salvaje. ; Cómo cazaron los indios aquella bestia exl rana .' \ Con flecha .'... No nos lu dice Oviedo ni tampoco ins compañeros de Magallanes; pero, para el que conozca la suspicacia, vista y olfato de un potro arisco o haya herido «le varios tiros de fusil a un guanaco, sabe muy bien que no es con las diminutas Hechas de silex usadas por los pa- tagones con lo que podía detenerse ninguno de esos animales. La bo- leadora era allí no solo necesaria, sino también imprescindible, pues no era posible que cinco indios a pie pudieran rodear y cazar con fle- cha en tan breve tiempo un guanaco salvaje. En el año lllll. el naturalista señor Carlos Ameghino encontró en la costa sur y en piso chapalmalense una piedra pulida de las que usan los indios para fabricar sus laques («bolas»). La presencia de esta piedra tan prolijamente trabajada en terreno tan antiguo y las dudas que se suscitaron a este respecto, hizo que Ameghino se empe- ñara en que una comisión de especialistas presenciara la extracción de algún otro objeto (pie allí se encontrara. Poco tiempo después, re cibió aviso del señor Parodi. encargado por los museos nacionales de Buenos Aires y La Plata de la exploración superficial de esa cosía, de haber aparecido otra inedia y un cuchillo de cuarcita que dejaba u> xitii para que fueran extraídos por el señor Ameghino y las personas designadas para testimoniar el hallazgo, el cual fue encontrado en «posición primaria y considerado conio objetos de industria humana, contemporáneos al pino geológico cu que se hallaron depositados . ■ Este importante descubrimiento se efectuó en la cosía de Miramar y en piso chapalmalense (mioceno superior), lo que nos demuestra la antigüedad del hombre cu dicha región. Constataron el descubrimien- to hombres de ciencia que son respetados en nuestro país, pero esto no ha impedido que se ponga en duda por algunas personas la anti- güedad del hallazgo, licuando al indígena la elaboración de esa pie- 1 Xuevas investigaciones geológicas y antropológicas eu Anales I Mii*i<> Nacional de Buenos Aires, tomo XXVI. páginas 117 ¡i 150. 1915, CARDOSO : ORIGEN DE LA «BOLEADORA» Y DEL CABALLO 157 (Ira: y aun cuando no se trata del ]>is<> actual sino del mioceno, cien no debo dejaren silencio un argumento sofístico que pueda servir de antecedente para embrollar las cosas. Se me dirá, también, que nada tiene que hacer Miramar con Pata- gonia; pero si esta comienza para algunos en el Kío Negro, no faltan otros que para defender sus teorías traigan a los patagones basta ha- bitar sobre el Salado; y donde van los indígenas, van sus armas. i'n espíritu suspicaz puede, pues, sirviéndose de la conclusión de Outes, insinuar que si no usaban la «bola» los antiguos indígenas de la costa patagónica, mucho menos debieron usarla los primitivos de Miramar. resultando falso el hallazgo de Ameghino. Es esto lo (pie quiero evitar, demostrando que la « lióla » usada por el indígena en gran parte de la America del Sur y especialmente en las llanuras de la Argentina, lia podido muy bien hallarse en toda la costa atlán- tica de nuestro país y la (pie se encontró en Miramar, puede ser tan antigua como se piensa. El mayor argumento empleado, y confieso (pie es el más contun- dente, es la perfección con que esa piedra ha sido pulida, en una épo ca tan remota (a fines del mioceno) pero, como se ha hallado otra se- mejante y piedras trabajadas en ese mismo lugar, no hay duda de la autenticidad de ese descubrimiento. Asi también lo afirman en el acta levantada los profesores que presenciaron la exhumación. Creo que esa «bola» ha sido trabajada con la misma técnica que empleaban los indios en época postcolombiana, técnica que conocían desde épocas muy lejanas: la rotación a mano de un guijarro rodado, en un agujero lleno de arena con agua. La forma ovicónica, con las dos puntas agudas, me convencen de su antigüedad; primero traba- jaban un extremo y luego el otro, centrando por ultimólos dos conos con la garganta destinada a la cuerda. La forma esférica, perfecta como una bola de billar, vino mas tarde como un perfecciona miento de la anterior. No deja de asombrar la confección de la primera y por eso se la combate, pero si aquellos indígenas encontraron un medio puramen- te mecánico de fabricar con perfección un arma de piedra pulimenta- da (pie conservaron hasta más tarde, ; por qué negárselo ? ;, Ha va- riado acaso la técnica de fabricación de Hechas y cuchillos entre los indígenas .' Nada de eso ; en épocas muy modernas hacían esas mis- mas armas por los mismos procedimientos de antaño, y hasta podemos decir (pie las ultimas son menos perfectas. Hoy se afila en el desierto un cuchillo sobre una piedra como lo hicieron los primeros hombres de la época del bronce o del hierro, y fabrica el presidario un punzón 158 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES de hueso a fuerza de restregarlo sobre las lozas de su calabozo. ; Por qué? Porque carece de otros medios y emplea el mismo movimiento mecánico que usaron los primeros hombres, para hacer la misma co- sa. Sacar chispas de los pedernales, soplar el fuego para activar la llama, quebrar a ¡nano las ramas secas y asar la carne en las brasas, han cambiado acaso K BUENOS A1KES del sur por dar pronto t-< >n el mar. hallaron unas piedras menudas, entre las cuales algunas coloradas y otras blancas, muy duras y vi- dornias, y algunas tenían alrededor una raya <■ > canal y co para alar un cordel : los indios las llaman piedras del diablo . Ai|Ui ya tenemos también la muestra de la piedra con ranura o cinturón, que sirvió de modelo al hombre primitivo. Éste la ensayó atándole una tira de cuero, y encontrándola úl il. labro las piedras con ese detalle V las utilizo como << rompecabeza » y mas tarde como arma arrojadiza. ía tenemos inventada la « lióla perdida >>. después vendrá el retobo de cuero fresco y más tarde la «boleadora»: pero entonces el enigmático habitante del chapalmalense será elevado a la categoría de « hombre >> y recién se le reconocer;! capaz de redon- dear y pulimentar una piedra. Será hipotética mi opinión, pero es también hipotética la que se empeña en una negativa que solo se basa en la duda. En este dilema consulté a Carlos Ameghino y este me dijo sin vacilación: «Para mí no existe hipótesis ni duda, y me importa poco lo que en con trario se diga y escriba, discuta y niegue. Yo lie bailado esa •• bola en pleno piso chapalmalense, acompañada de cuchillos, punzones y raspadores de sílex, restos de un fogón, huesos quemados y otros enteros correspondientes a la fauna de esa época. Todo eso se encon- traba i ii sihi. cubierto por varios metros de tierra del piso chapal- malense y ensenadense, en una forma que excluye toda discusión de (pie fuera un hecho casual o un testimonio singular; siendo todo esto estudiado y comprobado por una comisión científica compuesta de profesores y especialistas que figuran entre lo mas ilustrado de nues- t re país '. I'ocos días después, el doctor Santiago Rotli. geólogo del Museo de La Plata, inició en ese mismo sitio una investigación de mayor importancia, haciendo practicar en la barranca una amplia cortadura de muchos niel ros de profundidad en sentido transversal a ella, y encontró en el chapalmalense nuevos restos de la industria humana, entre ellos una punta de flecha muy bien trabajada, media < bola •• pulimentada, como las halladas untt nórmente, y acompa fiando esos objetos un cráneo de pachyrucos casi entero y otros fósiles característicos del mismo horizonte: lo que excluye toda sospecha de inclusión, derrumbamiento o motivo casual de la presencia de esos objetos allí. Mucho tiempo después, el doctoi' Kot h. acompañado de 1 En uno •* últimos viajes que hicieron :i Miraniar los señores Torres y Ameghino, encontraron una de estas piedras, la que desgraciadamente fué per iliil.-i por rl cochero a quien le fué encargada mi custodia. CARDOSO : ORIGEN DE LA «BOLEADORA» Y DEL CABALLO 161 Parodi, hallaron restos de un gran mamífero en el mismo piso, y al empezar la excavación para extraerlo, apareció a la vista una punta de flecha enclavada entre los huesos; por lo (pie resolvieron dejar todo como estaba, hasta oportunidad de extraerlo ante testigos, ya que la palabra honrada de los hombres de ciencia no merece, fe. «Ante esas pruebas de la industria humana en el chapalmalense l es posible admitir una hipótesis o iniciar una discusión! ». El doctor Florentino Ameghino en el capítulo XI de su Antigüedad del hombre en el Plata, hace declaraciones importantes sobre el origen y uso de la bola (pie se ha encontrado, tanto en poder de los indíge- nas al iniciarse la conquista, como en los antiquísimos cementerios y « paraderos •> de los mismos. En su extensa disertación empieza por hacer presente que la ■• bo- la » no sólo ha existido antiguamente entre los indígenas americanos sino también en los demás continentes, inclusa Europa, y hasta en las islas de la Oceanía, habiéndola clasificado los arqueólogos y an- tropólogos como piedras de hondas, aun cuando algunas de ellas tenían atada al surco o cinturón de la piedra, una cuerda destinada a lanzarla como una « bola perdida». Este error en la clasificación de ese obje- to hace decir al doctor Ameghino : « Esto prueba que los viajeros han confundido generalmente la variedad de honda «pie nosotros llama- mos bola, con la verdadera piedra de honda. Es natural suponer que los antiguos viajeros han hecho la misma confusión ' ». En las paginas 438 y 4.'!!» del mismo capitulo, hace Ameghino los juicios siguientes: « Considero la bola arrojadiza del Plata como una simple variaci le la piedra de honda, y esta como un arma que ha sido de un uso general en toda la superficie de la tierra. « Esto nos prueba también, que las trazas del hombre terciario no deben buscarse solamente en puntas de flechas y raspadores mas o menos groseros, pero si con preferencia en objetos de este tipo (pie el hombre de esa época forzosamente debió haber conociólo. » Más adelante agrega: « La honda fué un arma propia de todos los países en que abundan las piedras, y la bola, de las comarcas en (pie 1 Encontramos un ejemplo de esto en el «Apéndice a la Rolacion del viaje al Estrecho de Magallanes de la fragata de guerra Santa Muría de la Calaza, en 1785-86», donde dice: «La honda, en cuyo manejo son diestrisimos, la hacen de intestinos de varios animales». Al describir esa arma dice : « Honda. — La hon- da tiene dos usos, uno para despedir la piedra, y otro para amarrarse la piel que traen a la. cintura : el sitio donde colocan la piedra es de cuero y el cordel de tri- pa de pescado, y lo misino son todas las que usan » (V. pág. 486). ANAL MIS. NAC. — T. XXVIII (JUNIO 15, 1916) 11 162 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES snii escasas; pero muchos pueblos que tenían por principal arma la honda, hacían uso de la bola, y otrosqne sobresalían en el manejo de esta última, conocían la honda ». Esta juiciosa observación es muy lógica, pues donde escaseaba la piedra o no la había, como en nuestras dilatadas llanuras, era impo- sible la honda por falta de proyectiles, siendo reemplazada por una bula atada a un cordel corto que llevando en su manija un puñado de plumas <• lana de guanaco tenido en un color vivo, serviría para ser arrojada pudiendo encontrarse con facilidad y utilizada nuevamente. Es esta nuestra bola perdida, de tan antiquísimo uso que Ameghino predijo se encontraría como perteneciente al hombre del piso terciario; predicción que se ha cumplido, como muchas ot ras, a despecho de los incrédulos. El trillado argumento de que no fueron mencionadas por los viaje- ros y conquistadores, tiene también una contestación de Ameghino en la página 442, cuando dice: «Los caribes de las Guayanas y de las Antillas también hicieron en otro tiempo un uso muy general de las -< ludas » arrojadizas, y bien que el hecho do haya sido menciona- do por ningún autor contemporáneo de la conquista, lo prueban los numerosos objetos que de este tipo se han encontrado en estos últi- mos años. » Estas y otras argumentaciones de aquel sabio clarovidente vienen a demostrar que los que combaten el hallazgo de Carlos Ameghino en el terciario de Miramar. no han leído bien las obras de Florentino Ameghino. A continuación de estas declaraciones, en el capitulo XII, Ame- ghino se ocupa del Hombre prehistórico en Vatagonia, y refiriéndose a los descubrimientos del doctor Francisco 1'. .Moreno, relacionados con los hallazgos de distintos objetos en los cementerios y « parade- ros » indígenas de dicho territorio, dice: «Como en Buenos Aires y la Banda Oriental, en los cementerios y paraderos prehistóricos de Patagonia se encuentra un gran número de bolas de diorita, pórfiro, arenisca endurecida y otras piedras. Son de formas diversas y muy bien trabajadas. He visto perfectamente esféricas, y el doctor Moreno menciona de forma ovoidea. ( 'asi I odas las bolas recocidas en Patago- nia presentan un surco alrededor». En cuanto a la perfección con que algunos de esos objetos prehis- tóricos han sido trabajados, superando a los misinos modernos, dice Florentino Ameghino: <• Se explica fácilmente que los Tchuelches hayan abandonado el uso de la Hecha y del dardo para adoptar el de la lanza y el del caballo, puesto que mejoraron en el cambio: pero no CARDOSO : ORIGEN DE LA - BOLEADORA» Y DEL CABALLO 163 se explicaría con la misma facilidad el por qué abandonaron el aso de fabricar tiestos de barro, puesto que no los han substituido ventajo- samente hasta en estos últimos aíios. « Tampoco los indios actuales de l'atagonia saben trazar inscrip- ciones sobre rocas, ni sobre huesos, ui sobre placas de esquistos, ni tienen ningún recuerdo ni tradición al respecto. Me parece, pues, de mas en más evidente, que todos esos rastros de pueblos mas civiliza- dos, pertenecen a razas que han completamente desaparecido. » Sstas pocas líneas unido a lo anterior, nos prueban que Ámeghino tuvo ya en la época que escribió su libro, la certidumbre de la anti- güedad del hombre en aquellos parajes; haciéndolo nacer y habitar en el terciario, llegar a un cierto grado de adelanto y civilización mas tarde, para emigrar y desaparecer después, llevando a otras re- giones más ricas en elementos naturales su industria y perfecciona- miento, mientras los pocos que quedaron rezagados, perdían poco a poco su primitiva cultura conservando solo sus hábitos y armas de pueblos cazadores y pescadores. Por eso es que en pisos muy antiguos de la costa de Necochea, se encuentran anzuelos de hueso admirable- mente trabajados, puesto que presentan la desviación lateral de la punta ancorada como los anzuelos de las mejores fabricas modernas: j en Cabo Blanco se han descubierto grandes arpones de hueso de ba- llena, junto con bolas de mayor volumen y peso que las usadas por los patagones en estos últimos siglos, siendo de notar que en todos los pisos a partir del terciario, la bola, en distintas formas y diversidad de piedras', es un jalón que marca claramente la existencia del hom- bre y su marcha a través de casi todas las regiones de la tierra. Este jalón misterioso ha llamado la atención de los antropólogos europeos, y las piedras de honda van perdiendo esa designación para tomar el de la « bola arrojadiza >> con que la designó Ámeghino. En una obra modernísima ' que tengo a la vista, su autor se declara par- tidario de esa opinión con las siguientes palabras : «Rolas de piedra, arrojadizas (que debieron estar fijas a una cuer- da), fueron encontradas en el yacimiento del Paleolítico superior del tardo Mousteriano de la Charente (Francia oriental) y en la célebre Gruta de Spy (Bélgica). La piedra arrojadiza fué también contempo- ráneamente un instrumento que los salvajes y nuestros muchachos seniisalvajes emplean para bajarlas frutas de los árboles. Recuérdese ademas, la lucha de David con Goliath, los honderos de los ejércitos ' Mauricio Hoernes, «JCl hombre.» Historia natural y prehistoria. Versión ita- liana del doctor Velio Zauolli. Milán, 1913; tomo II, página 204. 164 MUSEO NACIONAL l>K BUENOS AIRES antiguos y la honda de los Icjokenmodinger de Dinamarca. El suelo pedregoso fué la gran escuela del arte de la ballesta, y los pueblos pastores fueron los primeros maestros, porque finieron necesidad de ejercitar este arte, sea para defender sus relíanos, sea para domi- nar sus perros, sea para recoger sus animales dispersos y rcconducir los al establo. Una variante de la honda es la cuerda ligada a una bola, de la cual se originó después el simple lazo, que es indígena de la América meridional y del Egipto antiguo y se encuentra también en los pueblos Hiperbóreos; no sabríamos decir con qué difusión fué usado este instrumento en la antigua Europa. « A la cuerda, con o sin bola arrojadiza (bola y lazo) (pie encontra- mos entre los egipcios de la época faraónica y cnt re los pueblos de los Andes, como también entre LosSármatas de la Europa antigua, se ha atribuido con razón un gran valor como elemento de civilización (pie favoreció el paso del estado de cazadores al de pastores, liste instru- mento permite de hecho al hombre apoderarse de los animales sin necesidad de matarlos. » Estas apreciaciones que continúan lo dicho por Ameghino en la obra mencionada y elevan el uso de la bola a la categoría de arma sabia, que domina sin matar, por cuyo motivo fué adoptada por los hombres antiguos y modernos, llegando a ser (demento civilizador de pueblos, nos conduce a la siguiente reflexión : ;, ¡Seria posible (pie objeto tan útil, (pie fué adoptado por todos los pueblos que lo cono- cieron, y estuvo en uso con mas o menos difusión en toda la America did sur. lucra empleado por los hombres de Miramar sin (pie lo cono- cieran y adoptaran sus vecinos los patagones '. No, seguramente. Si boy los hombres buscan las armas mas perfeccionadas y los instru- mentos más útiles entre los millares de modelos inventados, enton ees. cuando halua bien poco en que elegiry el objeto podía fabricarlo el mismo interesado, es bien seguro que el indígena de Patagonia no despreció aquel modelo único en su género y que, en su especie, no ha superado todavía ningún otro pueblo salvaje '. La rebusca de antecedentes demostrativos de la antigüedad del uso de la « bola » por los patagones me ha traído a esta digresión (pie no tiene nada que ver con las conclusiones del trabajo del señor OuteS, quien no se ocupa de asuntos de Miramar sino de la l'ata 1 Don Jichi I', de iguirre, que vino con A/:ir:i en 1783, escribe en su Diario que I"* indios Aucas del valle PeguenmapUj moridionales al Río Negro (Neu- quen?) funden metales, y agrega : «11c visto unas bolas de colín' de su fábrica, bien hechas. >• CAEDOSO : ORIGEN DE LA «BOLEADORA» Y DEL CABALLO 165 gonia. Pasemos a examinarlas, aun cuando ya lio manifestado que mi disidencia no es muy grande y solo se refiere a la diferencia que existe entre los terrenos áridos y pedregosos de la costa patagónica y los líennosos valles de los lagos del interior. La única objeción que se hace para negar la antigüedad del uso de la «bola» por los Patagones, es que los viajeros que visitaron esas costas mi dicen haber visto esa arma en manos de los indios de la re- gión visitada, hasta el año 1753, en que los marinos del navío#a»¡ Mar- tín declaran que los indios no poseían otra, clase de armas que esa, '. Ésta no es una razón de tal peso que pueda ser inconmovible. Muchos viajeros (pie estuvieron en Patagonia no dicen si vieron objetos de barro en manos de los indígenas, hasta que lo señalaron Wood y Marborough en 1670; tan solo Pigafetta vio una ollita en manos de los indios de San Julián en 1520. Y bien : j si éste no hu- biera escrito este pequeño detalle, tendríamos por eso el derecho de pensar (pie los Patagones no conocían la alfarería .' Los Patagones de la costa atlántica no han necesitado mucho vasijas de barro ni « bolas con o sin traylla » como las que vieron en 1527 Oaboto, Ramírez y sus compañeros durante su expedición en el Plata y Paraná. La costa patagónica, desolada y triste, escasa de auna dulce y pobrísima de pastos, pocas reses podía darles para la caza y la «día. Los mariscos, algunos pájaros y peces, y por excep- ción alguna carne asada, bastaban para alimentar aquellos escasos habitantes que no alcanzaban por su número a formar tribu. No hago por esto mayor hincapié en afirmar (pie los indios de la costa patagónica usaran « bolas » de caza, pero es indudable que empleaban la « bola perdida» como arma (tal vez arrojadiza) y pro- bablemente conocían bien las otras usadas en el interior por las tri- bus cazadoras de los lagos o de las Pampas, sin llegar a usarlas poi- que no convenía a sus necesidades. Por otra parte, los múltiples hallazgos de «bolas» en distintos pantos, profundidades y hasta pisos del antiguo suelo patagón, nos inducen a pensar (pie esa arma ha sido de uso muy antiguo en todo el sur de nuestro país. Los testimonios de aquellos viajeros que nos presenta Chites son exactos, indudablemente, pero el buen sentido apoyado en otros comprobantes nos hace ver loque aquellos viajeros no vieron o dejaron de mencionar. 1 Falkner adelanta algo esa fecha y parece señalar el uso de « bulas » por los patagones antes de 171 I. 166 MUSKO XACICtXAL I>K IHTKNOS AlfiES Según Outes, recién a fines de 1741 se vio a los indígenas de Cabo Vírgenes montados en caballos. Esto t-srn en contradicción con lo que afirma Sarmiento de Gamboa, que los vio en sitio más adecuado en 1580. Considero, sin embargo, tan desfavorable esos parajes para la vida de ese equino, que solo puedo aceptar su presencia dudosa en estado doméstico y en muy pequeño número, mucho más pequeño que se le encuentra hoy allí en manos civilizadas. Creo, asimismo. que la Patagonia montañosa no ha sido patria del caballo sudameri- cano, que teniendo las pampas al norte del río Negro cruzadas por ríos caudalosos, sembrados de aguadas permanentes y riquísimos pastos, prefirió, sin duda, esa inmensa llanura tan favorable para su vida de correrías, a las hondonadas y i-anadones pedregosos de la costa patagónica donde falta el auna y sobran las fieras, l'm excep- ción pudieron habitar algunas manadas sobre los lagos de la cor- dillera, aprovechando los inmensos pastizales de esa hermosa re- gión. No me extraña tampoco que no haya sido empleado como cabal- gadura por los indios hasta muy tarde, pues refiere don Luis de la Cruz, en su viaje de L806, que «los Patagones de la costa no tienen caballos ni animales domésticos. Salen a pie cu pandillas a guana- quear y choyquear mejor que si tuvieran caballos... Tara mudarse de un lugar a otro tienen algunos uno u otro caballo de carga en que cargan sus casas, pero no para andar en (dios, porque ni lo acostum- bran, ni tienen avíos » '. En cambio, dice más adelante, había « caballos alzados en número imponderable ». Tiempo es ya ile que bagamos notar esa costumbre de los escri- tores coloniales de llamar alzados (vueltos al estado salvaje) aquellos animales indígenas que ellos consideraban importados. lín la página 1 10 del mismo libro, dice ese viajero: « Kn la ribera (del Chadileubú) hay cerdos alzados, según dicen los indios ». Estos « cerdos alzados » no eran otra cosa que «Pécaris» (Dicotiles tor- quata Pr. Cuv), y D'Orbigny cita un error análogo cuando dice que «en la Bahía San Illas hay un paraje llamado « Península de los Ja- balíes», por la gran cantidad de Pécaris torquata que hubo antes». (D'Orb., t. II. pág :¡1). Estos caballos Salvajes que los indios domesticaban para que sir- vieran de cargueros no cían por cierto muy fáciles de atrapar, y el mismo don Luis de la Cruz que alaba la dcstre/.a de ■< los patagones ' Asuia.is, Colección de <*/>rK LA - BOLEADORA» Y DEL CABALLO 169 que parecía algo a asno salvaje » cazada por los Patagones en San Ju- lián para obsequiar los marinos de Magallanes; la de Sarmiento de Gamboa en L580, y por último la que hallamos en la obra deAngelis en el Viaje <í hi ciudad de los Césares, por Silvestre Antonio ■ Y llama fuertemente la atención el hecho de (pie se sacara tal numero de caballos de Buenos Aires, fundada hacía un año y medio apenas, para llevarlos a Chile, donde los había desde antes de 1541, en (pie Valdivia fundó la ciudad de Santiago y diez años des- pués la de Concepción, siendo su palafrenero el joven Lautaro, mas tarde famoso general araucano (pie aprovechó sus habilidades de ginete para transmitirlas a sus soldados: como dice Ercilla en el canto XII de su Araucana, octavas 15 y siguientes : « Que, para que no andéis tan al seguro, acuerdo de tener también caballos, y de imponer mis subditos procuro, a saberlos tratar y gobernallos. » Otra carta tan importante como la de (laray, es la del tesorero Montalvo, que con fecha 23 de agosto de L587, dice que <> a princi- pios did año 1585 id teniente general Juan de Llores Navarrete en- vió a Buenos Aires un mandamiento y con pena al teniente que aquí estaba (Rodrigo Ortiz de Zarate), para que dejase a cierto hombre ipiel general envió, llamado hitarte Nuñez, portuguez, que fuesen a las yeguas y matasen trescientas o cuatrocientas y les quitasen las colas, diciendo (pie era muy Inicua mercadería para ir con ella a la costa de Guinea a rescatar negros, y asi trajeron mas de trescientas Azara, Apuntamientos para la l>t<: natural ». que según Ruy Díaz de Guzmán, abandonara Mendoza en 1536, des- preciara Ruíz Galán en 1538 y olvidara Martínez de hala en 1511. prefiriendo ser caballeros de a pie, a recogerlos del campo. Muchas objeciones se han hecho contra el caballo criolla, pero todas se han estrellado ante el calculo de la producción genésica que pue- den dar cinco yeguas en cuarenta años, resultando ésta tan exigua al lado de la enorme cantidad de caballos existentes en 1581, que ni aun cuando Mendoza hubiera dejado en libertad los « 72 yeguas y caballos que traía» (según Schmidel), no hubieran llegado nunca a producir más de 12.500 animales, es decir menos de la sexta parte de los so. (ion calculados por el tesorero Montalvo en aquella época. Indudablemente. Montalvo, calculo la producción de las cinco ye 1 Madero, Historia del Puerto de Buenos Aires, página 2.">7. - A. Cardoso, Antigüedad del caballo en el Pinta, en Anales riel Museo Kacio- nal de Buenos Aires, tomo XXII, páginas 371 y 459. 1912. 171 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES tilias aplicándoles una progresión geométrica creciente, mediante la cual (I ii] il i calía cada tres a ñus las madres y potrillos, sin 1 eneren c nen- ia que luí ludas las crias eran hembras, que había productos malogra- dos, potrillos muertos, y que las madres laminen estaban sujetas a la misma suerte. \ a que se trataba de animales sin cuidado y abandona dos en una región infestada de tigres y de pumas, sin contar el indio que los cazaba con la « boleadora ■■ para alimentarse con su carne. Montalvo prescindió de ello y duplicando cada tres años el núme- ro de los animales, llegó e\acl amenté al resultado de la siguiente regla aritmética : « I'n termino cualquiera de una progresión geomé trica creciente, es igual al primero multiplicado por la razón elevada a la potencia indicada por el número de términos que le anteceden » ; y dividiendo el tiempo desde el año 1 54 1 hasta el de 1 580 en fraccio nes de tres años, obtuvo catorce términos i si ii contar el primero), planteando su calculo así ' : 5 (2") = 81.920 A pesar del error de Montalvo en duplicar siempre madres y crias sin descontar un 20 por ciento de pérdidas (por lo menos), su cálculo está basado en el tiempo cine tardan las yeguas en producir (tres años), teniendo por consiguiente en cuenta, dos tactores principales: madres y tiempo. No pasa lo mismo con los que prescinden de ese Progresión del tesorero Montalvo Potencias ti* ;' 1 ' -''' término 5 5 2 a = 4 2» — .i 2 = 1(1 2 a = 8 3° — io x 2 = -° 2 ' = "; 4° — 20 X 2 = l(l '-'' = 32 ó" — 10 X 2 = s " - = i;l 6 o — 80 2 160 2' = 128 7° — liio < 2 = 320 2- 256 8» _ 320 X 2 = i;l " -" = : ' 1 '-' !l" — 640 X 2 = 1.280 2'" = 1.024 10" — 1.280 2 2.560 2" = 2.048 11" — 2.560 '-' 5.120 2'- = 1.096 12° — 5.120 2 10.240 '-" : 8.192 13° — 10.240X2 = 20.480 2" = 16.384 11" — 20.480X 2 = 40.960 i" = 32.768 15° 40.960X2 = 81.920 2" 65.536 F.l 15° término ea igual al primero (5) multi- 2" = 131.072 plicado por la razón (2) elevada a la 11' poten- 2' = 262.144 cia expresada por los términos que le anteceden. 2" = 524.288 2" L6.384 5 16.384 81.920 2" = 1.048.576 CAKDOSO : ORIGEN DE LA - 1ÍOLEADOKA » 1 DEL CABALLO 17:. tiempo y agregando el padrillo, duplican todos los años, con ]i> cual repiten el conocido cálculo de Sessa y su tablero de ajedrez. «El tiempo en que se reproducen los mamíferos es distinto según la especie, y en veinte años, por ejemplo, no tienen el mismo minino de términos las progresiones de los equinos, bovinos y ovinos, puesto que el periodo de gestación es distintoen cada especie, asi como tam- bién el tiempo (pie cada nuevo animal del sexo femenino tarda en ha- llarse suficientemente desarrollado para poder reproducir. » Es un error por consiguiente, hacer parir todos los años las yeguas y sus crias, cuando la gestación de los equinos oscila entre once y once y medio meses y ni siquiera se da tiempo a los recién nacidos para des- arrollarse. Una prueba de ello es que si tomamos cinco yeguas y un padrillo, en total seis animales, y los hacemos reproducir durante veinte años siguiendo esa progresión, obtenemos lo siguiente : (¡ -[(2-") — 0.291.40(1 porque la razón ('!) elevada a la 20 a potencia es igual a 1.048.576 y esta cantidad multiplicada por los seis animales del primer término da exactamente ese resultado. Se ve claramente «pie han parido to- dos los años las cinco yeguas, los recien nacidos y también el padri- llo (!), pero, así son los cálculos disparatados. Por ese sistema cinco yeguas y un padrillo, se convierten en dos años en veinticuatro ! o o (pie es lo mismo : 6X(2 S ) = 24 6 >( 4 = 24 El deseo de multiplicar las «cinco yeguas de Ruy Diaz» hasta identificarlas con las « montañas de caballos» ' del mismo autor, ha llevado a los impacientes o contar los « baguales » por millones, cre- yendo que con una multiplicación descabellada fuera posible destruir una verdad evidente. Esos millones no me espantan ni me asombran; y después de haber demostrado por un calculo sencillo pero seguro, ajustado a reglas zootécnicas que se refieren a la reproducción de los equinos y aplicadas a las condiciones en que se hallaban las supues- tas yeguas abandonadas, que éstas no han podido multiplicarse tan- to ni pasar de 1500 cabezas, voy a mencionar caballos por millones, habitando las llanuras pampeanas; y como no es posible que después 1 «en América llaman montañas a los grandes bosques», Azara, Apuntamientoí para la historia natural de los cuadrúpedos, tomo I, página 284. 176 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES de llevar ;¡c asunto teniendo tal vez en cuenta las denuncias del real tesorero, y en real cédula de 1!» de octubre de í.v.tl. pidió se le informara sobre la can- tidad ile caballos que habla en la región de Buenos Aires. Probablemente no fué contestada la real cédula en forma satisfac- toria, interesados como estaban los colonos bonaerenses en la propie- dad de los caballos salvajes, y temerosos, tal vez. de que se sospecha- ra en España por el número de esos animales que nunca pudieron tener el origen que intencionalmente se les atribuía ' : el hecho es que cuando llego cu 1 599 el gobernador Valdés y de la Vanda. que se pre- sentó de improviso en el Plata y se introdujo cautelosamente cu Bue- nos Aires, uno de sus primeros actos fue contestar esa real cédula e informar al rey sobre el número de caballos que poblaban los campos de Buenos Aires en la región explorada. Los siguientes documentos dan cuenta de la mencionada informa- ción : «.Mi Gobernador de las Provincias del Rio de la Plata: Por parte de la ciudad de la Trinidad de esas provincias se me ha suplicado le haga merced de las yeguas comunes cimarronas que andan por los campos... quiero ser informado de lo que en esto se podrá hacer y que \ eguas son las comunes (pie dice la dicha ciudad y qué cant idad y lo (pie valdrán y (pie convenientes e inconvenientes se podrán seguir de mandarlas dar a la dicha ciudad y a quien y por qué causa: os man- do que me enviéis relación de lodo, con vuestro parecer dirigida al Consejo de Indias, para que vista se sirva proveer lo (pie convenga. 1 En aquella época ] 9e ocupaban de esas cosas. Azara, dice en 1800 : « aquí no se ponen herraduras... ni se conoce la edad por los dientes, ni hay albeita- res », pero tal vez ignoraba que su pañero de viaje, Don Juan F. de Agnirre, escribía en mi Diario : «aquí las vacas paren dos veces al año » !! CARDOSO : ORIGEN DE LA «BOLEAÜOKA» Y DEL CABALLO 177 Fecha en San Lorenzo, a 19 de octubre de 1594 años. — Yo el Rey. » «En cumplimiento de lo que V. M. por ella me manda, digo: que don Pedro de Mendoza que fue el poblador en esta dicha ciudad y puerto, trajo aquí caballos y yeguas que se quedaron en la campaña de esta tierra que es muy llana, ancha y larga, y en mas de ochenta leguas no se halla una tan sola piedra, teniendo en mas de cien leguas a la redonda tanta cantidad de yeguas y caballos que parecen mon tes cuando se ven de lejos, y son tantos en numero, que exceden a aquel gran número que dicen las historias que liabia en las dehesas de la provincia de Media de que se servían los reyes de Persia, en que dicen tener ciento cincuenta mil caballos y aqui si dijéramos que tiene V. M. millón y medio, quedaremos anión, porque por lo que yo he visto y me certifican hay en tan larga y ancha campaña, me parece que aun habrá mas de los que reñero. Como don Pedro volvió a Es- paña y los que aqui quedaron subieron a la Asunción, han ido multi- plicando sin (pie se gastase ninguno, porque los indios hace poco que aprovechan de ellos, y este puerto ha cosa de diez y nueve años que se lia vuelto a poblar y como los vecinos son pocos y los caballos y yeguas Ion trabajosos ¡le tomar, han gozado poco de su gran abundan- cia; esta ciudad se movió a suplicar a Y. .AI. le hiciese merced de ellos porque fueron informados que el licenciado Torres de Vera los pedia y a el les sirvieran de poco y los vecinos de esta ciudad no tie- nen para andar y para las tahonas en que muelen otro refugio, y al- gunas veces llevan a la ciudad de Córdoba, que esta ciento veinte le guas. algunos a trocar por orejas, y de los caballos se les pierde la mitad y de las ovejas también, de suerte que a costa de grandísimo trabajo tienen algún aprovechamiento. Vale un potro acabado de to- mar dos pesos, y ya domado que esta para servir a una tahona, vale cuatro y seis, y si sale bueno de camino vale diez y doce pesos y tal- asalado (tal ha salido :') que vale cincuenta, pero esto es muy de tar- de en tarde. Aqui andan mal tratados y no andan herrados, domán- dolos de manera que no los dejan de provecho, porque en tres o cua tro dias andan ya en ellos y les hacen.hacer cualquier cosa de trabajo, y como el hacer esto es con tanta violencia y brevedad, de ordinario queda el caballo de poco provecho. Podra V. M. siendo servido de hacerles merced del aprovechamiento de ello, aunque los vecinos de esta gobernación, enmato vinieren aquí a alguna cosa del servicio <>» Diego Rodríguez üe Vdldesydela Vanda» '. Este documento demuestra la impresión causada al gobernador Valdés, por la asombrosa cantidad de caballos que vio en los alrede- dores de Buenos Alies y. a fin de no aparecer exagerado, prefiere quedarse corto calculándolos en millón y medio, pero, reservándose el derecho de opinar con mayor libertad más adelante, manifiesta que aún habrá más. Se nota asimismo el deseo de quedar bien con sns gobernados, sabiendo como bis gastan, y siguiendo el sistema contemporizador de las pasadas autoridades aconseja se deje tomar caballos a los de arriba, porque pretenden que esos caballos descien- den de los que trajeron sus pasados (con Mendoza, por supuesto}, y se deje las cosas como están hasta (pie Buenos Aires este mas poblada y sus colonos no puedan irse, si al rey se le ocurre reclamar esos productos de la tierra y exigir el quinto del real patrimonio. La dificultad en cazar esos animales, indicada por "Valdés, confirma lo (pie sobre ese punto tengo dicho, y el negocio del trueque por ovejas, con pérdida de la mitad por los campos, agregado a la matanza para comer o para sacar las colas, junto con la destrucción que hacían los indios y los domadores, demuestra el inmenso número de aquellas caballadas. Ya hemos dicho que Valdés entro silenciosamente al Plata y ocupó con cautela su silla de gobernador en la que no estaba muy firme, lo (pie le obligaba a proceder con tino: pero asimismo, se ve que no comulga con la opinión de los porteños ni con los derechos «pie pri- tenden los de arriba a los caballos (pie dicen trajeron sus antepasados. Tuvo, pues, (pie hacer de necesidad virtud y no atreviéndose a engañar abiertamente al rey. como lo habla hecho el Cabildo, aconsejó ganar tiempo hasta que los colonos se arraigaran más y no despoblaran la ciudad, pero, en el fondo, a fin de no ponerse en pugna con pueblos (pie devolvían a la metrópoli adelantados y obispos, como si se tratara de inmigrantes apestados o poco gratos. En otro documento habla Valdés, con más libertad del número de caballos y se extiende en consideraciones de ot ro orden, cuando dice : «Por manera (pie la defensa de este puerto importa apenas de que si se pierde, no habrá costa segura en la mar del sur. demás de (pie los indios de esta tierra a trueque de los rescates que ellos (los ene- 1 Manuscrito N" 7348 > Hay quedan nuestros baguales elevados a dos millones y dejando chiquitos a los caballos de casi media Europa, invito a los partidarios de la fábula de Buy Díaz que calculen, ciñéndose a reglas zootécnicas y racionalmente, si cinco yeguas y un padrillo pueden en sesenta años reproducirse basta, sumar... dos millones de cabezas ' ! En esta discusión ban primado dos fuerzas antagónicas : L° la fe en la veracidad de una noticia de Ruy Díaz, ampliada con documentos de aquella época, en que no se menciona el caballo salvaje pampeano sino como descendiente de los importados; 2° rechazo absoluto de la noticia de Ruy Díaz y comprobación documentada de la existencia de grandes caballadas en L580, siendo imposible que las yeguas traídas por Mendoza pudieran aumentarse hasta ese número. Esta última es una de las bases principales de mi opinión ; la otra, la primera, pertenece a los que piensan del primer modo. Los partidarios del caballo importado por Mendoza, agregan a, la noticia de Ruy Díaz el gastado argumento de que los conquistadores no rieron caballos puesto que no los mencionan. Ya he dicho anterior- mente que si Pigaffeta no hubiera apuntado en su relación una ollita de barro que vio en poder de los patagones en 1520, hubiéramos esperado siglo y medio hasta que Wood y Narboroug nos dieran la noticia de la existencia de alfarerías entre aquellos indios. En el Río de la Plata tenemos algo mas gordo. No solo olvidaron los primeros conquistadores de mencionar la fauna y Hora que aquí vieron, distinta de la, por ellos conocida, sino que olvidaron escribir la historia de sus descubrimientos y de las cosas mas notables que encontraron en el camino de su navegación. Solís y su cuñado Torres, 1 No solamente los indios eran consumidores de la carne de caballo. En un documento de la época, Mateo Aysa, procurador de la ciudad de Buenos Aires. hablando de los necesidades pasadas por los nuevos colonos, dice : « les ha obli- gado andar desnudos y substentarse de carne de caballos». Más adelante habla del peligro de que los corsarios « desembarquen en el sur y se apoderen de los muchos caballos ». Es un testimonio más de la abundancia de éstos y del gran consumo que de ellos se hacía. 3 Continuando mi cálculo publicado en Anales del Museo Nacional de Buenos Airea, tomo XXII, página 433, obtendremos en el año 1(100, la cantidad de 9626 cabezas, como máximun de producción de las cinco madres en 60 años. 180 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES Diego García, Caboto, Cristóbal Jaques, Loaysa, Rodrigo de A.cnña y algunos otros entraron ;il río de la Plata y pasaron por delante del cerro de Montevideo, sin verlo, puesto que //" lo mencionan. Tan solo. Albo, de la expedición de Magallanes, tuvo ojos en aquel tiempo. ¿Hay en esto argumento para disentir la existencia del cerro y alegar que esta creciendo desde la época de .Mendoza .'... I'n easo típico de la indiferencia con que los conquistadores mira- ban lo que descubrían, es lo sucedido con id maíz. Caboto y sus com- pañeros lo hallaron en esta tierra cultivado por los guaraníes yse alimentaron con él, hallando! uy bueno; Ramírez escribió en su interesante carta que los indios cultivaban abatí, calabazas y liabas >•. De alii no paso el estudio del lamoso cereal ni parece se ocuparon en España cuando regresó la expedición en L530. Mientras tanto, en L536, el naturalista línell. publicóla descripción del maíz con el nombre de trigo turco, y varios botánicos, entre (dios Bonafous, desenterraron una antigua caita tediada en Incisa allá por la segunda cruzada, para dar al maíz, origen asiático. Pues bien : muchos años después el conde de IÜalit. descubrió «pie la carta de Incisa era falsa. Esto hace decir al botánico tic Candolle en L'Origine des plantes cul- tivées: « A'.s/ dangereux dans les questions Mstoriques de s'apuyer sur une preuve isolée. » Guiarse por un documento solo.es pues un error. Asi lo manifiesta el general Mitre en su Historiade Belgrano, al referirse a la renuncia de Liniers, que resultó sin efecto a pesar de tener al pie constancia de ser nn hecho consumado. A.sí resultó también con la fecha «le la fundación de Buenos Aires, a pesar de las ediciones del Viaje de Schmi- del Hile la señalan nn año antes de su verdadera fecha. Por eso histo- riadores como el señor Fregeiro, obran muy cuerdamente cuando dicen «pie <• no basta nn documento sido para probar nn hecho y es forzoso no olvidar nunca que la fuerza de la demostración consiste con harta frecuencia, en la nuil tit nd de indicios diversos, cada uno de los cuales tomado aisladamente, no bastaría a determinar una convic- ción prudente en cnanto a la certeza del hecho disentido, pero cuyo concierto es inexplicable en el supuesto de una falsedad •>. Vii me gUÍO por este sistema (pie conceptúo maestro para la inves- tigación, y he buscado, no las citas de Oviedo que escribió por refe- rencias, ni las noticias de los primeros conquistadores que venían en busca de metales y piedras finas, y hablaban de /•,'/ l>nnt y las tic rras del Rey Blanco, pero que en cuanto a fauna podía aplicárseles el nd'ran : <• las grandes se les iban y las chicas se escapaban ». He bus- cado la existencia del caballo precolombiano en id Plata y he encon- CARDOSO : ORIGEN DE LA «BOLEADORA» Y DEL CABALLO 181 trado en los trabajos de Burmeister, Ameghino y otros, sobre los caba- llos fósiles de nuestro país, la evidencia de que no pudieron extinguirse sus descendientes, puesto que. el clima y el terreno les era cada vez más favorable a su vida y multiplicación ; he buscado el valor que debía darse a la cita de Ruy Díaz, encontrando en ella una falsa noti- cia llevada a la Asunción por parte interesada y escrita por error a quinientas leguas del lugar de discusión ; lie buscado, por último, los documentos referentes a ese litigio \ hallado con ellos otros de ines- timable valor (pie confirman la existencia del caballo indígena del Plata. Es en el descubrimiento de esos y otros nuevos documentos donde debe buscarse la verdad, y nuestros ricos archivos tienen lo suficiente para aclarar más dé un problema. Respecto al uso de la bola ¡/boleadora por los patagones y época en que emplearon el caballo, concretaré mi opinión a lo siguiente: I o Oreo que los patagones no lian usado la boleadora en los siglos XVI y XVII, pues no la necesitaban, pero si la bola perdida, necesaria como arma ofensiva. Considero exactas las citas históricas de Outes, pero no acepto que puedan referirse a los patagones del interior (re- gión de los lagos), pues aquellos viajeros no se internaron hasta esos puntos ni dan noticias de ellos: 2" Estoy de acuerdo con Outes en que los patagones de la costa, en las regiones visitadas por los viajeros que él cita, no teman caballos y que estos fueron llevados allí mucho después, siendo empleados pri- meramente como cargueros y unís tarde como cabalgaduras. Consi- dero en este caso la. cita de Sarmiento de Gamboa como única y sin comprobación posterior; 3 o .Se han encontrado piedras de bola y boleadoras, algunas de carác- ter muy antiguo, en todas las regiones de Patagonia; también muchos restos de caballo, sin que se pueda establecer su antigüedad; 4" Considero dudosas las referencias al interior de Patagonia en los siglos mencionados, pues era región inexplorada. Febrero de 1!)16. NOTAS BIOLÓGICAS SOBRE. GALLARETAS Y MACAS Fúlica armillata Vieil. Fúlica rufifrons Pliil. et Landb., Podiceps americanus Gura., Podilymbus podiceps (L.) ROBERTO DAPiUENE Los hermanos señores Francisco Manuel y Demetrio Rodríguez, hábiles coleccionistas y bien conocidos por sus viajes en distintas regiones de la República Argentina, llevaron a calió (luíante los me- ses de octubre y noviembre del año transcurrido una excursión a la estancia « ('liarles », de propiedad del señor don Carlos Guerrero, situada en Juancho. provincia de Buenos Aires (F. C. S.). El objeto ile la excursión era el de colectar especialmente aves; y habiéndose ofrecido la oportunidad de que la época del viaje coinci- día con la estación en la cual un gran número de especies tienen sus crías, pudieron coleccionar numerosos pichones y jóvenes de diferen- tes especies, al mismo tiempo que tuvieron la ocasión de hacer inte- resantes observaciones biológicas, estudiando las costumbres y el desarrollo délas especies de aves que en número extraordinario habi- tan los pantanos y las grandes lagunas de esa región. Las notas que siguen me han sido comunicadas por dichos colec- cionistas, y son el resultado de sus observaciones sobre la nidiflca- ción y los diferentes estadios de desarrollo de las dos especies de gallaretas. Fúlica armillata y F. rufifrons, y de los macas, Podiceps americanus y Podilymbus podiceps. Las fotografías de nidos que acompañan el presente trabajo, han sido tomadas también por los mismos coleccionistas, y las descripcio- nes están hechas sobre numerosos especímenes de todas edades de 184 MUSEO NACIONAL l>K BUENOS VIRES las nombradas especies y que ahora pertenecen a la colección del Musen nacional de historia natural. Entre las aves mas comunes que nidifican en la provincia de Bue- nos Aires figuran tres especies de gallaretas, bis dos ya nombradasy Fúlica leucoptera Vieill. Esta ultima nidifica y pone los huevos muy larde, a tines ile enero o a principios de febrero, y no ha sido por con- siguiente posible a los señores Rodríguez, recoger huevos y cazar los pichones. Las otras dos. por el contrario, ponen los huevos más temprano y con intervalo de un mes entre una y otra especie. Fúlica armillata empiezaa poner hacia la mitad de septiembre y Fúlica rufi- frons a mediados de octubre. Ambas tienen dos posturas, de modo que la época de la Cría para estas dos especies dura desde la mitad de septiembre hasta fines de diciembre. Fúlica armillata \ ieill. De las tres especies nombradas es la mayor. Sn nido (lám. 1) esta situado, como el de las otras dos especies, entre los tallos de una ¡llanta de la familia délas Ciperáceas (Scirpus riparius Prsl.), vulgar mente llamados juncos, (pie crecen enlas lagunas. Flota sobre el agua y se compone principalmente de largos pedazos de los tallos de aque- lla planta que el ave transporta a nado, empujándolo sobre el auna, a veces de puntos muy distantes del lugar elegido para la construcción del nido, y que colocan unos sobre otros hasta formar un montón de unos 60 centímetros de altura. En la parte superior existe una con cavidad honda de :¡ a I centímetros, que contiene los huevos. La for- ma exterior de este nido en vez de ser redonda, tiene una prolonga- ción sobre uno de los costados, formando una especie de camino inclinado de un metro y medio de largo, por id cual los pichones pile den fácilmente trepar hasta la concavidad de la parte superior, cuando se retiran para pasar la noche, costumbre que mantienen hasta que lian licuado a un cierto desarrollo. Los pichones de Fúlica rufifrons, al contrario, desde que por primera vez abandonan el nido, lo que sucede generalmente, a uno o dos días de salir del huevo, no vuelven ya, y pasan las noches, juntos con los padres, en cualquier otra parte, en donde los sorprende la noche. Esto explica el motivo por (d cual el nido de esta gallareta es redondo y carece de la especie de camino inclinado que menciono. Fúlica mnillata pone de cinco a siete huevos algo mayores de los DABBENE : NOTAS BIOLÓGICAS SOBEE GALLARETAS V MACAS 185 que ponen las otras ilos especies. Miden 54-58 39-40 aun.; son de turma ovalada y de «olor gris de gamuza algo obscuro, con salpicadu- ras irregulares y puntos pardo-rojizos o castaños. Los pichones, al salir del huevo (lám. II. flg. 1, y lám. III, a) y hasta los ocho días mas o menos, están cubiertos con plumón de color negro fuliginoso, mucho más obscuro en el dorso y con algunos hilos grises en las partes laterales y posterior del cuello. La barba y la garganta tie- nen una coloración rojo escarlata obscuro, que se vuelve anaranjado cromo sobre la parte inmediata del cuello. Tal coloración no es la del plumón mismo, sino la del estuche corneo, aun cerrado, que forma el canuto de las plumas. Estos canutos son gruesos y algo abultados a la extremidad, especialmente en la barba y garganta. La paite supe- rior de la cabeza, en gran parte desnuda y cuya piel es de color ama- rillo ciar stá cruzada longitudinalmente por dos estrechas tajas de plumón negro, que parten de la base del pico y terminan en el occi- pucio. El pico ofrece muchas variaciones en cuanto a coloración, según las distintas edades delave. Hasta los ocho o diez, días es entera- mente negro y cerca de la extremidad se observa una fajita rojo ver- mellón, la cual se extiende transversalmente sobre el culmen casi de uno a otro borde, de la maxila: mientras (pie otra fajita del mismo color corre casi paralelamente a los márgenes de la mandíbula, circundando en sentido longitudinal su extremo anterior. Cerca de la extremidad del caballete y en el borde anterior déla fajita roja, hay una pequeña protuberancia color marfil, con la cual el pollo rompe la cascara para salir del huevo. El escudo frontal ya está bien indicado y es de un color rojo de siena quemada. Los tarsos y los dedos son enteramente negros ; el iris i lardo rojizo. Durnford ' describe un pichón de gallareta con todos los caracte- res que acabo de indicar, pero debido probablemente a alguna confu- sión en la observación del ave en libertad, lo atribuyo a la especie F. leucopyga (= rufifrons), la cual, como se vera, tiene también en sus primeros estadios de desarrollo, el pico de un color muy distinto. Las dimensiones del pichón de F. armillata a los seis o siete días de edad, son las siguientes: long. total (desde la extremidad del pico a la extremidad inferior del cuerpo): 130-135 mm.; tarsos : 20-23 mm. ; dedo medio y uña : 30-34 mm.; pico (desde la comisura): 15-17 mm. A los doce y catorce días de edad (lám. 1 1 1, b) el plumón del pichón 1 The Ibis, 4 a serie, volumen II, página 402. 187S. 186 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES de F. armillata no lia cambiado de color sobre el <1< use > y parte posterior del cuello, pero es más claro sobre las partes inferiores del cuerpo, las cuales tienen un tinte negruzco ile humo. La parte superior «le la cabeza es menos desnuda y las dos fajas longitudinales ya 0.0 son bien distintas, confundiéndose con el plumón que lia crecido entre una y otra. Los canutos rojos son menos numerosos y se encuentran solamente sobre la garganta y barba. El pico es siempre en la mayor liarte negro, pero este color parece que tiende a extenderse siempre mas a expensas de la l'ajita de la maxila y de la mandíbula, la cual de escarlata se ha vuelto anaranjada, al mismo tiempo que ha ido dismi- nuyendo y acercándose al extremo del pico. El escudo es del mismo color rojo parduzco obscuro; los tarsos j los dedos negros V el iris pardo rojizo. A la edad de doce hasta los quince días mas o menos las dimensio- nes del pichón son las siguientes: long. total (desde la extremidad del pico a la extremidad interior del cuerpo): 170-190 mm.; tarsos: 25-30 mm.; dedo medio y uña : 38-44 mm.: pico (desde la comisura) : L8-20 mm. El desarrollo del pichón sigue rápidamente, y entre los diez y seis y los veinte días de edad (lam. 111. c), el plumón empieza a ser reempla- zado por las verdaderas plumas. Estas aparecen primeramente en la cabeza y sobre las partes inferiores del cuerpo, en donde forman pequeñas áreas de un gris ceniciento, separadas una de la otra por fajas de plumón negruzco de humo. El color del dorso no ha variado mucho y esta siempre cubierto de plumón negruzco, pero la cabeza \ la parte posterior del cuello están enteramente revestidas de plumas de un negro opaco, y en la garganta y parte anterior del cuello el plu- maje es negro moteado de blanquizco. Los canutos rojos han casi desaparecido y se encuentran solamente unos que otros de un color muy pálido en la barba. El pico es negro; la l'ajita, de un rojo anaranjado más pálido, siem- pre más pequeña y situada al ext remo de la maxila y de la mandíbula. El escudo no lia cambiado de color, pero los tarsos y los dedos empie zan a tener un tinte oliváceo obscuro. Las dimensiones del pichón, a la edad entre los diez y seis y veinte días más o menos, es el siguiente: long. total (desde la extremidad del pico a la extremidad del cuerpo): L95-210mm.; tarsos: 13-45 mm.; dedo medio y uña : 58-60 mm.; pico (desde la comisura) : 24-25 mm. Desde los veinte a los veinticinco días (lám. III. */) el color general del plumaje ha cambiado casi por completo. Las plumas han reempla- zado en uran parte el plumón y éste cubre solamente las extremida- DABBEXE : MITAS BIOLÓGICAS SOBRE GALLARETAS Y HACAS 1S7 des anteriores y se encuentra en forma de tajas de un color pardo negruzco sobre las espaldas y a lo largo de la parte mediana del pecho y del vientre. La parte superior de la cabeza, las paites laterales y posterior del cuello, los lados de la cara y las mejillas son negras con salpicaduras blancas mas o menos finas y numerosas, las que dan al conjunto un aspecto moteado. La garganta y la parte anterior del cuello son blan- cos casi puro. El pecho y el vientre sonde un blanquizco mezclado con ceniciento y en la parte mediana están atravesados longitudinalmente por una línea de plumón pardo negruzca, la cual forma una mancha redonda sobre la parte superior del pecho y continua en forma de una faja siempre más delgada hasta la parte inferior del abdomen. Los lados del pecho y los flancos son plomizos y las espaldas y el dorso hasta la cola gris parduzco obscuro. El escudo frontal es muy pequeño y negro; el pico todo de este mismo color, excepto una pequeña mancha anaranjada que ocupa la extremidad de la ■ maxila y de la mandíbula y que representa el resi- duo de la brillante fajita rojo vermellon que cruzaba el pico del pichón en su primer estadio, y que fué reduciéndose poco apoco para desaparecer completamente poco después. Los tarsos y los dedos son de un oliváceo obscuro y el iris pardo rojizo claro. A esta edad las dimensiones del pichón son las siguientes : long. total (desde el extremo del pico a la extremidad inferior del cuerpo): 250-260 mni.; tarsos: 50-55 mm.; dedo medio y uña : 65-70 mm.; pico (desde la comisura): L'5-20 mm. Desde los veinticinco a los treinta y dos días (lám. III, e) el pluma- je ha seguido rápidamente modificándose en la coloración y en el des arrollo, especialmente en la cola y en las alas, las cuales están ya en liarte revestidas con sus plumas. Las remiges secundarias externas están ya desarrolladas, pero las primarias son muy cortas y no han salido aun enteramente del canuto. El plumón ha desaparecido casi completamente y el plumaje del ave ha tomado un color general muy claro en el dorso y en gran parte blanco en la cabeza y sobre las partes inferiores del cuerpo. La parte superior de la cabeza y la nuca son blancas con pequeñas manchitas negras, las cuales se hacen mas cerradas una a otra en la parte posterior del cuello hasta formar una faja negra (pie baja casi hasta las espaldas. Los lados de la cara, garganta, parte superior y lados del cuello 188 MUSEO NACIONAL DE BUENOS VIKKS son ele mi blanco puní. Este color se extiende sobre lodo el pedio y vientre hasta bis tapadas de la cola, pero en todas estas partes esta mas o menos mezclado con mi color ceniciento claro. I >e este ¿11 ¡mo color son los costados del pecho, los flancos y la parte inferior del abdomen. Las plumas mas largas de los flancos son algo mas obscu- ras y con nn ligero baño parduzco. I, as tapadas interiores de la cola son de mi blanco puro. La parte superior del dorso, el lomo, rabadilla y las plumas del ala son de mi gris plomizo con un tinte parduzco y en las espaldas tienen nn ribete blanco. 101 pico es pardo oliváceo, mas obscuro en el culmen y en la extre- midad, en donde la l'ajita roja lia desaparecido completamente. El escudo es negruzco; los tarsos y los dedos oliváceos. El joven de Fúlica iiintilhita, a la edad de cerca de nn mes. tiene las siguientes dimensiones : long. total (desde el extremo del picoa la extremidad de la cola): 320-330 mili.: tarsos: 60-65 muí.: dedo me- dio y uña : 90-95 muí.: pico (desde la comisura) : .">4-.'¡<¡ muí. Hasta esta edad el cambio del plumaje se lia efectuado rápida- mente, y sin duda antes de llegar a tener la librea del adulto, la colo- ración debe sufrir otras modificaciones progresivas, pero los herma- nos Rodríguez no lian traído ningún espécimen entre unoy dos meses de edad, pudiéndose considerar este último tiempo como la época en que el ave lia revestido su plumaje definitivo. Sin embargo, tuvieron varias ocasiones de observar ejemplares que, por sus dimensiones, podían tener nías de mes y medio, y cuyo plumaje era todo uegTUZCO con manchas blancas. El adulto de Fúlica armillata tiene solamente la parte anterior del escudo de color rojo obscuro, niient ras que la demás es de un amarillo de limón. El pico es de este ultimo color, pero algo verdoso en la ma- XÜa V tiene una pequeña man cha en la base de la mandíbula; la parte basa! de la inaxila y el caballete, hasta cerca del borde anterior de las fosas nasales, del mismo color rojo obscuro, como la parí e anterior del escudo. La parte desnuda (lela tibia, arriba de la articulación con el tarso, es también de un rojo obscuro: los tarsos, dedos y membrana son pardo oliváceo negruzcos, con un tinte rojo obscuro en el borde ante- rior del tarso y sobre la parle superior de los dedos. DABBENE : NOTAS BIOLÓGICAS SOBRE GALLARETAS Y MACAS 18ÍI Fúlica rufifrons Phil. el Landb. Se distingue de F. armillata por las menores dimensiones, por ca- recer del borde blanco en la barba externa de la primera primaria (más externa) y por una diferente coloraciÓD del pico y de] escudo frontal. El nido de /■'. rujifrom (lám. I), como el de /•'. armillata, flota sobre el agua, curre los juncos de las lagunas, y está a menudo situado muy cerca de éste, pero se distingue a primera vista por su forma redunda yporque carece déla especie de camino inclinado, que forma una pro longaeión del nido en uno de sus costados. Es también mas pequeño, (mes solo tiene unos 3o a 40 centímetros de diámetro. El material empleado para su construcción es también el junco; pero en este caso el ave parte los trozos en el sentido longitudinal, antes de colocarlos id uno sobre el otro: mientras que F. armillata los corta simplemente en trozos cuando son demasiado largos. Los huevos de F. rufifrons son algo más pequeños que los de /•'. armillata y miden 53-54 36-37 mm. Son mas ovalados, y la colora- ción del fondo es en general mucho más clara y de un gris blanquizco crema pálido. Las manchas son más pequeñas y casi todas reducidas a puntos y de] mismo color pardo rojizo obscuro. El pichón, a los pocos días de salir del huevo (lám. II. fig. 2), se dis- tingue muy fácilmente . ipie mis lectores verán solo en mis observaciones un en- sayo hacia un mejor conocimiento de los puntos tratados. Por lo (pie toca a Anopheles, por ejemplo, no puedo participar de la opinión del distinguido doctor Neiva quien desde su primer articulo publicado en Huellos Aires sobre ese muero, lia confundido los AllO- pheles annulipalpis y albitarsis de V. Lynch Arribálzaga. Posteriormente y en colaboración con el doctor 1!. Barbará, en un Estudio de algunos Anqfelinos argentinos ¡/ sit relación con la malaria leu L<( Prensa médica argentina, de lo de diciembre de 1915), vuelve a hablar en la página <> del Anopheles annulipalpis. Sin duda este se- gundo articulo estaba ya en la imprenta cuando publiqué una correc- ción (en Physis, II. pág. 175-177, 1916 y en /." Semana Médica de Hílenos Aires, pág. 124-125, 1916) al primer artículo citado, de modo que los autores del segundo articulo no habían podido hacer la ave- riguación y corrección (pie correspondían. Sin amenguar en nada la competencia y los méritos del doctor Nei- va, nos encontramos ahora con un punto bastante delicado que se refiere directamente al paludismo '. En su Contribución al estudio '/< los irtrópodos hematófagos de l>i República Ar- gentina, página L8, el doctor Neiva dice entre unas cosas: « En 1912, Bréthes publicó, bajo el título di' Los mosquitos de la República Argentina, la mejor con- tribución hecha en el país sobre el asunto, después de los trabajos de !•'. Lviich Arribálzaga. » De todo corazón le agradezco el honroso concepto. En esa recopilación, Neiva ha olvidado varios trabajos, por ejemplo : 1 Dos trabajos del doctor Nicolás Loz¡ miI.it Profilaxis del paludismo, en que uno puede leer 1 ucho práctico que se luí realizado sobre el asunto en la República argentina ; 2 o Un trabajo del doctor A. Barbieri, El paludismo y su modi nía profi- BRÉTHES : NOTAS SOBRE MOSQUITOS ARGENTINOS 195 En las Memorias do Instituto Oswaldo CVit2,tomo I, página 69a77, 1909, el doctor Neiva da en portugués y alemán una Contribuido puro o entuño dos Dípteros. Obserraeoes sobre a biología e sistemática das Anofelinas brazileiras e sitos relacoes com o impaludismo. En esa reco- pilación concienzuda, por cierto, y el más importante trabajo del doc- tor ííeiva en el Brasil, aparece en el mapa (estampa 4) y con su signo característico la Ce/lio argyrotarsis como existente en el río Oyapoc, en Couanani, Amapá, Manaos, Teffé, territorio del Acre, río Xingú, Belem... (alionaré al lector veinte y tantas otras localidades), lis de- cir que la Cellia argyrotarsis se extiende en todo el Brasil, de norte a sur y de este a oeste. Ahora bien; sabemos que .el género Cellia se distingue por los « me- chones laterales de escamas en el abdomen ». Habituado a ver me- chones laterales en tanto mosquito del Brasil, ¿cómo se explica que el ductor Neiva no haya mejorado la sinonimia referente a Cellia ar- gyrotarsis, debiendo excluir en seguida al Anopheles albitarsis F. Lch. A. que constituye una buena especie sin mechones? ¿La sinonimia restante sera acaso tan exacta como la que dejo apuntada ? '. Cuando uno no tiene material de estudio debe necesariamente ate- nerse a lo dicho por los autores anteriores; pero la cuestión cambia fundamentalmente desde el momento que se tienen ejemplares, cuyo estudio permite las comprobaciones oportunas. Insisto, pues, en que el Anopheles annulipalpis de Neiva no corresponde a la especie de I". Lynch Arribálzaga, sino al Anopheles albitarsis del autor argentino. Sentados esos puntos | será cierto que la Cellia argyrotarsis (con sinonimia de Anopheles albitarsis errónea) sehalle también en Jujuy .' Xo teniendo material a mi disposición (pero lo tendré), dejo por ahora laxia, donde hay muchos datos que para revelarse ha debido compulsar una buena bibliografía; 3 o Brethes, El Bicho Colmado (in Anales del Aluseo de />'*. Aires (3), XII, p. 211-217, 1909), donde podrá leervarios datos que nos da como propies; I" Bréthes, Descripción de mi nuevo género y i'»in-i'ir mteva de Chironomidae (An. Mus. Bs. Aires, XXII, piíg. 151-453, 1912), especie de polvorín o jején hematófago. Por otra parte, séame permitido defender a Berg, a cuyo respecto dice Neiva que es «lamentable » que ese naturalista no se baya dedicado al estudio de los hemípteros hematófagos y de su biología. Debería recordar que le era difícil a Berg ocuparse de tales asuntos, por cuanto solo después de su muerte, acaecida en 1902, los naturalistas se han dado cuenta del pape] patógeno que desempeñan algunos heiuíptcros. ¿Por qué no se harían cargos también a Lineo, a Fabricio, etc. ? 1 En su Estudio de Anofelinos argentinos, pagina (>. 1915, el doctor Neiva habla do la Myzomyia lutzi. ¿No ha visto en Insecutor Inscitiae Menstruus de febrero de 1913, página 17, que ese Ánofelino es el Anopheles boliviensis? 196 MUSEO NACIONAL DE l;l ENOS V.IRES la respuesta a quien 1<> pueda asegurar positivamente. En todo caso, cualquiera eclia de ver l¡is conclusiones inseguras a que se llega <■( m datos más o menos exactos. Es cierto que en este caso el doctor ¡Seiva se ha dejado guiar por las sinonimias que ha copiado simplemente de otros autores '. por lo iiKil su error no es más que un semierror de lo cual no tiene plena responsabilidad y no le quita, repito, su mérito y valor adquiridos. Irisare ahora a dar una ligera reseña sobre las especies de mosqui- tos acerca de las cuales tengo alguna observación que hacer. 1 Para dar ana idea de que Neiva debe repasar bien las descripciones 5 sino nimias, aquí va en esquema el resultado de las cinco especies de que habla en el Estudio de algunos anofelinos y su relación con l 1 1 las sinonimias siguientes : Anopheles argyrotarsis Rob. Desv. Anopheles albitarsis Arribálzaga. Nyssorhynchus albimanus Blanch. Cellia tarsimaculata Goeldi. Nyssorhynohus albimanus Autran . Cellia argyrotarsis Peryassú. ('illiii argyrotarsis Biéthes. Y. Cellia tabsimaculata pág. 1 1 1, culi los sinónimos : Anopheles gorgasi D. y K. Cellia albimana Wied. (parte). Aquí también hay copia en parte y confusión en parte. Falta la sinonimia de A(nopheles) argytarsis (sic) Autrau. ■ Nyssorhynohus albimanus Antran es si- nónimo de ('tilín albimana (véase u° III) y ilc , como lo dice expresamente su autor, en la literatura argentina acerca de este grupo de animales. Sena conveniente reducir un poco lo de «enorme confusión ». pues cuando se trata tan solo de tres o cuatro especies, no hay motivo para tan exagerado calificativo. En todo caso esa confusión sería, debida a los autores lejanos que no han tenido material de estas regiones. Si el doctor Neiva se guía por las ideas extrañas, es posible que encuentre alguna confusión. Pero sería de desear que en este momento que trabaja con material que otros no han tenido, pusiera las cosas en claro y no viniera a enmarañar aun más cuestiones bastante sencillas por otra parte. Es de esperar que su sagacidad ya conocida le hará evitar los es- 20J MUSEO NACIONAL DE BUENOS VIRES eolios de la preeipitación : tiene criterio propio para desenredar po- sibles sinonimias que otros establecieron. I. Psorophora Lynchi Brfethes, n. sp. * = Psorophora ciliata (pt.) aud plnrim. (iiec Fab.). A Psorophora cilipes et P. ciliata üiffert : appendice basali órgano- nuil masculorum sai numeróse piloso, uncino ápice truncato, triquetro, pene tertio apicali breve spinuloso. A medida que los estudios van profundizándose, se van encontran- do caracteres que habían pasado desapercibidos para los autores an- tiguos, con cuyos caracteres nos vamos (lando cuenta que algunas especies que creíamos de una vasta distribución geográfica son for- mas exterioi mente y prima facie muy semejantes, pero que un estu- dio detenido hace reconocer distintas. Entre los Himenópteros me han pasado casos como el que señalo a continuación : el Salius ( Prionocne- iiihk) dumosus Spin.. primeramente señalado de Chile, ha sido después contundido con una especie muy parecida de la República Argentina \ sur del Brasil; he comprobado «pie esta última es el Salius (Prio- noenemus) bonariensis (Lep.). Ahora que se ha llamado la atención sobre ello, cualquiera puede comprobar la exactitud de lo dicho acer- ca de la diferencia entre esas dos especies. 1 >el misino modo tenemos al Pepsis limliiilii (¡iier. que por hoy ad- mitimos se extiende a Chile, las repúblicas del Plata y Inicua parte del Brasil; sin embargo creo que estamos en presencia de varias es- pecies distintas, aunque morfológicamente muy vecinas. Cuando se hayan conseguido ejemplares in copula y de varias regiones, enton- ces estoy persuadido que los caracteres (pie ofrecerán los machos nos darán la llave délas varias especies ipie por el momento no hacemos mas (pie sospechar. Entonces se verá (pie Pepsis liiabaia debe des- membrarse en varias especies. Un caso semejante pasa con respecto del mosquito que hasta aluna (hablo de las regiones de] Plata) se ha tomado como Psorophora ci- liata. VA estudio de los órganos masculinos (pie para los mosquitos han puesto de relieve Howard, Dyar y Knab. me ha llevado a estudiar los mismos órganos de la Psorophora (pie se encuentra en Únenos .Vires: me he convencido (pie dicha especie es distinta de la de Es- tados ("nidos. Forzoso es dar un nombre especial a la de Únenos Aires : propongo llamarla Psorophora Lynchi, en honor de los herma- BRÉTHES : NOTAS SOBRE MOSQUITOS ARGENTINOS 205 nos Lynch Arribálzaga que tanto hicieron en esta clase de estudios. Por el dibujo que se acompaña, hecho en la cámara chira, se ve en seguida, sobre todo si se tiene a la vista el dibujo de Los mismos órganos de las varias Psorophora conocidas, dados por los tres auto- res arriba citados, que no tiene nada que ver con ninguna de ellas, a pesar de que sus mayores analogías son con /'. cilipes Fab. y /'. <•/- Huta Fab. No cabe duda que hay otras diferencias entre la /'. Lynchi y las (lemas especies del misino género; tal vez esas diferencias sean bas- Fig :;. — órganos masculinos de Psorophora Lynchi Bretlies, aumentados + 50 diámetros tante notables, por lo cual voy a repetir la descripción de F. Lynch Arribálzaga a la que. me permitiré agregar algunos detalles, teniendo presentes en especial las especies de las demás regiones americanas. La cabeza es parda o testáeea. con escamas blancas recostadas y de forma lanceolada regular con su extremidad redondeada; hay es- camas verticales pardas formando una pequeña horquilla en la ex- tremidad: por fin, pelos largos, dorados, en anteversión, sobre todo hacia la parte delantera de la frente. Las antenas son pardas, excepto el tórulo y el primer articulo del flagelo que son testáceos. Cada ar- tículo tiene un verticilo de largas cerdas en su baso y muchos pelitos blanquizcos en toda su extensión. 206 MUSEO NACIONAL DE BUENOS UBES Los pulpos siiii testáceos; están revestidos de escamas birsutas ne- gras y pelos también negros m:is largos que las escamas. La trompa es testácea, su extremidad parda; en ella las escamas blancas son del mismo tipo que las de la frente, pero más pequeñas; en la mitad lia- sal de la trompa hay también escamas pardas entremezcladas con aquéllas, y en toda su extensión pelos negros también entremezcla- dos. Todas las escamas de la trompa están recostadas. El clipeo es testáceo más o menos obscuro. El tórax es de un testáceo más o menos subidu. En el medio dorsal del mesonoto hay dos lineas piceas que corren paralelas hasta la mi- tad : luego se ensanchan en forma de lira en la segunda mitad. Entre esas lineas piceas existe una faja longitudinal cubierta de escamas doladas t'alcit'ormes: algunas escamas doradas se ven también en el costado extremo (anteriormente) de las líneas píceas : estas quedan lisas y sin escamas. En los bordes del mesonoto y en las pleuras, to- das las escamas son blancas y del tipo de las de la cabeza. Entre la taja lisa y las escamas blancas de los lados del mesonoto. hay un es- pacio dirigido longitudinalmente que esta ocupado por escamas tudas negras. En todo el tórax hay varias cerdas negras y otras doradas esparcidas. En la cavidad supero posterior del mesonoto. los bordes tienen escamas blancas, unas pocas falciformes y la mayoría del tipo de las de la cabe/a. En el escudete las escamas son dormías, falcifor- mes; las cerdas son del mismo color. El abdomen es de un lestaeeo obscuro; tiene pelos dorados arriba y debajo; los escamas en el medio dorsal de los segmentos son de un blanco amarillento. Las patas son testáceas : los fémures tienen pelos negros esparci- dos en medio de escamas blancas y una que otra parduzca : hacia su extremidad todos los lémures, especialmente los posteriores, tienen un corto espacio con escamas hirsutas negras. Las tibias anteriores y medianas tienen pocas escamas negras entremezcladas con las blan- cas: en las medianas, sin embargo, son mas numerosas e hirsutas, es- pecialmente en la extremidad donde están mas compactas. Las tibias posteriores son hirsutas de escamas pardas en toda su extensión, ex- cepto en su extrema base. Los tarsos anteriores son (estaceos, los dos primeros artículos ne- gruzcos en su extremidad, el tercero en su mitad apical y los dos úl- t irnos lo son completamente. Los tarsos medios son como los anterio- res. Los tarsos posteriores tienen como la tercera parte basa! de los i res primeros artículos y la mitad del cuarto enteramente blancas: el resto de cada articulo con escamas negruzcas e hirsutas. BKÉTHES : NOTAS SOBIiE llusiin T( >S A ÍÍGICXTIXOS 207 Las alas tienen un tinte ligeramente parduzco; sus escamas son ludas iguales, del tipo lanceolado alargado con extremidad redonda o ligeramente truncada ; en la costa, sin embargo, esas escamas son del tipo de las de la cabeza. Los halteres tienen el pedicelo testáceo y la maza parduzca. Largo: -j- mm. Ala : 7,5 mm. cf . El macho es semejante a la hembra, excepto en las antenas y los palpos: aquéllas son plumosas, de un color testáceo-ferruginoso. Los palpos son testáceos, con los dos primeros y el penúltimo articulo mas obscuro: el último es píceo. En cuanto a los órganos masculinos, véase la figura ■">. DISTRIBUOIÓX GEOGRÁFICA. — Como lo establezco aquí, la PsorO- ¡ilitirn Lynchi no debe confundirse con la 1'. ciliata, constituyendo especie distinta. Ahora bien, como se ha atribuido a la /'. ciliata una dispersión geográfica muy vasta, desde Georgia y la Carolina (X. A.) hasta Buenos Aires, sera ahora necesario determinar hasta donde se extiende esta especie que por ahora señalo de Buenos Aires. Género CULEX L. En este género, el grupo que tiene por tipo al Culex pipiáis L. es el que por algún tiempo todavía dará que hacer a los naturalistas. Hay allí una multitud de formas aparentemente idénticas y (pie, sin embargo, no tienen entre si sino una relación superficial. Creo que poco a poco se distinguirán por medio de estudios concienzudos, tanto mas necesarios cuanto algunos de esos animales con exclusión ile los otros, pueden ser transmisores de enfermedades distintas. También asi se llegara a determinar la extensión geográfica de cada especie como se esta haciendo para la langosta Schistocerca pn- ranensis (Burm.) y otros animales. Hasta la fecha hay cinco especies de mosquitos del genero Cutir (pie se lian señalado de Buenos Aires o sus alrededores: I o Culex confirmatus (V. Lch. A.); 2 o Ciiic.r albifawiatus Mq.; 3 o Culex dolosus (V. Lch. A.): 4" Culex flavipes Mq. 5 o Culex Lynchii Bréthes. Voy a pasar en revista cada una de estas especies, dejando a un lado las que se han colocado en los otros géneros Stegomyia, Ehynchotae- niii, etc., y que no tienen tanta dilicultad para su identificación. Agregare después algunas nuevas especies. 208 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES 5. Culex confirmatus (F. Lch. A.) Esta especie de Lynch fué referida en un tiempo al Culex scapula- ris Rond. En l^>s mosquitos déla República Argentina, L912, establecí que se trata de una buena especie. Como desde ese trabajo mío no se luí vuelto a hablar de este mosquito, no tengo para qué repetir lo que allí dije. En su trabajo Contribución ni estudio de los Artrópodos hematófagos de Ik República Argentina, in Boletín ilrl Departamento nacional de higiene de febrero de 1916 (aparecido en mayo), Neiva y Barbará copian, sin embargo, la bibliografía de los autores anteriores sin traer mayores datos. Allí el doctor Neiva dice (pie «el color amarillento se pronuncia a veces cuando el insecto queda mucho t iempo bajo la acción de la naftalina», para dará entender que «el color del tórax puede ser mas blanco o mas amarillento ». Habría sido más feliz al hacer in- tervenir mejor el cianuro de potasio o mas simplemente la acción del tiempo. Dudo mucho que este mosquito se extienda desde el norte de Méji- co hasta la República Argentina, como dice Neiva. n. Culex albifasciatus M Hay autores «pie elevan la división Ochlerotatus F. Lch. A. al ran- go de género propiamente dicho. Adheríme a este concepto en mi trabajo Los mosquitos de la República Argentina y creo (pie conviene asi. aunque no sea mas (pie para descongestionar el género Culex ya tan recargado de especies. Tan sólo aquí conservo el nombre genéri- co Culex por incluirlo en el grupo de (pie hablo. A ese respecto Neiva dice : « El género Ochlerotatus fue fundado por F. Lynch Axríbálzaga con la especie en cuestión (Culex albifasciatus) , no habiendo sido acep- tado por los autores. Brethes procura conservarlo, apoyándose en el hecho de (pie el clipeo de la hembra tiene escamas: por este solo ca- rácter no puede apoyarse un género '. >- (Contrib. ni estudio de lux Ar- 1 Sería bueno fcambiéu poner atención a loa errores tipográficos que ;i veces cam- bian totalmente el sentido de lo que se quiere decir. Por ejemplo a continuación del párrafo que cito en el texto, Neiva agrega : « Lutz al describir su género Proso}>olcpis, tu fundó cu el liecho de que el clipeo está revestido di' escamas, y cu el que el metanoto las nene». El «no» que falta al fin cambia demasiado el sentido, cuando debía de. -irse : <■ el nielan.. t las tiene . BRÉTHES : NOTAS SOBRE MOSQUITOS ARGENTINOS 209 trópodos... pág. 25, 1916.) íSiento mucho que el doctor Neiva ao haya visto la circular número 72 del Burean of Entomology , U. 8. Depart- ment of Agriculture, de 27 de abril de 1906, en donde Harrison (1. Dyarda una lista de 26 especies norteamericanas de OcMsrotatus ! Por donde se ve que camino al paso con los demás naturalistas. Además todos convenimos en que la adopción o rechazo de ¿eneros vecinos es mas cuestión de apreciación personal. Esta especie es bien fácilmente reconoscible; no hay, pues, nada que decir a su respecto. lis de sentir también que Neiva no haya dado el dibujo de los órganos masculinos de este animal, contentándose con decir : « Genitalia : Pinzas negro acerado, bordes posteriores de los segmentos y en los lados, largos pelos dorados. >> Una descripción se- mejante, ademas de ser incompleta, paréceme que podría llegar hasta no ser tenida en cuenta. Échese una ojeada sobre los dibujos que acom- pañan este trabajo y se verá que una descripción, por buena «pie fue- re, no podrá nunca reemplazar a un dibujo. 7. Culex dolosus (F. Lch. A.) Bréthes - Culex fatigan» (pt.) Giles (uec Wied.), Sandb. of Gnats, página 138, 1902. — Theob. Muii. Cid. E. Blanch., £<■-,■ moustiques, página '■>'•'■>. 1905. = Seteronyohia (aic) dolosa Autran, tos mosquitos argentinos, ]>:í have had severalforms confused under this ñame. At all events his material did imt include theform here considered, for he lays parti- cular stress <>ii the difference in thethoracic scales, with. in his specimens mere minute, as in Culex similis. We <>mit the synonymy indicated in connection with Culex flavipes by Theobald muí Blanchard (Les mous- tiques, 358, 1905), as it serum u> us to need further elucidation. Me complazco mucho en citar a esos autores que dan una muestra de su seriedad, dando como positivos los dato-; que asi les resultan y como dudosos los que no lian podido comprobar. '■'. Culex Lynchii Brfethes Mn Los mosquitos de In República Argentina, 1912, describí la hem- bra de este nuevo Ciilr.r. Doy a continuación (lili. <>) un dibujo de los órganos masculinos de esa especie. Nótese particularmente la base de los harpones arqueada como en CuUx bonariensis Brethes y también la pieza fuertemente quitinizada de los harpagones frente a la base arqueada de los harpones. BRÉTHES : NOTAS SOBEE MOSQUITOS ARGENTINOS 213 10. Culex bonariensis Brfethes, n. sp. La trompa es cilindrica, uniforme, las escamas regulares, pequeñas, cu forma de azada; cu ciertos ejemplares hacia el medio do la trompa esas escamas toman un tinte claro formando una especie di' anillo indefinido. Los palpos son cortos, como '/-, del largo de la trompa : sus escamas son del mismo tipo. Las antenas son pardas, el tórulo testa- ceo. La frente tiene dos clases de escamas : unas recostadas, falcifor- mes, blanquizcas y otras erguidas, en tornillo, pardas; algunas cerdas pardas en anteversión en medio de la frente y una orla plateada alre- dedor de los ojos. Los lóbulos protorácicos bastante separados, con varias cerdas pardas y sin escamas. El dorso del tórax es parduzco. Sus escamas son de un tinte más obscuro que las recostadas del occi- pucio, doradas, también falciformes, pero mucho más pequeñas. Desde el nivel del arranque de las alas el mesonoto es testáceo con escamas un poco mayores y más claras. Hay varias cerdas pardas esparcidas por el mesonoto. El escudete es trilobado, con tres grupos de cerdas pardas y pocas escamas del tipo de las del occipucio. E! abdomen tiene sus escamas dorsales negruzcas en forma de azada: varias veces la base de cada segmento, así como sus bordes supero-laterales, tie- nen escamas blancas. Los pelos laterales y apicales «le cada segmento sou dorados. Las escamas alares son de dos tipos: las recostadas son espatula- das angostas y las erguidas son lineares. El pedúnculo déla 2 a célula marginal es como la mitad del largo de la 2 a célula posterior. Los fémures son testáceos en casi toda su extensión : sin embargo, en su parte superior y llegando a su extremidad, están revestidos de escamas negruzcas, que en su conjunto tienen un reflejo algo violá- ceo; las tibias son también blanquizcas, asi como el protarso en su base; por arriba son negruzcas y con reflejo violáceo; la extremidad de los fémures y délas tibias tienen un pequeño anillo blanquizco; los tarsos son negruzcos. Las uñuelas son simples e iguales : 0.0-0.0- 0.0. Largo: + 5 muí. Ala : 4 min. cf El macho es igual a la hembra, excepto en lo tocante a las ante- nas, palpos, uñuelas y órganos masculinos, pero todos son del tipo común. La base de los tres últimos artículos de los palpos y la mitad apical del penúltimo, tienen escamas blancas por delante. Las uñue las tienen por fórmula : 1.1-1.1-0.0. Sus harpones (flg. 7, a) son más anchos que en Cnlex flavijaes ; esto no sería más que un detalle de relativa poca importancia. La .'II MUSEO NACIONAL I > I. BUENOS AIKES base de los barpagones, al conl cario (fig. 7. b) es de una forma parf icu- lar, casi circular, que sólo es comparable con algunas especies de Norte América. A su vez las Láminas <>. 1S91), lo que está dibujado en la lamina II. figura I. del mis ino autor. Es admitido que Félix Lynch A. se equivocó al identificar su V. taeniorhynchus con Gulex taeniorhynchus Wied.; queda entonces para la especie de Lynch: T. taeniorhynchus P. Lynch. A. (nec Wied.), la que es una buena especie. A su vez. el Culex titülans Wlk. no es tampoco sinónimo con T. taeniorhynchus Y. Lynch A., como lo establezco mas abajo. Aparte de los tipos de Lynch que tengo a la vista y (pie son idén- ticos con los que cazo en región topotípica, y no encontrándose mas que una especie — a lo menos por ahora y sin variaciones que dejen sospechar dualidad — que es la típica de Lynch, el género tiene en qué aplicarse : Taeniorhynchus taeniorhynchus V. Lch. A. ¡nec Gulex taeniorhynchus Wied.. nec Gulex titillans Wlk.). Sol. re .d Gulex titulan* Wlk.. se lia fundado el -enero Mansonia Blanchard, L901 (= Panoplites Theob., L901, preocupado). Puede llegar el caso que estudios mas profundizados — cada, día nos trae nuevas contribuciones — encuentren alguna diferencia fun- damental y genérica entre el T. taeniorhynchus F. Lch. A. y Gulex titillans~Wlk., en cuyo caso sucederá que cada uno délos dos géneros (Taeniorhynchus y Mansonia) lie-ara a ser monotípico. Esta razón aboga aun mas para mantener el -cuero de P. Lynch Arribálzaga. Si no se llegan a establecer diferencias genéricas entre Taeniorhynchus y Mansonia, aquél tiene la prioridad y debe ser usado, me parece, con exclusión del segundo. En su concienzuda y monumental obra sobre The Mosquitoes <•/' Xorth (mil Central America and the West ludas, tomo III. página 502, Iloward. Dyar y Knab exponen la cuestión de esta nomencla- tura y espero que antes del lin de obra di' tanto aliento arribaremos BRÉTHES : NOTAS SOBRE MOSQUITOS ARGENTINOS J17 ;il mismo Tesultado : Taeniorhynchus tiene prioridad sobre Mansonia. Sobre esta prioridad n<> estoy, como se ve, de acuerdo con lo que leo en la página 35, primer párrafo, del Boletín del Instituto bacterioló- gico, volumen íl. número ~. febrero * l* - 1916. En cnanto a la división Ehynchotaenia que establecí en L910 con U.fasciolata (F. Lch. A.) por tipo, estoy en un todo de acuerdo con Theobald, quien, no conociendo aun mi publicación, creo el género Pseudotaeniorhynclms en HUÍ. con el mismo animal por tipo. 12. Taeniorhynchus taeniorhynchus F. Lch. A. Desde varios años, esta especie de Lyncb lia sido puesta en sino- nimia de Caler titillans Wlk. En este caso también creóme autorizado a retirarla de la sinonimia y reconocerla como bona species. La estructura de sus órganos masculinos y especialmente de la pinza terminal, permiten reconocer clara- mente que se trata, de una especie diferente de '/'. titillans Wlk. Compárese la figura ad- junta con la quedan Eoward, Dyar y Knab in The Mosquitoes of North and Central Ame- rica muí the West Tndies, volumen II. lámi- na 34, figura 228. Es lástima también que Neiva (in !!<>/<■ títi del Instituto bacteriológico, vol. [I, pá- gina 28, 1916) no haya estudiado algún macho de esta especie, y la sospecha que allí manifiesta (pan'. :¡1) que «no seria para nosotros ninguna sorpresa, que de poste- riores estudios resultara más de una es- pecie confundida con la que nos ocupa », le hubiera resultado una convicción. Y aho- ra tendremos que desenmarañar, entre toda la bibliografía que cita, cuáles son los autores que se refieren a Taeniorhynchus titillans (Wlk.). a Taeniorhynchus taeniorhynchus F. Lch. A., etc. Distribución geográfica. — Una vez separadas las sinonimias dadas por Lynch y los demás autores, asi como prescindiendo de la extensa dispersión que se ha creído t miera este animal, nos queda- mos por el momento en que el Taeniorhynchus taeniorhynchus 1-'. Lch. A. se conoce tan sido de Buenos Aires y sus alrededores. ANAL. MUS. NAC. — T. XXVIII (.III, Id 17, 1910) 14 Fig. ii. — Órganos masculinos de l'aeniorhynchus taeniorhynch us F. Lch. A . aumentados ± 11» diámetros. 218 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES Estudios posteriores determinarán cuál sea su extensión geográfica exacta, así como su acción patológica, siendo sus picaduras <• más dolorosas que las de los demás Culicidae q ¡onozco» (P. Lch. A..). El estudio que publiqué en 1912 (Los mosquitosde la República Ar- gentina) no tema mayores pretensiones que dar a conocer, ademas de algunas especies nuevas, una recopilación de lo que s «' había hecho en nuestro país sobre el grupo de los mosquitos : varias de las espe- cies queallí señalaba me eran completamente desconocidas y tuve necesariamente que atenerme a lo «pie hubieran publicado los auto- res anteriores. Por lo que publico hoy. se ve que hay necesidad de repasar todo el material que estudiaron los hermanos Lynch (loque en parte acabo de hacer), y se llegará a este resultado interesante: todas, o casi todas, las especies de Lynch son buenas especies, de- biéndoselas extraer de las sinonimias en que se han colocado indebi- damente. Además, se encontraran todavía más especies de las cono- cidas hasta la lecha (1). Como lo decía al principio, esa clasificación rigurosa de los mos- quitos es tanto mas necesaria cuanto : 1" una especie puede ser trans- misora de enfermedades con exclusión de las otras-. 2° esa buena clasi ftcación permitirá delimitar el arca de dispersión de cada especie y por ende la las enfermedades «pie corresponden a cada una de ellas. (1) Observación. —Toctos los i,in' se han ocupado del estudio di- los Mosquitos han podido observar la dificultad real que existe para dar la longitud exacta de estos insectos, sea debida ella a la contracción do los segmentos abdominales, sea también a la disposición mas o menos angular que pueden ofrecer los ejes <> (véase Prodromus regni vegetabilitim, vol. V", pág. 159) y aceptado por todos los ¡nitores posteriores prende ana sola especie : la M. nana DC, considerada por los botánicos europeos como exclusivamente propia de la llora chilena (DC, l. c, pág. 4<>0; Benthaní y Hooker, Genera plantarum, vol. II, pág. 298; ludir Kewensis, tase. III, pág. 232; En- gler y Prantl, Watürlich. Pflanzf., vol. IV. pág. 181 ; Post y Kuntze, Lexicón, pág. ■"><>(>). Tan solo unos pocos escritores de botánica que se ocuparon especialmente de la llora de Buenos Aires mencionan esta planta como argentina : L899. Spegazzini Carlos, Flora .de la sierra de la Ventana, página .'¡4: Finuji argentini nov. r. crit., página 239; Apuntes fitoagrológicos- sobre Carmen de Patagones, página 12; Apuntes fttoagrológicos sobre K BUENOS AIRES nistiis de plantas que visitaron nuestro país, no hallaron este gracioso \ pequeño vegetal .' Es fácil suponer que estas causas responden ;il hecho de" haberse \ isitado el país en estaciones poco propicias para dar con la especie en cuestión, pues se trata de un ser de tamaño bastante reducido, poco vistoso y cuyo desarrollo llega :i su apogeo en octubre, teniendo un período de vida muy breve debido ;i que germina en septiembre \ en noviembre ya se seca; agregúese que esta época coincide con el desarrollo de toda la exhuberante vegetación primaveral, cuando gra- Fig. '■ MicrupxiH vana, tamaño natura] millas, tréboles y compuestas, cunden rápidamente por todas partes, cubriendo y ocultando aquellas esencias anteriores que tienen menos vigor o más limitada estatura. En pleno otoño y en el invierno suele reaparecer, ya en estado poco aparente para los herborizadores, muerta j seca, representada tan solo por sus pequeños tallos rígidos y desnudos que sostienen una cabezuela casi globosa, constituida por la base de las hojas florales que aun defienden y conservan los antodios con los aquenios maduros, poco más largos de un milímetro, ovalados, comprimidos, sin villano, pero iodos cubiertos. por un vello tupido y bastante largo que les comunica mi color ceniciento. MAM. WAKH : NOTA SOBRE EL GÉNERO MICROPSIS DC. 22J Al ocuparme de !;i biología de esta pequeña planta, pues su morfo- logía es bastante conocida, me hallé con ciertos individuos que. a pesar de tener un parecido muy marcado con los que consideraba como típicos, presentaban, sin embargo, diferencias muy manifiestas para que las pudiera reconocer inmediatamente aún desde lejos. Estos individuos formaban agrupaciones, sobre todo en la parte más baja de las faldas de las lomas y donde el suelo es muy arcilloso, a veces algo salado y que durante el periodo de lluvias debe estar mas o me- nos inundado. Al principio creí (pie se trataba de una simple forma, debida a las condiciones hidrológicas o edáficas del lugar, pero observé (pie estas colonias estaban a veces invadidas por la planta típica, sin que en sus individuos se notaran transiciones entre una y otra forma. Para que mejor resalten las diferencias entre los dos tipos obser- vados por mi, expondré en un cuadro comparativo las diferencias fundamentales anotadas. MICROPSIS NANA MICROPSIS BONAERENSIS Tallos Simples o ramosos, subverticila- Ramosos, cu la liase subverticila- (los en la liase, siempre enderezados, (les. alternados en la parte superior, de '_' a "i centímetros. postrados, de 5 a 10 centímetros. Hojas Espatuladas, redondeadas y lige- Espatuladas, casi redondeado- ramente mucronadas. tronchadas, ligeramente escotadas en la punta y sin mucron. Inflorescencia Antodios muy numerosos, acumu- Antodios pocos, solitarios, rara lándose en las axilas de las hojas vez de - a 3, sentados en las axilas superiores formando una cabezuela de las hojas medianas de los tallos. c;isi globosa. MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES Brácteas ¡i escamas de los antodios Espatuladas, obtusas más curtas Lineales, casi agudas ,\ casi dos (jue el antodio. Escamas elípticas veces más largas que el antodio. Es- casi obtusas u ovaladas, en d limero camas lanceolado-lineales, agudas, a (i. . I ntodios Ovalados, contienen de 12 a 15 Lanceolados, contienen de 4 a li limes. flores. Flores ':■ y paleas 4 a 5, paleas contraídas debajo del 2a 3, con paleas lineales, rectas ápice en forma de bolsita, no superan que igualan tudas o son un poco más l.i mitad de las emolas. cortas que las corolas. Flores Q desnudas 8a lo. filiformes, dos veces más 2a3, filiformes, cuatro a cinco ve- largas que el aquenio. ees más largas que el aqnenio. Fundándome, pues, en los caracteres que acabo de indicar, consi- dero la ¡llanta como una nueva especie morfológicamente distinta di- la antigua M. nana !>*'. y para la cual propongo el nombre de Mi- cropsis bonaerensis mihiy cuyo diagnóstico en trances, pomo conocer aun suficientemente <■! latín, sera el siguiente : Mieropsis bonaerensis mihi. Nbuvelle espece. Plante petite, de 5-10 centimétres annuelle, toute couverte «le poils adhérents, d'une cou- leur cendré, tiges cotonneuses ramifiées, sub-verticillées á la liase, alternes le long des ranieanx. feuilles sessiles spatulées, presque tronquees au sommet, un peu écbancrée el présentanl un mucron a peine développé, vert-ceudré á la face supérieure, blancliátre á la lace inférieure; antbodes solitaires, a I'aisselle des feuilles médianes (les tiges, sessiles. petites. col i miiellses. la liceolees. accolll | lagnéS par deux bractées linéaires presque aigués, contenant seuleuienl de la (i fleurs dunt 2 mi :i filiformes 9 núes, et 2 mi '■'< Y. enveloppées dans uní' écaille droite aigué presque de sa longueur. Agregaré por lin la descripción completa castellana : MANGANARO : .NOTA SOBRE EL GÉNERO MICROPSIS DC. 223 Planta anual, primaveral, de los terrenos anegadizos, fuertemente arcillosos y a veces algo salados, germina a unes de agosto, florece a mediados de octubre y fructifica, secándose cu seguida, a principios de noviembre; sus restos se destruyen con rapidez y no persisten hasta el año siguiente como suele suceder con la Micropsis nana. To- das sus partes, de un color ceniciento o blanquecino, están cubiertas por un vello tupido, constituido por pelos muy largos, simples, tenues, incoloros, recostados y afelpados en las hojas (pie se tornan sueltos en el tallo y levantados y algodonosos en las axilas foliares y alrede- dor de los antodios. No tiene olor ninguno, es flexible y suave al tacto. /7 Fig. -1. M u ropsis bona'érensú La raíz es axil, casi simple, de 3-5 centímetros de longitud por un milímetro de grosor, con pocas barbas laterales, capilares o casi ca- pilares, bastante recta, se entiena más o menos y ert ¡cálmente, sin arrugas transversales ni debajo del cuello. El tallo inmediatamente por arriba del nudo vital produce un número variable (2-12) de ramas pseudoveiticiladas. pues realmente son alternas y nacen en la axila délas primeras hojas muy aproximadas, las (pie en seguida se recues- tan sobre el suelo, extendiéndose con mayor o menor regularidad ra- dialmente ; estas ramas suelen con frecuencia producir en las axilas de sus hojas inferiores, algunas débiles raicillas adventicias y en su liarte superior se arquean mas o menos hacia arriba, apartándose del suelo: la longitud de estos tallos varia mucho en un mismo ejemplar. 224 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES desde 1 basta L5 centímetros y su grueso, quitando el vello, es de L-l, 5 milímetro; muchos persisten simples, pero los mayores llevan con frecuencia, alternadas y casi dísticamente, algunas ramas secun- darias; son casi cilindricos y en el interior ostentan un canal medu- lar relleno, relativamente muy desarrollado; en estado vivo son her- báceos y flexibles, al morir y secarse se vuelven rígidos y frágiles. Los internodios mas largos se hallan en la parte mediana y varían de 1 •_' milímel ros. Los cotiledones son epígeos, muy pequeños oblanceolados, agudos enteros, casi lampiños. Las hojas normales primitivas son pequeñas, ligeramente vellosas, muy tupidas, casi empizarradas, oblanceolado-espatuhiibis. pero a medida que crece el vegetal van tornándose mas afelpadas, más y mas flojas y separadas, mas y mas espatuladas, siempre enteras. membranosas, herbáceas, de color verde ceniciento en la cara supe- rior, mas pálido, casi plateado en la inferior; las mayores miden de 10-15 milímetros de largo por 4-5 milímetros de ancho ; la parte api- cal es muy roma, casi tronchada, con una escotadura mas o menos marcada en su parte media, donde se observa por lo general una pequeña callosidad, hacia atrás son cuneadas, estrechándose paulati ñámente hasta quedar reducidas casia la mitad, partí volver a ensan- charse ligeramente cerca de la base, donde son casi semiabrazadoras y muy algodonosas en la axila, mientras sus bordes se escurren for- mando como dos ligeras tilas o cordones visibles cuando se quita la vellosidad til tallo. Tienen una sola nervadura primaria central, algo saliente en la cara inferior formando quilla, de la cual salen las ner- vaduras laterales, pinadas y muy delgadas, sido visibles por transpa- rencia. Los antodios son poco visibles, muy envueltos por pelos algodono- sos y solitarios en la axila de las hojas medianas de los tallos, faltando en absoluto en las básales y en bis del t ercio superior; son totalmente sentados, muy apretados hacia el lado dorsal contra el eje rameal, pero libres, mientras que por el bulo ventral se adineren en su cutirlo inferior con la hoja en cuya axila nacen : ti cada lado llevan una brác- t ea lineal oblanceolada de 5 t> milímetros de largo por 0,5 de tundió. bastante aguda y enderezada : la forma del antodio es lanceolada, de base más o menos ancha, mide por lo general 4 milímetros de largo por 1,5 ó 2 de ancho; están formados por cuatro o cinco brácteas enderezadas, apretadas, agudas, lampiñas, enteras y verdes en su mitad inferior, en la mitad superior son escariosas. incoloras, de mar senes ligeramente denticulados, miden de 2,5-3 milímetros de largo MANGANARO : NOTA SOBRE EL GÉNERO MICROPSIS DC. por 0,75 de ancho; cada antodio contiene de 4-6 flores, dé las cuales dos o tres son femeninas, desmidas, con ovarios fértiles, sin villa- no, cubiertas de pidos articulados y con emola filiforme, blanqueci- na, que por una corta hendedura apical, denticulada y algo pilífera, deja salir las dos ramas estigmáticas ; las demás flores son herma- froditas, pero estériles y se hallan envueltas en unas pailetas linear- lanceoladas, agudas, denticuladas, escariosas, incoloras, rectas, que dejan asomar las corolas amarillas, lampiñas, con cinco lóbulos: las anteras se liaban encerradas en las corolas, son incoloras, con el apéndice apical rojizo y llevan en la base dos agregados setifor- mes divergentes, semejantes a las barbas de la punta de una fle- cha, de entre los cuales se prolonga un delgado filamento débil e incoloro. Los aqueiiios son trasovalados, comprimidos lateralmente, redon- deados en el ápice, sin villanoyde color ceniciento, debido a los peli- llos apretados y tupidos que los revisten. ANAL. MUS. NAC. — T. XXVIH (AGOSTO 14, 1010) PROF. PEDRO SCALAIÍKLNI (1849-1910) !■'[ 'X DADOR Y DIRECTOR DE LOS MUSEOS PROVINCIALES DE ENTRE RÍOS Y CORRIENTES Los títulos que corren debajo del nombre de este gran servidor del país, justifican con exceso la hospitalidad que en las páginas de estos Anales ha brindado el doctor Ángel Gallardo, director del Museo na- cional de historia natural de Buenos Aires. Su nombre no es el de un desconocido entre los naturalistas, y sobre todo, entre los cultores de la Paleontología argentina, que lo han visto mencionado centenares de veces desde el año de 1S83. Scalabrini escribió poco, pero, en cambio, enseño mucho y trabajó por la ciencia argentina, con un amor y una perseverancia dignos del respeto y reconocimiento de las nuevas generaciones. He sido testigo presencial de la obra de Scalabrini. Con él me toco actuaren la mejor época de su vida, durante tres años consecutivos, y nuestra amistad se conservó desde entonces por espacio de treinta, y sólo terminó cuando la muerte penetró en su hogar. No hace mucho, al escribir en estas mismas páginas la biografía de otro gran muerto, el doctor Florentino Ameghino, hacía notar que gracias a los pacientes trabajos del profesor Scalabrini, su colaborador sincero y desinteresado, Ameghino había podido estudiar la Fauna fósil del Paraná y comprender la importancia de ese horizonte paleon- tológico, habiendo dado a conocer en tres años, hasta 1886, la canti dad de ochenta y dos especies nuevas. El mismo doctor Ameghino, al ttnal de su cuarta memoria sobre esa fauna, dedica este párrafo que es toda una consagración ' : 1 Boletín n que ha sabido poner a la luz del día las interesantes piezas que he descripto en mis trabajos sobre los fó siles de esa localidad. A él es a quien corresponde con verdadera jus- ticia el título de descubridor de la antigua y maravillosa launa mama- lógica del Paraná. » Y efectivamente así fue. porque los trabajos anteriores, incluso los del misino Bravard, no pudieron llegar a acumular ni los datos ni «■! material que acumulo Scalabrini limante una larga serie de años de una tarea ruda y perseverante. Eecuerdo muchas de nuesi ras excursiones en procura de fósiles oli .úncenos en los estratos profundos de las venerables barrancas del Paran:!. Todo un día de labor ímproba, circunscripta forzosamente a un es- pacio reducido, con el constante peligro de quedar sepultados entre los frecuentes derrumbes que se producían al excavar, nos daban ape- nas una docena de piezas, en sn mayor parte restos indeterminables de peces ; y si alguna vez que otra aparecía un fragmento de mandí- bula, de mamífero, de real valor paleontológico, nuestra satisfacción no tenia límites : habíamos efectuado un hallazgo y eso era mucho. Juz- gúese con estos antecedentes la obra de Scalabrini. que alcanzo a co- leccionar miles de piezas interesantes, entre las cuales pudo seleccio- nar Ameghino su material de estudio, y se podrá medir todo el entu- siasmo y la tenacidad que durante años tuvo que derrochar para llevar adelante su obra altruistica '. Y efectivamente, Scalabrini fué un gran altruista y ese fué el rasgo fundamental de su personalidad, líl espíritu de lucro era ajeno en el. pues habiendo podido muchas veces realizar ventajosamente sus co- lecciones, prefirió donarlas para fundar muscos : el del Par-ana prime- ro, el de Corrientes después. V en cuanto al aprovechamiento de su material científico por él mismo, jamás quiso hacerlo, y no porque no fuera capaz de ello, y no tuviera pleno conocimiento de la importan- cia y novedad de las piezas que recogía, sino porque conservó una misma actitud de consecuencia para con Ameghino, a quien no quiso 1 Scalabriui era un enamorado de las barrancas del Paraná. Posteriormente y acompañado por su hermano Ángel, hizo un viaje desde Corrientes al Paraná, en bote, con frecuentes bajadas a tierra, donde proseguía el viaje :i pie escudrinán- dolas, tomando notas y coleccionando cuando la ocasión se presentaba. WH'.UOSETTI : PROF. PEDRO SCALABRINI 229 cruzársele en el camino, sino que ]<> alentaba continuamente con los nuevos hallazgos en la prosecución de sus trabajos. Recuerdo un día que revisábamos los nuevos materiales que debía incorporar Ameghino a su cuarta memoria sóbrela, fauna fósil del Pa- raná. Scalabrini me pasaba los ejemplares haciéndome notar sus ca- racterísticas, diciéndome a cada paso « esto es un género o una especie nueva», y cuando se termino el examen, con su sonrisa bondadosa habitual, agregó : «cuántos se tentarían y correrían a tomar pluma y papel para ganar prioridad, que no tendría más resultado que el halago momentáneo de satisfacer una vanidad infantil que quizá causara más perjuicios (pie beneficios. « Cuánto mejor es en cambio poder estimular a un luchador que tie- ne ya su orientación definida y que al aportarle estos nuevos materia- les, no sólo lo premiamos con la prioridad científica, sino que también le ampliamos la idea de conjunto cpie se ha formado. «Nunca debemos olvidar que la única manera de progresares res- petar la gran ley de la división del trabajo, ocupando cada uno su puesto si queremos realizarla obra común; porque la ciencia es obra de todos, de ella depende el progreso humano, pero para que ella de sus frutos no hay que estorbarse. « Hay tanto que hacer y es tan vasto el campo que se abre a los in- vestigadores que hay lugar para todos, trabajando con elevación de miras. << Créame, joven naturalista, me repetía con tono jovial, (pie nuestra tarea de vizcachas inteligentes, al pie de las barrancas, tiene tanta o mas importancia que la descripción sistemática de las piezas. « Tomemos a pecho nuestra misión y tratemos de hacer todo lo po- sible antes que se pierda el yacimiento por cualquier causa, dada la movilidad del río o lo inseguro délas barrancas. » Y con estas ideas fundamentales, durante una larga temporada, se trabajo con ahinco, sin otra mira que el de aumentar las colecciones. EL MUSEO DEL PARANÁ La idea del Museo del Paraná fué lanzada por el profesor Scalabrini en su conferencia sobre la geología de las barrancas del Paraná, el de diciembre de 1883 en la sección Entre Eíos del Instituto geográ- fico argentino. Recordando al final de ella que Urqniza había fundado un Museo en el Paraná que ya no existía, y que debía crearse uno 230 MUSEO NACIONAL I>K BUENOS AIRES nuevo, ponía a disposición de la empresa, las colecciones que lema formadas '. En una rectificación hecha a la publicación de esa conferencia en hoja suelta, que fué la transcripta por el instituto geográfico, el pro- fesor Scalabrini hizo notar que directamente había ofrecido sus co- lecciones al gobierno de Entre Ríos, pues supo por intermedio del doctor Zeballos, que el general Racedo había manifestado su opinión favorable sobre la oportunidad y conveniencia de fundar un museoy abrir asi una nueva era para la vida científica de la provincia. l'n hecho singular apresuro este acontecimiento. El doctor Deside rio Crespo había descubierto unos restos fósiles de Toxodonte en el arroyo Antoñico, próximo a la ciudad del Paraná. Comunicado el ha- llazgo al gobernador Racedo, éste dispuso presenciar su extracción, e invitando al profesor Scalabrini, se traslado con su ministro, doctor Miguel Laurencenay una comitiva de personas, al lugar mencionado. La excursión dio motivo para que Scalabrini publicara en El Cons- titucionaláél 7 de febrero de 1884, un bello artículo relatando el hecho, en el que después de recordar la acción de estímulo que ejerció en los Estados l'nidos el presidente Jefferson (buscador de fósiles) en los naturalistas norteamericanos, decía : «Creo sinceramente que nuestra juventud como la norteamericana, lia de imitar también a su gober- nador, que estimulando con su ejemplo y su palabra a los amigos de la naturaleza, prepara el terreno a los futuros naturalistas entrerrianos. « Es oportuna la publicación de estas líneas para que se conozca mas tarde el punto de partida del estudio serio de las ciencias natu- rales en nuestra provincia. ■■ Días después, el 1-1 de febrero, el gobernador Racedo y su ministro Laurencena, Armaban el decreto fundando el museo. El museo fué organizado de una manera definitiva en L886, habién (lose incorporado a su personal el señor Toribio E. Ortiz y el que es- to escribe, como jefes respectivamente de las secciones de paleonto- logía y zoología. En esa fecha, las colecciones sumaban 1(1. Sol objetos, y el general I ¡acedo aprovechó esta oportunidad para dedicara esta institución, en su mensaje del 1" de mayo, las bellas frases que transcribo, y (pie que- darán siempre como testimonio de uno de sus mejores actos de go bierno. 1 >ecía el mensaje : « Desde el principio de nuestra vida como nación soberana e in- 1 Huillín ihl Instituto geográfico argentino, tomo V. página L9. AMBEOSETTI : PIÍOF. PEDKO SCALA UlíIXI 231 dependiente, las ciencias naturales han sido apreciadas en su jusio valor teórico y práctico, despertándose mayor interés por su estudio, a medida que se lian operado nuestros progresos. «Laudable y provechoso es a la vez dicho celo, porque es una ver- dad admitida por los estadistas, porque el progreso de la agricultura, del comercio y de la educación, está intimamente ligado con id pro- greso de las ciencias, no siendo posible el perfeccionamiento de un dado orden de cosas sin el conocimiento de las leyes que constituyen su modo de ser, su individualidad. «Profesando estos principios desde los primeros días de mi gobierno, pense qne había llegado la oportunidad de establecer un museo pú blico, destinado a reunir y conservar los recuerdos délas tribus indi genas, las reliquias de nuestros grandes hombres, la fauna y la flora como los minerales del territorio argentino y sobre todo los fósiles que constituyen la prueba más acabada de las épocas geológicas poi- que ha pasado el suelo que nos pertenece, desde los Andes al océano, desde el Chaco al estrecho de Magallanes. Trataba de llevar a la prác- tica estas ideas cuando el señor Scalabrini con una generosidad digna de encomio, dono a la provincia su notable colección paleontológica, para que sirviera de base al Museo que se trataba de formar. «Con tan importante concurso quedó establecido el Museo por de- creto de fecha 14 de enero de 1 884, designándose como directoral señor don Pedro Scalabrini, cuya eximia competencia es bien reconocida. «Debo hacer también mención como un acto de merecida justicia. del desprendimiento con que el joven y distinguido naturalista entre- rriano Juan Bautista Amb'rosetti regalóa la provincia para ser anexada al Museo, una importante colección zoológica de cuya sección fué nom- brado jefe. « En la memoria del ministerio, en los informes del director como en el Boletín de la Academia nacional de ciencias de Córdoba, pueden no- tarse los adelantos que este establecimiento público ha realizado en un periodo tan breve, pudiendo asegurar que ha prestado servicios de consideración a la ciencia de los seres extinguidos, llamando la aten- ción de los sabios por su preciosa colección de fósiles terciarios de la provincia. « Por el siguiente cuadro del número de objetos que el Museo posee repartidos en sus diferentes secciones, podréis apreciar su actual im- portancia : 232 MUSEO NACIONAL DE Bl ENOS AIRES i ibjetos de la sección mineralógica L.500 botánica losil 200 zoolitos fósiles) vivientes 150 insectos vivientes 1 .000 crustáceos fósiles y vivientes.. l 10 moluscos l :.nii peces i .300 reptiles 508 aves vivientes 1 * ; mamíferos fósiles 3 vivientes.. 1.100 — antropología 300 numismática 130 teratología 10 'ruin] de objetos 10.ÍS54 ' < 'mi estas palabras el Museo estaba consagrado; pero aprovechando la oportunidad de una donación hecha por el general Raeedo de un grupo de objetos, Scalabrini escribió una serie de artículos en los dia- rios de la localidad, bajo el titulo de Cartas científicas que publicó desde marzo de L886 hasta abril de L887 ', manteniendo asi el interés público hacia la nueva institución que necesitaba del favor de todos para prosperar. Estas cartas científicas muy interesantes por cierto, teman un fin didáctico: en ellas Scalabrini aprovechaba de la menor oportunidad para acumular dalos y noticias sobre libros importantes, sobre publi- caciones hechas en el país, generalmente pOCO conocidas, para descri- bir piezas importantes, y aun para manifestar sus ideas filosóficas francamente positivistas, que profesó y enseñó toda su vida, sembrán- dolas profusamente por toda la república, por intermedio de sus mu- chos discípulos de la escuela normal del Paraná, donde enseño por tantos años desde 1872 '. El año ís.s.s. el Museo que hasta entonces ocupaba algunas habita- ciones de la casa particular de Scalabrini, generosamente cedidas al Palabras del señor gobernador general Raeedo en el mensaje a las honora- bles rama ras legislativas en el 27° período administrativo, el I o de mayo de 1886. : Véase : Cartas científicas ni general n Eduardo Raeedo, páginas 12 y 13. Pa- raná. 1887. ! Terminadas de publicar, Scalabrini hizo una recopilación de todas ellas, ano- tándolas profusamente, resultando un libro de 207 páginas linio de informaciones interesantísimas, hoy casi agotado, cuyo título completo es: Musa, ti, 1,1 provincia de Entre Ríos. | <' sus diferencias y semejanzas, estableciendo posiciones para evitar con- tusiones tan frecuentes y tan perjudiciales, como lo pone de manifiesto la historia del pensamiento científico y filosófico» '. En ese trabajo. Scalabrini condensa sus ideas sobre el positivismo, y expone sus teorías altruísticas con el calor y entusiasmo que le eran propios en la cátedra, y que. tanto influyeron en las generaciones de alumnos que formó; pero hay que hacerlo constar, cu honor suyo, ja- más fué un dogmático ni un fanático. Por el contrario, fué un gran to- lerante, y sabia remontarse bien alto para abarcar el conjunto de las cusas sin caer en las pequeneces del sectarismo. Leyendo esas páginas, se recibe la impresión de la superioridad de su autor, llena de elevación moral y suprema tolerancia, que unida a un gran altruismo, parecen haber sido característica de familia, pues se hallaban también en la obra de su hermano, el famoso obispo de Piacenza, monseñor Scalabrini, que tan honda huella ha dejado en el catolicismo moderno. Con este trabajo, y con la instalación del Museo en casa propia, Scalabrini creyó terminada su obra, y renunció a la dirección. « Mi misión es otra, me repetía continuamente, soy un simple sem- bradía' de ideas, ellas deben fructificar a su debido tiempo » '. 1 Pura ¿nejores datos sobre el Musco, véase mi trabajo El Museo de Entre Ríos, datos sóbrt su fundación y desarrollo, en el Boletín del Institulo geográfico argentino. tomo XIV, página 131 y siguientes. 1893. - El titulo completo de este trabajo es : Museo de la provincia de Entré Ríos \ Materialismo | Darwinismo | Positivismo \ Diferencias y Semejanzas | por \ Pedro Scalabrini \ director | Paraná | Tipografía y encuademación La Velocidad 31-33, San Martín, :¡l-:j.J | 1889. ' Como pretexto secundario agregaba : « Estos mismos artículos son también una contestación indirecta al colaborador de Fígaro que, al apreciar las Cartas científicos del director del Museo de la provincia, incurre en tal lamentable error », página 1. ' El Museo ha llevado más tarde una vida anémica, pero sus colecciones se han 234 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIKES A Scalabrini preocupaban muy seriamente los problemas educacio- nales, como muí ¡uno profesor que había tomado siempre con entusias- mo su misión y mi se concretaba simplemente al desempeño de su cá- tedra, sino que estudiaba a fondo todo el sistema de enseñanza, lo dis- '■iii ia, y exponía sus ideas con gran lucidez <• ín1 imo convencimiento. Fruto de sus meditaciones, fué su trabajo sobre el plan de estudios para la escuelas normales, que publicó en L887, y reimprimió el año 1895, en La escuela positiva de Corrientes, bajo el titulo de Observa- ciones didácticas, en el que asignaba ;i la enseñanza un carácter na- cional ' y dedicaba un día al estudio práctico y de observación para las ciencias naturales y atines J . En cuarto año agregaba el estudio de la instrucción cívica que «es de una importancia excepcional, porque su objeto, como su nombre 1" indica, es formar ciudadanos que sepan respetar las leyes, (pie es me- uester conocer, y por tanto será muy útil enseñar las disposiciones principales de la Constitución nacional, de las constituciones provin- ciales, del código civil, de comercio, de minería, y de las leyes mas im- portantes que deben saber todos los ipie deseen merecer el nombre de buenos ciudadanos ». s;ilv.-iil". Hoy parece que La ]H"\ ¡ncia vuelve sobre sus pasos, 5 gracias :i La buena voluntad de un grupo de antiguos discípulos de Scalabrini, renacerá por tercera vez a la vida autónoma. Deseamos vivamente que sea la definitiva, y que en sus salas, Las nuevas generaciones puedan contemplar con veneración el semblante bondadoso de su entusiasta fundador. 1 En el primer año supr a el francés, porque, decía que «antes de estudiar idiomas extranjeros (el alumno) debía estar en posesión del propio», y en otro párrafo continuaba : «la enseñanza desde el principio debe ser nacional, 5 es por esto que se debe estudiar la geografía, la tristoña y el idioma nacional». In el cuarto año preconizaba el estudio de la literatura argentina, «cuya im- portancia es bien visible, y su utilidad grande, si su estudio se hace bien, es decir, con criterio estético y crítico a la vez, con el objeto de apreciar el pasado litera- rio, perfeccionar el presente y dar direcciones para I" futuro en armonía con las necesidades de la república . Como se ve, Scalabrini se adelantaba en veinte años a La actual obra de la Fa- cultad de filosofía y letras, que ha incorporado en su plan de estudios La cátedra de literatura argentina, tan brillantemente desempeñada por Ricardo Unjas. J l'.u el plan de Scalabrini quedaba el jueves disponible « en el que lns alumnos de cada curso, dirigidos por el cuerpo docente, observaran la mineralogía, la bo- tánica, la zoología, la meteorología, la agricultura, la industria del lugar en que esté situada la escuela ». Mus de una w. y desde el año 1880, siempre que le fué posible, puso en prác- tica estas ideas, llevando a los alumnos a excursionar por l<>s alrededores del Pa- raná, estimulándolos así en el estudio de la naturaleza. AMBROSETTI : PROF. PEDRO SCALABRINI 235 Scalabrini al expresar estas ideas demostraba que no solóse había incorporado a nuestra nacionalidad, formando un respetable bogar argentino, sino que también había erigido en su corazón de hombre superior, un altar a la tierra que lo hospedaba y en el cual ofrendaba con sinceridad las mas bellas flores de su inteligencia. Además Scalabrini, hacía tiempo que acariciaba un plan de ense- ñanza objetiva de la historia natural, por medio de museos escolares. preparados especialmente, y en lo posible, con materiales argentinos. Muchas veces me. hizo confidente de sus ideas, y lo que hubo ma- durado su plan, y antes de llevarlo a la practica creyó, en la incompa- tibilidad de su puesto de director del Museo, con la preparación de estos mostruarios, para los cuales no sólo eran necesarias colecciones, sino también libertad de acción y tiempo. Este fue el secreto de su renuncia, que podríamos sintetizar en una extremada delicadeza personal, unida a un gran deseo de llevar a la practica nuevas ideas, cuyo tin era el de estimular el conocimiento y el estudio de la naturaleza, de la que siempre fue un gran apasionado. Scalabrini. ya libre, se lanzo con ardor al trabajo, preparó algunas sei Íes y empezó su obra de propaganda, imprimiendo folletos y dando conferencias. Los siguientes párrafos darán cuenta de como encara- ba su nueva enseñanza : «Transformar la enseñanza déla historia natural, generalmente abstracta y cosmopolita, en concreta y nacional, perfeccionar el espí- ritu de observación por el examen de los objetos, y de meditación por la composición escrita, estimular la afición por las exploraciones del territorio, a fin de descubrir nuevas riquezas naturales, aplicar el tra- bajo manual a la restauración, dibujo y molde de objetos interesantes o raros, vivificando el naciente espíritu artístico, científico o indus- trial de los jóvenes son, entre otros, los objetivos que he tenido en vista al formar este Museo. « El maestro, agregaba, no debe olvidar «pie su misión es dirigir y nunca reemplazar la observación, meditación y expresión oral y es- crita de los alumnos, cuyo perfeccionamiento depende siempre de su propio trabajo manual, artístico, científico y aun filosófico. «Finalmente, en la enseñanza déla historia natural, base esencial y fundamental de la educación contemporánea, no se perderá la oportu- nidad de despertar en los alumnos sentimientos de admiración, res- peto y sumisión hacia la naturaleza eterna en el tiempo, inmensa en el espacio, omnipotente por sus múltiples creaciones que revelan bon- dad, inteligencia, actividad, orden, progreso, unidad de plan y de eje cucion, armonía v estabilidad en todo». 236 MUSEO N iCIONAL DE BUENOS AIRES EL MUSEO DE CORRIENTES La progresista gobernación del ingeniero Valentín Virasoro llevó a Corrientes al distinguido educacionista doctor J. Alfredo Ferreira, liara ponerlo al frente del Consejo .superior de educación. Ferreira, entusiasta por las ciencias naturales, recordó a Scalabrini, a quien lo ligaba vieja y cordial amistad, y éste con su acostumbra- do desprendimiento, dono sus nuevas colecciones a la provincia. \ se trasladó a Corrientes con su familia, donde fundo un nuevo .Museo ipte se inauguró el 25 de diciembre de 1 89 1. Poco después lo visitaba en 1895, y nunca olvidaré los gratos días (pie allí pase con el viejo amigo. Por entonces, en Corrientes se desarrollaba una gran obra de pro- greso en cuestiones de educación; por todas partes se abrían escuelas con la cooperación de los vecindarios (pie rivalizaban entre si en sos- tener instituciones, al -unas de ellas de gran importancia, como las de Coya. Esquina, Loreto, Bella Vista, Curuzú-Cuatiá y .Mercedes. En la capital se fundaba una escuela de artes y oficios, la revista l,n escuela positiva, se daban continuamente conferencias didácticas por los maestros, generalmente sobre materiales de historia natural o industrias extractivas de la provincia, y la prensa local llenaba a diario sus columnas con artículos, noticias y datos sobre ese inusitado mo- vimiento educacional, que hacía ganar con creces el tiempo perdido de las luctuosas épocas pasadas: fundándose ese año veintidós nuevas escuelas rurales. El alma de todo esto eran Ferreira y Scalabrini. Ambos se comple- nient aban, los dos positivistas poseían el fuego sagrado del entusiasmo por el progreso y la educación, y cada cual dentro de su esfera de ac- ción, alimentaba la hornalla estimulándose mutuamente. El Mus pie había sido fundado con ios 5725 objetos que donara Scalabrini, seis meses después contaba 8859. En su primer informe. Scalabrini se expresaba asi: « La organización actual del establecimiento responde a su triple objeto de escuela popular. e\ posición perina tiente y auxiliar didáctico. « lili el día ya no se discute la utilidad teórica y practica de esta institución, considerada indispensable, como lo es la iglesia, el hospi- tal, la escuela, la biblioteca y el banco». Las donaciones no se hicieron esperar, y en ese breve lapso de t lem- po llegaron al Museo 2474 objetos, remitidos por particulares, cuyo AMBROSETTI : PKOF. PEDRO SCALABRINI 237 nombres aparecieron en los periódicos, estimulando así el interés por la nueva institución. Establecido en un edificio bastante amplio, Scalabrini lo lleno de objetos de toda clase: a cada cosa le asignaba un puesto, pues todo tenía un valor educativo, y de acuerdo con su organización, se hizo contribuir a todas las escuelas de la provincia que enviaron más de mil objetos elaborados por los discípulos de los misinos '. En esta iniciativa, el Museo de Corrientes se había adelantado tam- bién, por lo menos en diez años, al Museo escolar Sarmiento de nuestra capital. Al año siguiente, el Museo había aumentado más de cuatro mil ob- jetos, arrojando su inventario la cifra de 13.011 piezas, de las cuales «170 procedían de donaciones particulares. Con su actividad característica. Scalabrini comenzó una nueva serie de cartas científicas, dirigidas al presidente del Consejo de edu- cación, doctor J. Alfredo Ferreira, que se publicaron en La escuela positiva, en cuyas páginas, además, hacia propaganda en favor de la cría del gusano de seda, de la exportación del tabaco correntino, no descuidando tampoco la recopilación de vocabularios de los indios del Chaco, Vuelas, Clmnupis y Matacos, que el que esto escribe le cucar gara para el doctor Lafone Quevedo, quien por entonces se ocupaba preferentemente del estudio de estos grupos lingüísticos. Cuando Scalabrini. consecuente con su modo de ser. creyó termi- nada su misión en Corrientes, en vez de vegetar al trente del Museo provincial, al que ya había dado vida y direcciones, traslado sus acti- vidades a esta gran capital, donde contaba con muchos discípulos y amigos, y siguió la propaganda de sus museos escolares, y sobre todo déla orientación práctica que debía darse a la enseñanza déla histo- ria natural en las escuelas donde creía, y con razón, que en (días de- bía iniciarse y estimularse id amor a las cosas de la naturaleza. Su acción entre los maestros, y su participación en la reorganización del Museo escolar Sarmiento, son muy conocidas; últimamente se ocu- paba en este último de la sección museos escolares, sirviendo mi ho 1 El doctor Ferreira, al clausurar el curso de conferencias al finalizar el ano 1895, decía : « La sección didáctica del Museo de la provincia dirigido por el na- turalista don Pedro Scalabriui, está formada de centenares de objetos interesan- tes, de toda clase de materia prima, construidos por centenares de alumnos de la provincia. Las escuelas todas, urbanas y rurales, y los vecindarios que los ro- dean, son a la hora de esta, un semillero de iniciativas, que engendran un gran movimiento». (La escuela positiva, pág. 481. t. I. en nota.) 238 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES norem, habiéndose desprendido a favor del mismo, de un gran mate- rial que últimamente había reunido. Contribuyó ;i fundar la asociación de cultura popular, anexa al Musen, y dio varias conferencias interesantes; fué durante años pre- sidente «le un consejo escolar; fundador de la asociación nacional del profesorado, a la que llevo muchas iniciativas, y siempre trabajan- do j actuando activamente, vivió entre nosotros, hasta que la muerte li» sorprendió puede decirse en la brecha. I Qué queda de la actividad de este hombre tan singular .' No por cierto una voluminosa obra cienl íñca, que sus pesadas t arcas docentes, sus excursiones y su obra de propaganda, le impidieron ha- cer, sin contar con los medios donde actuó desprovistos deelcinentos bibliográficos. Quedan dos museos, grandes colecciones científicas '.y queda sobre todo una inmensa tarea educacional, que desde la escuela normal del Paraná irradió a toda la República. Tarea que tuvo por objeto formar pensadores, porque ¡a característica de su enseñanza fué principal- mente la de enseñar a pensar y pensar bien : las discusiones que susci- taba en sus clases y la invariable respuesta (pie repetía a sus discí- pulos, cada vez que era interpelado sobre alguna cuestión, y que re- petía a modo de estribillo : piense, medite, forme su juicio y después vuelva o verme, tendía a formar hombres de criterio propio indepen- diente que ]iudieran aportar a la obra común acción y pensamiento útiles. Positivista convencido jamas quiso imponer sus convicciones a na- die. De una gran tolerancia y de un altruismo sereno, practico con el ejemplo las ideas que seminaba. De carácter bondadoso, jamas le 01 una protesta ni una recrimina- ción, de vida ejemplar, vivió siempre para su familia y para los de- más, siempre pronto para prestar su ayuda desinteresada y entusias- ta en cualquier obra noble, llegando a tener actos, en el haber de su vida.de la mas alta abnegación, como cuando presto sus servicios en esta capital en la epidemia de la fiebre amarilla en LS71, y en la del colera de 1886, en el Paraná, en la (pie los que estábamos cerca de el lo acompañamos, imitando su ejemplo. Sus discípulos de todo el país no lo oh ¡darán. En el corazón de cada 1 V.n poder de la familia existe entre otras cosas una colección de más de TOO moluscos fósiles de las barrancas del Paraná, clasificados y catalogados por el pro- fesor Scalabrini. VMBROSETTI : PROF. PEDRO SCALABRIN1 239 uno de ellos quedará mientras vivan, grabado el recuerdo simpático de don /'airo, como cariñosamente le llamaban. Los hombres de ciencia, deben ver en el a uno de los más eficaces trabajadores de la primera hora, fundador de museos, propagandista de las ciencias naturales y eficaz colaborador de Ameghino, quien lo consagró como descubridor de la fauna de mamíferos terciarios del Paraná. Jijan B. Ambrosetti. Maya (1.- L916. NOTAS ACERCA HORMIGA TRACHYMYRMEX PRUINOSÜS Emery ÁNGEL GALLARDO En 1905 el notable mirmecólogo Emery describió cod el nombre Atta (Trachymyrmex) pruinosa una hormiga hallada en el Tandil por Silvestri '. El subgénero Trachymyrmex fué creado el año 1898 por el ilustre Forel - para las Attti cuyas aristas frontales divergen fuertemente ha cia atrás y alcanzan los ángulos laterales anteriores del occipucio, formando al exterior una canaleta en que se aloja parte de los esca- po». Son especies pequeñas, con obreras monomorfas, cubiertas de es- pinas multidentadas o multituberculadas o por montículos obtusos. erizados de tubérculos secundarios. En 1913 ha propuesto Emery ■'■ elevar a la categoría genérica al antiguo subgénero Acromyrmex de Mayr, que comprende las Attinas provistas de cuatro pares de espinas o tubérculos dorsales, ademas del par de espinas epinotales, separándolo del género Atta de Fabri- 1 Emery, C, Studi sulle formiche della fauna nelropica, XXVI, Formiche raccol- te dal profesore F. Silvestri nell' Argentina e nelle regioni limítrofe dell' Uruguay, del Brasile e del Chile, en : Bull. Soc. /.*»/. Italiana, tomo XXXVII. páginas 107- 194. 1905. - Forel, A., Note sur les Attini, en : Ann. Soc. I'.ni. Belgique, tomo XXXVII, páginas 586-607. 1893. :1 Emery, C, Eludes sur les Myrmieinae, V, Les genres láminas, SI figuras. L907. I rich, I'. \V., Notes on some fungu8-g7'owing ants tu Trinidad, en : Journ. Tri- nidad Club, tomo II. número 7. páginas L75-182. 1905. 1 l'"i:ii , .\ .. Biología Centrali-Americana, Hymenoptera, III, Formieidae, 169 pá- ginas, I láminas. 1899-1900. GALLARDO : HORMIGA TRACHTMYRMEX PRUINOSUS Emeri 243 Méjico y Centro América, respectivamente. Tal vez algunas de estas especies (farinosus, por ejemplo) deban clasificarse como Cyphomyr- mex por los pelos escamosos que se indican en su descripción. Desde el hallazgo de Silvestri en el Tandil no se Labia vuelto a se- ñalar Trachymyrmex pndnosus hasta principios de este año, cuando lo he hallado en mi quinta de Bella Vista (B. A. P.) en los alrededores de Buenos Aires '. En el mes de enero encontré en una calle de plátanos (Platanus orientalis L.) de mi quinta, cuatro nidos de esta hormiga, excavados en tierra dura arcillosa, los cuales presentan al exterior un orificio circular de 3 a 4 milímetros de diámetro, rodeado de un cráter bajo. de unos diez centímetros de diámetro. Este cráter está formado pol- las partículas de tierra que sacan las hormigas al excavar su nido. El 20 de febrero por la noelie cayo una débil lluvia de •"> milíme- tros. El 22 por la tarde el tiempo estaba tormentoso y los Trachymyr- mex de uno de los nidos construyeron en su boca una pequeña torre que recuerda algo la de T. turrifer, estudiado por Wheeler. Una serie de palitos, acarreados del exterior, fueron colocados tangencialmente a la circunferencia del orificio del nido y con granos de tierra muy linos construyeron una especie de embudo, con los bordes encorvados hacia afuera, que levantaba como 5 milímetros del nivel del suelo, lista construcción puede suministrar una buena defensa para impedir la. inundación del nido por el agua de lluvia. Con los días secos subsi- guientes los materiales de la pequeña torre perdieron su cohesión y se dispersaron, quedando solamente la abertura circular del orificio externo del nido. El i de marzo excavé cuidadosamente uno de estos nidos. Consiste en un conducto cilindrico vertical que conduce a una primera cáma- ra de techo abovedado y de piso más o menos plano, situada a unos 5 centímetros de profundidad bajo el nivel del suelo. Esta cámara corresponde, según "Wheeler, en los Trachymyrimex estudiados por él, a la primera cámara construida por la reina fecunda al fundar el hormiguero, ensanchada subsiguiente por las obreras. Sigue luego el tubo vertical hasta una segunda cámara, más o me- nos esférica, de unos 4 a 5 centímetros de diámetro y situada a 10 ó 12 centímetros de profundidad. Una tercera cámara también esférica y algo mayor (de 5 a 6 centí- metros de diámetro) se hallaba a 30 centímetros de profundidad. 1 Gallardo, A., Fauna mirmeeológica de Tandil ,c distancia en distancia, generalmente en las depresiones de la honguera, se observan unas gotas de líquido, primero incoloras, que luego se tiñen de color amarillo café. Tienen el misino aspecto de las gotas fecales, según J. Euber, que pueden verse en las fotografías de su trabajo sobre la fundación del hormiguero de Atta sexdens (L.) '. Estas gotas lian sido también observadas por Wheeler en la hon- guera de Atta texana Buckley. Me inclino a creer que en su origen son gotas de agua condensada como rocío en la superficie de la honguera, a juzgar por su limpi- dez incolora y por su volumen relativamente considerable (mas o menos 1 milímetro de diámetro) para hormigas tan pequeñas. El co- lor de que se tifien más tarde es el mismo de los excrementos de las hormigas, que manchan de ese color el yeso en los sitios en que se detienen. Las numerosas hormigas que pasan largas horas sóbrela honguera. encorvan de tiempo en tiempo el abdomen, aplicándolo a la honguera, lo que interpreto como defecación. El procedimiento de abonar la honguera con sus excrementos no sería pues exclusivo de las reinas aisladas «pie fundan un nuevo hormiguero, observadas por Huber, sino un método general de cultivo. Los hongos que se des- arrollan en los excre utos de orugas serian así el origen de los cul- tivos de las Attinas, cuyas formas más atrasadas toman directamente estos excrementos de orugas y los abonan con los propios, mientras las especies mas evolucionadas desmenuzan con sus mandíbulas sub>- tancias vegetales para constituir el substractum de la honguera, que abonan con sus excrementos para cultivar el hongo originariamente coprófito. Los Trachymyrmex pruinosus (pie conservo en nido artificial conti- núan alimentando su honguera con ollejos de naranja que mastican cuidadosamente antes de incorporarlos al substractum. Con este nuevo material de construcción es mas delicada y mas pa- recida ala honguera de .1. l.iiiuU. No lie observado que los excre mentos de bicho de cesto requieran masticación de parte de las hor- migas, encontrando suficiente la disgregación del material por la masticación de la oruga y pasaje al través de su tubo digestivo. Además chupan con avidez azúcar húmeda y jugo de naranja. La 1 Huber, .1.. Ueber die Koloniengriindung beiAtta sexdens, en: /;;../. Centralblat. tomo XXV. páginas 606-619 : 625-635, 26 figuras. L905. GALLARDO : HORMIGA TRACHYMYRMEX PRÜINOSUS Emi.kv 247 hormiga negra (Acromyrmex Lun&i) es también muy afecta al azúcar húmeda y al jugo de naranja. Las Attinas no se alimentan pues ex- clusivamente de los gongilidios del hongo que cultivan, como afirman los autores. El hongo les suministra normalmente un alimento azu- carado, pero no desdeñan otros dulces que se les ofrezcan y los acep- tan, por el contrario, con avidez. Rechazan el limón, tanto para chu- par su jugo como para material de construcción de la honguera. He provocado la formación de honguera colgante en el nido artifi- cial introduciendo una ramita seca de Asparagus que simulaba bas- tante bien una raíz ramificada. Pronto la cubrieron las hormigas con honguera, dándole al principio el aspecto de una planta nevada (lám. VI. fig. 2). Luego al crecer la honguera tomó la forma que muestran fotografías de Wheeler. De manera que estas hormigas construyen las honguera colgante cuando encuentran un soporte adecuado y ya- cente cuando les falta de donde suspenderla. La cría introducida en el nido artificial era muy escasa : consistía en unas pocas larvas y dos ninfas de. obreras que fueron colocadas en las depresiones de la honguera. Una obrera hizo eclosión el 1 i de marzo, era al principio de color castaño claro y fué obscureciendo poco a poco. Habiendo introducido una mosca muerta en el nido artificial, incor- poraron sus alas a la honguera. Xi al excavar el nido natural ni en el artificial he notado que estas hormigas intenten atacar cuando son molestadas. Su defensa consiste en la fuga o si son tocadas en replegar las patas y antenas, encorvar el cuerpo y fingirse muertas. Habiendo sido abandonado el nido artificial cerca de un mes sin humedecerlo, las hormigas mordieron partículas de yeso húmedo to- madas en la boca del pozo de agua y las transportaron a la honguera para humedecerla. ('liando volvió a humedecerse normalmente el nido extrajeron to- das estas partículas de yeso así como los detritus de los excrementos de bicho de cesto ya agotados por el hongo y restablecieron la hon- guera, alimentándola, según ya hemos dicho con ollejos de naranja bien masticados. Doy, para terminar, descripciones y dibujos a la cámara clara de Zeiss (sombreados artísticamente por C Villalobos) de las tres castas, de las cuales sólo se conocían las obreras por la descripción de Emery que completo con nuevos datos, tomados de mis ejemplares. Agrego una traducción al francés de las descripciones por la esca- sa difusión del idioma castellano en los círculos científicos. 248 MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES TRACHYMYRMEX PRUINOSUS Emery lb05 Emery, Formiche rae dal Prof. Silvestri, etc., páginas 163-165, figura lt>. 9. llull. Soc. Knt. Italiana, tomo XXXVII. 1905. (Li'iin. VII, tig. 3) $ L. .">.r>-4 nuil. Castaño ferrugíneo obscuro, cabeza ygáster más obscuros, negruzcos. Mandíbulas, patas y extremidad del funículo rojizos. Cabeza, sin las mandíbulas, tan larga como ancha, más ancha atrás que adelante: borde occipital profundamente escotado en el medio; ángulos occipitales marcados pero redondeados; costados poco con- vexos, convergentes hacia adelante. Ojos convexos, algo adelante de la mitad de los costados de la cabeza. Mandíbulas lustrosas con siete u ocho dentículos negros. Borde anterior del clípeo ligeramente si- nuado. Área- frontal triangular, indistinta. Aristas frontales con gran des lóbulos anteriores, vagamente cuadrangulares, que recubren las inserciones antenales; divergen hacia atrás hacia los ángulos occipi- tales. Entre his aristas frontales y laterales existen profundas ranu- ras, donde se alojan parcialmente los eseapos antenales rugOSOS y tu- berculados. 101 funículo liso y pubescente. Los eseapos sobrepasan de un quinto de su largo los ángulos occipitales y llevan en su base, hacia adelante, un lóbulo tuberculado, menos marcado que en Aero- myrmex lobicomis Emery o en Trachymyrmex Iheringi (Emery). La superficie superior y anterior de la cabeza cubierta de tubércu- los y rugosidades que la hacen muy escabrosa y vagamente reticula- da por las crestas obtusas que ligan las bases de los tubérculos. Tórax, visto de arriba, unís angosto que la cabeza. El pronoto lie- xa lateralmente un par de espinas agudas, dirigidas hacia abajo, otro par lateral superior y un par medial de pequeñas tuberosidades tu berculadas. El niesonoto lleva superiormente dos pares de tubérculos obtusos. El tórax de perfil muestra una fuerte constricción niesoepinotal. La cara basal del epinoto un poco mas corta (pie la declive. El epinoto lleva un par de espinas fuertes, agudas, dirigidas hacia arriba, hacia atrás y hacia afuera. Hacia adelante de la base de las espinas epino- tales la cara basal del epinoto lleva de cada lado una cresta longi- tudinal crenulada con tubérculos. La cara dorsal del tórax escabrosa y tuberculada. El peciolo es redondeado hacia adelante y lleva superiormente ha- GALLARDO : HORMIGA TRACHYMYRMEX PRUINOSUS Emkry 249 cia atrás nu par de breves crestas, prolongadas en uno o dos dientes. El postpecíolo es de doble ancho que el pecíolo, tiene, visto de arrilia. un contorno vagamente pentagonal con los costados curvos y convexos hacia afuera; lleva una depresión dorsal mediana, bordea- da, de cada lado, de una cresta tuberculada. En los costados lleva también algunos tubérculos. El gáster presenta una ligera depresión dorsal, longitudinal, media- na y toda su cara superior lleva tubérculos vagamente dispuestos en filas longitudinales y ligados por rugosidades que hacen la superficie escabrosa y vagamente reticulada. Las patas tuberculadas hasta las tibias inclusive. Los tubérculos de la cabeza, del cuerpo y de los miembros llevan pelos ganchudos. Ademas una pilosidad crecía mas larga y más rala, abundante en el gáster y las tibias. Largas cerdas en el clípeo y las mandíbulas. Funículos ricamente pubescentes, sobre todo sus últi- mos artículos. Todo el cuerpo opaco, salvo las mandíbulas lustrosas, y cubierto de una pruinosidad que no deja ver bien la escultura tina. Numerosos ejemplares en la colección del museo, números 1 1.451' y 11.517, de Bella Vista (Buenos Aires), coleccionados por mí. (Lám. VIII, fig. 1) 9 (aun no descripta). L. 5 mm. La misma coloración de la obrera. Cabeza de frente parecida a la de la obrera: mandíbulas con diente apical muy fuerte y siete u ocho dentículos pequeños. Ojos algo mayores que en la obrera. El escapo alcanza el borde occipital. Tórax de arriba tan ancho como la cabeza. Pronoto con dos pares de cortas y gruesas espinas : un par lateral inferior y otro lateral su- perior. Escudo dorsalmente aplanado. Escudete con dos espinas y una depresión mediana posterior entre las espinas. Epinoto con dos espinas superiores fuertes y dos menores laterales. Por lo demás co- mo la obrera, con los tubérculos del tegumento menos marcados. Pilosidad parecida a la de la obrera, pero con menos pelos ganchu- dos y más pelos rectos. Alas ahumadas, amarillentas, pubescentes, con nervaduras y pte- rotigma castaño claro. Longitud del ala anterior 5,25 mm., número 11.517 de Bella Vista (Gallardo). (Lám. IX, fig. 5) cf (aun no descripto) L. 3,8-4 mm. Ferrugíneo casta- ño obscuro, mandíbulas pardo amarillento, funículos pardo amarillento claro, patas más rojizas, especialmente los tarsos ; estipas amarillas. Cabeza, sin las mandíbulas, más larga que ancha, tan ancha atrás como adelante, con los costados fuertemente convexos, de manera que el mayor ancho es a la altura de los ojos, situados poco adelante '-'.".II MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES de la mitad de los costados de la cabeza, borde occipital recto, no es entallo. Mandíbulas triangulares, con el diento apical agudo y dentículos muy pequeños. Borde anterior del clípeo escotado. Los lóbulos fron- tales pequeños no cubren completamente las inserciones antenales, las aristas frontales y laterales poco marcadas. Los ocelos colocados en una región sobreelevada. El escapo sobrepasa el borde occipital de un tercio de su largo. Tórax, visto de arriba, más ancho que la cabeza, con surcos de Mil) r y lincas parapsidales bien marcados, muy abovedado de perfil. Pronoto con un par de espinas laterales superiores, las laterales infe- riores representadas por tubérculos. Escudete muy abovedado, con dos dientes posteriores y una depresión entre ellos. Metanoto como un pequeño rodete. Epinoto con dos espinas muy pequeñas; cara basa! un poco mas corta que la declive. Pecíolo largo, sin dientes hacia arriba, postpecíolo doble ancho que el peciolo. Gáster globoso. Estipas digitiformes, amarillas, lustrosas. Volselas obscuras, mas delgadas. Opaco con las junturas brillantes, no tuberculado. Escultura muy fina punteado chagriné. Mandíbulas estriadas brillantes. Pilosidad erecta mas rala (pie en la hembra, con pocos pelos gan- chudos. Eseapos no tuberculados, con pubescencia adyacente, más abun- dante y clara en los funículos. Alas amarillentas ahumadas, con nervaduras castaño amarillento. finamente pubescentes. Longitud delala anterior: 4. Ti! mm., número 11.517 de Helia Vista (Gallardo). (Lám. VII, fig. 3) <£, 3.5-4 mm. Manon ferrugineux foncé, tete e( gaster plus oliscar, noirátres. Mandibules, pattes et extrémités du funicule rougeátres. Tete, sans les mandibules, aussi longue que large, plus Iarge en arriére qu'enavant; bord occipital profondéinent échanrré ¡m inilicii : anules occi- pitaux marqués mais arrondis; cotes peu convexes, convergente en avant. Ycux convexes. un peu en avanl «le la nioitic des cotes de la tete. Mandi- bules misantes avec 7 á 8 denticules noirs. Bord antérieur da clypéus légéremenl sinué. Aire frontalé triangulaire, indistincte. Aretes frontales avec des lobes autérieurs grands, vagnemenl quadrangulaires, recouvranl les ínsertions antennales; elles divergenl en arriére vers les angles occipitaux. Entre les aretes frontales et laterales il y a des profondes rainures, <>ii se logenl partiellement les scapes anten- GALLARDO : HORMIGA TKACHYM YRMEX PBUINOSUS Emebt 251 naux rugueux et tuberculés. Le funicule lisse et pubescent. Les scapes sur- passent d'un cinquiéme de leur longueur les angles occipitaux et portent a leur base, en avant, un lobe tuberculé, monis marqué que eelui á'Acromyr- mr.r lobieorivis Emery ou de Trachymyrmex Theringi (Emery). La surface antérieure et supérieure de la tete pourvue de tuberculés et rugosités la rendant tres raboteuse et vaguement réticulée par les crétes mousses unissant les liases des tuberculés. Thorax; vu d'en haut, moins large que la tete. Le pronotum porte laté- ralement uue paire d'épines aigués dirigées en lias, une autre paire latérale supérieure et une paire medíale de petites tubérosités tuberculées. Le me- souotum porte supérieurement deux paires de tuberculés emoussés. Le tho- rax de profll montre une forte constriction mesoépinotale. La face básale de l'épinotum un peu plus courteque la declive. L'épinotum porte une pai- re d'épines fortes aigués dirigées en liaut, en arriére et en dehors. En avant de la base des épines épinotales la face básale de l'épinotum porte de cha- qué cote uue créte longitudinale crénelée avec des tuberculés. La face dor- sale du thorax raboteuse et tuberculée. Le pétiole esl arrondi en avant et porte supérieurement en arriére une paire de petites crétes, prolongées en une ou deux dents. Le post pétiole est de largeur double de celle du pétiole, il a, vu d'en haut, un contour vaguement pentagonal, avec les coles courbes et convexes en dehors: il porte une dépression dorsale médiale, bordee, de chaqué co- te, d'uue créte tuberculée. Les cotes portent aussi quelques tuberculés. Le gaster présente une légére dépression dorsale, longitudinale. médiale et toute sa face dorsale porte des tuberculés vaguement disposés en ligues longitudinales irréguliéres, liées par des rugosités rendant la surface rabo- teuse et vaguement réticulée. Les paites tuberculées jusqu'aux tibias inclusivement. Les tuberculés de la tete, du corps et des membres portent des poils ero- dios. En plus une pilosité dressée plus longue et plus éparse, ahondante sur le gaster et les tibias. Des longs cils sur le clypéus et les mandibules. Funicules abondamment pubescents, surtout a leurs derniers articles. Tout le corps mat, sauf les mandibules luisantes, et couvert d'uue prui- nosité empéchant de bien voii la sculpture fine. De nombreux exemplaires á la collection du Muséum números 11.452 et 11.517 de Bella Vista (Prov. de Buenos Aires) collectionés par moi-méme. (Lám. VIII, flg. 4) 9 (P as encoré décrite) L. 5 mm. Méme coloration que l'ouvriére. Tete vue de face semblable á celle de l'ouvriére: mandibules avec la dent apicale tres forte et 7 á 8 dentículos petites. Yeux un peu plus grands que ceux de l'ouvriére. Le scape atteint le bord occipital. Thorax vu d'en haut aussi large que la tete. Pronotum avec deux paires de eourtes et grosses épines : une paire latérale supérieure. Mésonotum dorsalement aplati. Scutellum avec deux épines et uue dé- MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIKKS pression medíale postérieure entre les épines. Epinotum avec deux épines súpérieures fortes el deux laterales moindres. Dn reste comme l'ouvriére, avec les tubercules du tégumenl moins marqués. Pilosité semblable á celle de l'ouvriére mais avec moins de poils crochus «i jilus de poils droits. Ailesenfumées, jaun&tres, pubescentes, avec les reines e< le ptérostigme marrón clair. Longuenr de l'aile antérieme 5,25 mm. numero 11.517, Bella Vista (Gallardo). (Lám. IX. ftg. .j)